Y en cada uno de sus pétalos había tanta imperfección, eran disparejos, algunos con faltantes, pero en ellos estaba la belleza inmersa, su color amarillo era tan puro como el agua cristalina, su tallo fuerte como el roble, y su centro tan profundo como el océano, el sol la hacia brillar como una estrella, y sus raíces era lo mas interesante: estaban muy arraigadas, no había viento que la pudiese arrancar, ni pisadas que impidieran que se volviese a levantar; inspiraba a otras de su misma especie a luchar, bien hacia honor a su color y llenaba de esperanza a quien la conocía con solo un mirar.
Las hojas que la adornaban eran como una falda de seda que permitían valorar su belleza, todo encajaba muy bien en ella, tenía muy claro cual era su función en esta vida...
