Mírame, estoy hecho un desastre, le imploro al mar, él me responde en cada
oleaje, quisiera estar más cerca de ella, aunque tú no seas su ambiente cada
vez que vengo oigo su voz, cuál sirena hipnotiza mis recuerdos teniendo mi
corazón en un vaivén de contracciones que producen un sudor helado en mi
espalda, que cuando llega la brisa se transforma en un cable a tierra que me
hace reaccionar, tú no estás, no estás aquí, pero quisiera que así fuera, todos
los días me atormenta de estar en este exilio voluntario, un exilio que me
alejó de lo que más amaba, un exilio que me alejó de ti.
Maldigo todos los días con un espacio libre para tu alma en mi casa, también
maldigo todas las noches con tu espacio vacío en la cama, quisiera poder
estar junto ti, sólo un segundo, explorarte, sentir ese aroma cálido
embriagarme al respirarte, fundirme en tu pecho en un abrazo eterno, a
veces cuando te tenía en frente, sentía que podía quedarme horas y horas
mirando esos hermosos ojos café, o acariciando ese pelo que no sé qué es lo
que tiene que lo hace tan perfecto, tan brillante, tan especial al tacto.
Sé que fui un tonto, que fui terco, que no debí emprender rumbo solo, quise
viajar y encerrarme en una isla a cientos de kilómetros de ti, aun sabiendo de
que mi destino era estar ahí contigo, o más bien, donde fuera, pero contigo,
cualquier lugar sería el mejor del mundo contigo a mi lado, a veces, el orgullo
y el enojo nos dejan ciegos, y actuamos por los efectos de una ira
momentánea y descontrolada, cuanto me arrepiento, siento que odio esta
isla, es como un purgatorio, me siento muerto en vida deambulando en ella,
Quiero abrir los ojos un día, verte a mi lado, que tomes de mi mano y nos
vayamos caminando, porque nuestro destino es en todas partes, juntos.
