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"Cerbero guardaba la puerta del reino de Hades, el inframundo, y aseguraba que los muertos no salieran y que los vivos no pudieran entrar."

(...)

Ahí me encontraba nuevamente como cada fin de semana, en ese lugar que albergaba tantas almas en tormento. Estaba segura que ahí dentro podrías encontrar todo tipo de almas; almas desoladas, almas engañadas, almas infieles, almas rotas, almas solitarias...como la mía.

Estaba sentada en la barra de piernas cruzadas disfrutando del whisky a las rocas, esperando que algún desgraciado se acercara a mí intentando conseguir algo, yo también estaba ahí para conseguir algo pero con el hombre que yo eligiera.

La noche hacía de mi una mujer fría y sensual, me susurraba en el oído tentándome a ponerme uno de esos vestidos cortos y pegados al cuerpo que escondía muy bien en mi armario. ¿Quién iba a pensar que la chica de camisetas de bandas y pantalones negros sería la misma que podrían encontrar llamando la atención de los hombres en vestidos cortos?

El infierno, así se llamaba el bar donde me encontraba, donde asistía cada vez que tenía ganas de tener sexo o simplemente beber.

Con la mirada fija en ciertos puntos para encontrar a una próxima presa, alguien me sacó de mis pensamientos.

-No debería una chica tan guapa deambular por estos lados con ese tipo de vestimenta, este lugar está lleno de demonios y pobres diablos.

Me giré para mirar al dueño de esa voz.

Me encontré con un hombre alto, con un cuerpo muy bien trabajo, el cabello negro y desordenado que le daba un toque sexy y rudo, unos labios rojos y carnosos adornados por un piercing que es encontraba un poco más abajo de ellos. Me sonreía malicioso. Mire sus ojos que estaban mirando directo a los míos y encontré dos brillantes ojos azules clarísimos.

-¿Y tú, cuál de los dos eres? -Le sonreí de la misma forma de la que él a mí.

-Demonio, pobre diablo nunca. -Tomó mi vaso sin permiso y se bebió de un trago el líquido.- ¿Cómo te llamas, hermosa?

-Megan. -Mentí, nunca decía mi nombre real en ese lugar.- ¿Y el tuyo?

-Un placer, Megan. -Tomó mi mano y la llevo a sus labios, depositando un beso en ella y también una carga eléctrica en mi cuerpo. Sonrío.- Me llamo James, pero puedes llamarme Jimmy o también puedes gritarlo. -Habló en doble sentido.-

Le sonreí, nunca me dejaba intimidar por un hombre cuando me encontraba siendo Megan pero sí cuando era Alice, mi yo real. Megan, era mi álter ego. Ambas teníamos personalidades muy distintas.

En un abrir y cerrar de ojos, James estaba bebiendo un shot de un líquido negro muy espeso. Se lo bebió todo de un trago.

-Te vi bailando hace un rato, Megan. -Tenía razón, estuve bailando, mi mejor arma para conseguir lo que quería.- ¿Estás sola?

-Sí, pero no te vi antes.

-Vengo aquí siempre que puedo con mis amigos, ellos están allá. -Señaló con su dedo hacía un lugar de oscuro y privado del bar, donde pude ver a cuatro chicos sentados en unos sillones con mujeres en sus piernas.- ¿Quieres acompañarnos?

Inframundo. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora