Era agosto, mis primeros días en la secundaria había comenzado y los profesores ya nos habían dejado suficiente tarea para el fin de semana completo, y ahí estaba yo a última hora del domingo tratando de sacarle dinero a mi madre para comprar pegamento y terminar un cartel de la escuela.
-Mamá, de seguro Doña Estela tiene pegamento que me pueda vender a esta hora, solo dame 10 pesos he iré a comprarlo.
-Kay ya te dije que no tengo cambio para darte, espera hasta mañana.
-No mamá, no puedo esperar porque mañana estudiare el tema que tengo que exponer. - realmente me siento frustrada, lo único que me falta para terminar la dichosa tarea es pegar unas cuantas imágenes en un cartel, pero no puedo hacer eso si no tengo pegamento. - ¿de cuánto es el billete que tienes que cambiar?
-De cien pesos. - su cara realmente era de fastidio, pero la mía era de desesperación.
-Solo dámelo mamá, veré si tiene cambio sino tiene le llevare el dinero mañana por la mañana. ¿si?
Realmente no me hizo una buena cara, pero termino dándome el dinero, así que salí de la casa apresuradamente para comprar el dichoso pegamento. La casa de Doña Estela no estaba lejos, tan solo tenía que darle la vuelta a la calle para llegar a su casa, solo eso tenía que hacer, pero como siempre, algo me tiene que complicar la existencia.
Estaba a punto de llegar a la esquina de la casa de Doña Estela cuando yo, tan torpe como siempre tire el dinero al suelo. Me acerqué para recogerlo, pero alguien lo recogió antes y cuando pude darme cuenta de quien se trataba, no pude evitar poner mi peor cara he inmediatamente tomar una postura defensiva.
-Dámelo. – le dije lo más calmada que pude, pero lo más amenazante también.
-¿Por qué lo haría? – me contesto burlón con una sonrisa de lado viendo el dinero como algo con más valor que eso.
No me asustaba, pero no sabía con certeza lo que esa sonrisa significaba.
-Porque no es tuyo – respondí. Realmente estaba terminando con mi paciencia.
-Sí lo es – dijo con seguridad. Me miró de pies a cabeza y se detuvo en mis ojos. - Lo acabo de encontrar tirado en el suelo, parece que hoy es mi día de suerte ¿no lo crees Kay? – su sonrisa se hizo más grande y los ojos le brillaron bajo el faro que alumbraba la calle en la noche.
-No lo creo – dije indiferente. – Ese dinero es mío, tu viste cuando se me calló, Matt. Devuélvemelo por favor tengo prisa. – dije fastidiada.
-Está bien, te lo devolveré.
Camino hacia mí sonriente y estiró su mano mostrándome el billete. Di un paso hacia él decidida a terminar con esto de una vez y justo cuando iba a tomar el dinero Matt retiro su mano rápidamente.
-Te lo daré solo si me das un beso.
-Ja ¿qué? No. – dije.
Sinceramente su comentario me hizo mucha gracia, porque creí que estaba de broma, pero cuando su sonrisa se hizo más grande y se encogió de hombros realmente me asustó y me di cuenta de que no estaba jugando.
-Bien, entonces ya no me hagas perder el tiempo. –
Al decir eso, Matt me dio la espalda y comenzó a irse.
-¡Hey, no espera! – Caminé rápido y me puse frente a él tapándole el paso. - ¿Qué demonios te sucede? Dame el dinero, Matt. –
-Ya te dije que si me das un beso te lo regreso. Así de sencillo Kay. - dijo muy sonriente el cínico ese.
-No quiero.
-Entonces no te lo doy.
Sabía que tramaba algo el muy maldito, pero eso no. Matt era guapo no debía negarlo, pero tampoco debía negar que era un grandísimo patán. Era uno o dos años mayor que yo, cabello castaño y ondulado, ojos cafés no muy alto, pero si más que yo. Fama de ser un Don Juan sin oficio ni beneficio, un estafador, justo como lo estaba siendo.
Tenía dos opciones; una: era dejar que se fuera con el dinero, enfrentar a mi madre diciendo que lo había perdido aceptando con eso un castigo y quedarme sin tarea para mañana; o la otra era darle mi primer beso, recuperar el dinero y hacer lo que debí hacer desde un principio. Estaba enojada por no saber qué hacer, respiraba con dificultad y quería llorar para desahogar mi desesperación.
Deje de pensar cuando Matt se acercó un poco más y me dio la vuelta, me gire para verlo alejarse con el dinero en la mano, pero él solo había avanzado un par de pasos cuando se detuvo y giró un poco para mirarme. Me sentí tan patética por no poder hacer nada contra él.
-Matt, dámelo por favor.
Mi tono ya no era desafiante ni enojado, sino que era cansado y resignado, casi como una súplica. Me miró unos segundos, se rio por lo bajo y me lo ofreció de nuevo estirando su mano.
-Tómalo. - dijo en tono de burla.
No sabía que rayos hacer, no confiaba en él, pero algo tenía que hacer. Así que di un paso hacia él y tomé la mitad del billete que salía libre de su mano, lo sujetaba con la fuerza suficiente para que yo no se lo pudiera quitar a menos que él lo quisiera. Cuando le di un pequeño tirón para quitárselo de la mano, dio el último paso que nos separaba. Entré en pánico y me quedé inmóvil respirando con dificultad mirándolo a la cara. Faltaban menos de 10 centímetros para que sus labios tocaran los míos, me arme de valor y tire de nuevo del billete y al ver que sus labios se curvaban en una maligna sonrisa respiré profundo y me besó.
No supe que hacer y no puse resistencia porque temía que las cosas se pusieran violentas, solo me quedé quieta y trataba de copiar sus movimientos con los labios. Cuando volví a tirar del billete se apartó bruscamente, me lo arrebato de la mano y sonrió triunfante.
-No besas tan mal. – se burló.
-Maldita sea Matt, ya dame el dinero.
Dio dos pasos hacia atrás y su expresión cambio de burla a desprecio. Me miro de nuevo de pies a cabeza y tiro el dinero al suelo.
-Gracias por el beso Kay – dijo con amargura – Me encantó.
Se dio la vuelta y desapareció en la oscuridad de la calle. Me quedé quieta por unos segundos para después acercarme a recoger el dinero, al hacerlo, me sentí tan enojada, frustrada e impotente por no haber hecho algo para evitar esa situación. Me trague todo lo que estaba sintiendo en ese momento he hice lo que tenía que hacer, compré el pegamento, regresé a mi casa y entré directo al baño poniéndole seguro a la puerta. Me senté en el suelo en silencio y lloré lo que tenía que llorar, el enojo y toda emoción que pudiera haberme causado ese idiota.
BẠN ĐANG ĐỌC
Kay: Vida Dramática
Lãng mạnVida dramática Comenzaría diciendo que mi vida ha sido dramática desde que nací, pero no. Yo creo que como la mayoría de las niñas de mi edad era muy tranquila. Me iba bien en la escuela y mis padres siempre me enseñaron a respetar y todas esas cosa...
