El cuento “El invitado de Drácula” de Bram Stoker (1914) nos invita a repensar la muerte. A lo largo de este texto vamos a intentar establecer relaciones con distintas miradas, tanto filosóficas como sociológicas, para entender un poco más la idea deque tenemos sobre la muerte.
En el relato de Stoker conocemos la historia de Jonathan Harker que es uno de los protagonistas principales en el relato de horror, su viaje a Transilvania y su posterior encuentro con el Conde Drácula y sus hijas en el Castillo Drácula es lo que sostiene el cuento.
Drácula y la muerte van de la mano ya que el conde, conocido por todos los amantes del terror, logra pasar por sobre la muerte, y esto genera en todo humano no solo interés sino desasosiego.
Desde que nacemos tenemos asegurada la muerte pues esto se debe al hecho de estar vivos y que al estarlo entramos en el ciclo de la vida, el cual es que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Todos les tememos a la muerte por el hecho de ser algo desconocido, ¿pero qué tan cierta es la muerte? ¿Qué significado tiene nuestra existencia? ¿podemos llevar una vida tranquila teniendo asegurada la muerte? ¿Estamos preparados para la muerte?
La ficción le da lugar a seres fantásticos que –como ya mencionamos- atraviesan la muerte como los vampiros, los fantasmas, o incluso, los zombis, ¿por qué nos atraen tanto estas ficciones?, ¿será una manera de vencer a la muerte?
No solo la ficción, con sus personajes fantásticos, nos habla de vencer a la muerte. Muchas religiones y corrientes filosóficas también refieren a la muerte como un pasaje que el alma transita sin dificultad.
Según la filosofía de Platón existe algo denominado dualismo que sostiene que la realidad, el conocimiento y la naturaleza humana están compuestos por dos elementos básicos pero diferenciados o bien entregados en una unidad superior, existen tres tipos de dualismo:
-la ontología -la epistemología-antropología
“[…] Según el dualismo ontológico platónico, la realidad se halla dividida en dos niveles; en filosofía denominamos a estos mundos, respectivamente, mundo sensible y mundo inteligible.
Dualismo antropológico platónico
Según este pensamiento, el ser humano es un compuesto de cuerpo y alma, el cuerpo es una realidad inferior, detestable, una cárcel para el alma a la que condiciona con sus deseos, apetitos y pasiones. El alma es la parte superior y excelsa, y para que alcance el auténtico conocimiento, debe liberarse de las cadenas del cuerpo.” (autor, año)
¿Entonces es posible que estemos viviendo una realidad paralela y que nuestras almas sean superiores a la vida? La respuesta puede ser positiva debido a que según Platón vivimos en un mundo sensible donde no se puede acceder con el uso de los sentidos, sino que se llega a él gracias al uso de la parte más excelente del alma, que para Platón es la razón. El Mundo Inteligible es la auténtica realidad, tiene para este autor un carácter religioso y consecuencias en el campo de la epistemología, la ética y la política. Y en un mundo sensible que es el conjunto de todo aquello que se muestra a los sentidos, fundamentalmente las cosas físicas.
Las características de este mundo son su carácter temporal, espacial, cambiante y corruptible. Nuestro cuerpo se incluye en el Mundo Sensible. Del Mundo Sensible no cabe la ciencia sino la mera opinión. En el mito de la caverna, la metáfora del Mundo Sensible es el mundo del interior de la caverna. Las cosas del Mundo Sensible tienen ser en la medida en que participan o imitan del mundo eterno de las Ideas. Este Mundo ha sido "fabricado" (que no creado) por el Demiurgo a partir de la modificación y transformación que ejerce sobre la materia informe tomando como modelo el Mundo Inteligible.
El mito de la caverna
Cuenta el mito, que dos hombres fueron encadenados desde niños para vivir en el fondo de una cueva dando sus espaldas a la entrada. Atados de cara a la pared, su visión era muy limitada y sólo podían ver en la pared el reflejo de modelos, estatuas de animales y objetos que pasaban delante de una hoguera. Un día, con la ayuda de un hombre, uno de ellos pudo salir de la cueva, y al estar fuera, la luz del día lo deslumbraba. Tanto fue la luz que lo cegó de dolor, que esperó a la noche para poder irse ya que era mejor la luz de la luna. Conforme pasaron los días, pudo acostumbrarse a la luz del sol, luego, se dio cuenta que vivió toda su vida engañado con las imágenes de aquella cueva que lo tenía prisionero. Él decide regresar para contar sobre las cosas que había visto y que le esperan a su compañero en el mundo exterior, sin embargo, tras contarle la historia el otro lo toma por loco y se resigna a creer en aquella realidad. El aventurero resignado, acepta que aquella realidad no es posible, y ambos nuevamente se centran en creer en la realidad de las sombras que se reflejan en el fondo de la caverna.
Platón hace una metáfora sobre cómo la humanidad, las personas, nosotros, en definitiva, nos hallamos ante una situación de engaño. Dice en el relato que estamos encadenados de pies y manos, con el cuello mirando hacia unas sombras proyectadas por el fuego y emitidas por unas figuras que pasean unos hombres, desde que éramos niños. Todos estos esclavos creen estar viendo la realidad pues no han visto nada más en sus vidas, pero no saben que solo son sombras. Entonces llega alguien que les saca de su engaño desencadenándoles, rompiendo sus esquemas, molestándoles enormemente y causándoles un gran dolor. Es entonces, y solo entonces, cuando el esclavo ve las figuras que proyectaban las sombras que antes él veía y se da cuenta que esas sombras no eran la realidad pensando ahora que las figuras son la realidad y reconociendo que ha estado engañado todo ese tiempo. Cuando sale de la caverna y ve la luz del sol le cuesta acostumbrarse, pero poco a poco empieza por ver las sombras y los reflejos y luego las figuras que los proyectan y se da cuenta entonces que las figuras de la caverna tampoco eran reales sino representaciones de la realidad. Se encuentra ahora en una situación de desengaño y descubrimiento, una sed de sabiduría le corre por dentro. Pero no satisfecho, el esclavo ahora querrá ir a desengañar a los otros esclavos que se encuentran encadenados en la caverna, los cuales no creerán lo que dice, ni les agradará que les intente desencadenar forzosamente pues ellos están muy cómodos en esa situación y no quieren que cambie.
Entonces, si acordamos con Platón, no deberíamos temerle a la muerte. Pero veamos otra perspectiva…
SOCIOLOGÍA DE LA MUERTE
En cuanto fin de la manifestación vital de una persona, la muerte no es solo un problema médico, sino también un concepto relacionado con aspectos sociales y culturales graves. Las expectativas de vida, las causas de la muerte, la situación social y las circunstancias del fallecimiento, la interpretación ideológica de la muerte, los ritos funerarios y las formas de entierro y, sobre todo, la posibilidad de utilizar psicológicamente el hecho de la muerte, considerándola como un supuesto modelo de sentido y de relaciones sociales, son en su conjunto fenómenos y circunstancias que se configuran de muy diversas formas desde el punto de vista histórico y sociocultural. En las sociedades complejas, a estos fenómenos se les debe añadir determinadas variaciones sociales y regionales específicas. La superación sociocultural y psicológica de la muerte depende de las creencias religiosas, del sistema de valores, del nivel de bienestar y de la estructura de la sociedad.
Las orientaciones religiosas trascendentes, la creencia en otra vida después de la muerte, una fuerte integración de las personas en la comunidad y determinados rituales facilitaban, en las antiguas sociedades de la escasez, la superación de la muerte. Por otro lado, el miedo a las sanciones en el más allá tuvo una gran importancia para asegurar un tipo de conducta en las acciones del más acá. Muchas personas se temían una muerte inesperada, porque una muerte de este tipo no deja tiempo para prepararse.
En el transcurso del proceso de racionalización, secularización e individualización de la sociedad occidental moderna, la muerte ha experimentado una pérdida de sentido y, a la vez, una pérdida de realidad. En el marco de una sociedad dinámica, orientada a la vida terrena, que se caracteriza por el individualismo, las actividades, las relaciones familiares afectivas más estrechas, el hedonismo y el bienestar material, la muerte de uno mismo y de los socialmente próximos a nosotros se ha visto desplazada, de forma absurda, de la conciencia (se ha convertido en un tabú). Ha desaparecido en gran parte de la cultura occidental la creencia en otra vida después de la muerte. A ésta se la mira, en todo caso, desde un punto de vista personal distanciado y como elemento dramático o sentimental para entretenimiento en los medios de comunicación, sobre todo el cine y la televisión. La muerte real es un problema médico-técnico que ocurre en los hospitales, que funcionan de forma afectivamente neutral. El alargamiento de la vida, gracias a las técnicas médicas, representa frecuentemente un alargamiento de la muerte. La aplicación de estos cuidados asistenciales con mínima presencia humana lleva a menudo a una muerte social anterior a la muerte física. Después de una vida larga, sin achaques, muchas personas desean una muerte rápida (muerte decidida por uno mismo, muerte humana, ayuda para morir, eutanasia). El acompañamiento para la muerte no puede hacerse solo con especialistas; sus deberes consisten sobre todo en dar apoyo a los individuos afectados y al personal clínico en su trato con la muerte. Este conjunto de problemas es objeto, cada vez más, de investigaciones y discusiones públicas. La creciente influencia del conocimiento biológico en las orientaciones ideológicas facilita la aceptación de la muerte como elemento indisociable de la vida, la existencia o el paso del tiempo. Sin embargo, considerando el aumento de la esperanza de vida en la sociedad moderna, la muerte, sobre todo de personas jóvenes, es vista de forma trágica.
Ahora bien, retomemos, después de haber leído el cuento pienso, ¿existirán los vampiros? Posiblemente, pues después de lo visto, según varios autores, es posible traspasar la muerte, claro que ninguno habla de seres fantásticos. Por ejemplo, Platón plantea que el cuerpo se haya en un realidad inferior a la del alma, esta puede transcender, ¿no es acaso lo que hace Drácula?
Esto es muy parecido a lo que sucede en alguna religión, que según dice las personas buenas van al cielo y las que no, van al infierno. Pero tal parece hay algo más allá de cielo o infierno, porque, ¿a dónde van los vampiros? ¿Son solo seres fantásticos e imaginarios personajes de ficción? ¿Puede haber una realidad paralela donde la muerte no exista?
