Confesión

116 1 0
                                        

-Te amaba - Susurre.
- ¿Que? - Lo vi tambalearse.
- Espera - Agarro mi mano, - Vamos a sentarnos, porque debo estar muy prendido - Me arrastro, para sentarnos en unas sillas de su cuarto.
- ¡Ok! Ahora tuve... -
- Te amo - Lo interrumpì. 
- Oh bueno, mejor dicho te amaba - El me miraba completamente incrédulo.
- Puedes dejar de mirarme así, me está incomodando - Lo mire, estaba tratando de buscar que decirme. Lo sabía no debí haber dicho nada, pero no, yo y mi gran boca.
- No puedo evitarlo - Se pasó la mano por el caballo. Eso lo hacía cuando no sabía que hacer, - Sabes no es fácil, no se si es que estoy muy borracho o... Simplemente no tengo idea - Mirandome sorprendido.
- Sabes que - Me levante, - ¡Olvidalo! Esto fue una locura - 
- Espera - Me retuvo, - Puede que sea una locura, pero caray. Quiero saber como paso - Lo observe. 

- Tenía el señor fruncido, su cabello castaño claro desarreglado. Sus ojos, oh esos ojos cafés, que muchas veces observé y me hacía suspirar, estaban con grandes ojeras; su piel siempre pálida estaba colarada por el sudor y el calor, sus labios estaban, bueno como sus labios. Su ropa estaba echa un caos, no sabía si la fiesta había sacado lo peor de el o el había sacado lo mejor de la fiesta. Pero a pesar de toda su caótica apariencia, lo encontraba guapo. Algo debe estar mal conmigo, eso es seguro.

- Ok, esta bien - Me senté, resignada.
- ¿Como empezó todo? - Pregunto, pero creo era más para el mismo que para mi, - Porque estas enamorada de mi y... -
- Estaba - Frunci el seño, - ¿Acaso me escuchaste adecuadamente? - 
- Si, bueno eso, estabas - Hizo una mueca, - ¿Feliz? -
- Eres un idiota - Ahora estaba irritandome.
- Sabes esta es la parte que me insultas menos y me cuentas más - 
- Era una niña estupida, con ilusiones estupidas y que vivía en mundo de unicornios de mierda - Escupi prácticamente cada palabra, estaba molesta. Yo aquí trantando de abrirle mi corazón prácticamente y el con sus idioteces.
- Vaya, pero que sultil eres - 
- Disculpa pero la sutileza no funciona con idiotas - Replique.
- Vale, esta bien. Me lo merezco - Hizo un gesto de indiferencia, - Se que me estoy comportando como idiota, pero dame crédito, estoy tomado, casi viendo estrellitas y sorprendido - 
- Cariño, no me exigas tanto - Cruzo lo brazo, - Es más, estoy bastante sorprendido de ser capaz de formar oraciones coherentes - Sonrió con humor.

- El estaba hecho un caos, pero a pesar de eso, se inclinó en la silla, trandando de poner la típica pose de chico malo, con lo brazos cruzados y una bobalicona sonrisa. Se veía tan gracioso, listo eso era todo. No podía creer lo rápido que podía hacerme sonreír, ese era chico que me gustaba, ojo gustaba, tiempo pasado.

- Si bueno, creo que me excedi - El hizo gesto de indiferencia. 
- ¿Que fui para ti? - Pregunto curioso.
- Mi primera ilusión, mi primer amor. Ese que a pesar del tiempo siempre lo recordare con cariño, ese tipo de amor que solo se vive una vez, porque era tierno y completamente inocente  - Lo vi, mirarme completamente concentrado en lo que decía y se sentía bien, al fin decirlo y a la vez incomodo y con mucha vergüenza - Y bueno, todas esas cursisladas de la cuales, lo chicos huyen -  Termine.
- Pues... vaya - Murmuro. 
- Si  - Genial, en el cuarto se extendió un minuto de silencio incómodo, en cuál sólo me miraba.
- Nunca espero eso, es tan... guao - 
- Aja - Me sentía estúpidamente nerviosa por su mirada.
- Creo que debería irme - Susurre.
- No - Me agarro la mano - No te vayas - Susurro y mierda, senti que mi corazón se me iba a salir, debió de asustarme, si era eso.
- Me siento hasta sobrio, no puedes irte siemplente así - Me apretó la mano juguetonamente, sonriendome. Ok, corazón calmate, no estas en un maratón. Estas una bendita silla, hablando con un individuo.
- Además, quiero que me cuentes más - 
- Vale - Acepte, - ¿Que quieres saber? -
- ¿Alguna vez lloraste por mi? - Apretó mi mano, ya se me olvidaba que todavía me la tenía agarrada.
- Si, mmm... bueno - Esto era incómodo.
- ¿En serio? - Fruncio el seño.
- Si - El me miraba, como si estuviera tratando de descifrarme.
- ¿Por que?  Se que es una pregunta estúpida, pero se que te gustaba, pero no entiendo cuáles factores - 
- Facil, la edad - Me encongi.
- ¿Sólo eso? - Me alzó una ceja.
- Tu eras mayor que yo, tu estabas entrando en la adolescencia y yo era una niña. Tu eres muy popular - Lo señale, el hizo gesto de sorpresa, - Me sentía impotente, no sabía que hacer, sabes. Era horrible, no entendía muy bien lo que sentía, me sentia patética, cuando estabas con otras chicas me sentía vacía. Esos eran demasiados sentimientos para una niña que no entendía todavía que era el amor y me sentía tan impotente, que no podía evitar llorar y era tan desgarrante que... - Deje de hablar mi voz, estaba temblando.

- No podía creer que todavía me afectara tanto. Era tan doloroso incluso ahora, verme a misma de niña llorando en el baño para que nadie supiera, lavarme la cara y luego salir para fingir que todo esta bien, no es fácil. Sentí su mano, apartando la lágrimas que empezaban de caer.


- Parace que todavía puedo llorando por ti - Trate de bromear pero mis lágrimas y su cara de preocupación no ayudaban. 
- Lo siento - Tomó mi cara en su manos, su cara tenía una expresión triste, - Lo siento - Se oía tan triste.
- tranqui... - 
- Shuu... No digas nada - Me abrazo.
- Fui muy ignorante, ojala hubiera sabido - 
- Yo no te dije nada, como ibas a saber - Todavia seguía llorando como una estupida, yo pensaba que lo había superado.
- Igual, no me hace feliz que llores por mi -  Me estrecho, más en su pecho.
- Sabes me alegro, que el chico del cual me enamoré seas tu - Me acurruque en su pecho.
- Entonces soy un idiota con suerte - Lo sentí reírse.

- Se sentía bien, se sentía benditamente genial estar así. Esto parece una locura, siento que despertare en cualquier momento.

- ¿Y hasta cuando estaremos así? - Pregunte alzando mi cara para verlo. El bajo la cara lo suficiente, para preocuparme por el espacio personal.
- No se - Susurro, - Pero en este momentos, lo último que pensaría es en soltarte - Se acerco y me deposito un beso en la frente.
- Vamos, dejate consentir - Murmuro cerca de mi oído. Y mentira si no dijera que esto se sentía estúpidamente genial. Cerre mi ojos y deje de preocuparme de todo.

ConfesiónWhere stories live. Discover now