Gotera

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Tres puertas se abrieron; todo el operativo había fracasado.

El establecimiento estaba diseñado para no fallar, con un sistema de máxima seguridad que ni los mismos directivos, infectados también por el virus computarizado, podían forzar.

Eran 150 pisos reforzados con tres capas de grafeno, el metal más fuerte existente en la actualidad (año 3057), con 100 habitaciones cada piso, minimalistas e idénticas. Cada una de estas completamente sellada: sin acceso al exterior o a las estructuras interiores del edificio. 400 pasillos iguales, grises y vacíos, igual de impenetrables.

Una gotera sobre un cable: todo lo que se necesitaba para echarlo a perder.

En sus respectivas habitaciones, los tres sujetos, absortos en aquel canal repetitivo del televisor, escucharon el sonido metálico de las puertas al abrirse y dirigieron sus miradas hacia ellas con desconcierto; aquel cuarto era lo único que conocían, lo habían aceptado como la única realidad.

Dos de los sujetos se levantaron cuidadosamente, con algo de miedo, de ese sofá en el que siempre habían estado. Pero el tercero no; él comprendía lo que estaba pasando y lo que aquello significaba, ya que nunca había olvidado por qué estaban ahí.

Sonó la alarma.

Por mas desconcertados (o no) que estuvieran, sabían que era malo: comenzaron a correr por los infinitos pasillos que no llevaban a ningún lado.

Los sujetos W36 y A51 vagaban atontados sin saber qué hacer, pensando en cómo todo aquello era posible. No tardaron en entrar en pánico.

El tercero, Marco, quien no había olvidado su nombre, tarde o temprano encontró a W36 y A51; estaban escapando al igual que él y los asesinarían si no los ayudaba. Tenían que escapar. Afortunadamente, él conocía una planta fuera de servicio y sin vigilancia, así que los guió hasta allí.

Una vez tranquilos, Marcos comenzó a explicar:
"Yo era parte de este operativo, todo comenzó como un proyecto de experimentación con tecnologías avanzadas, pero poco a poco fue tomando más autonomía hasta terminar por controlarnos. Murió gente, y nos obligó a encerrar a los humanos sobrevivientes borrandoles la memoria para que no interfieran en nuestros planes.
Tenía un amigo, Cristian, él violó una de las normas más importantes al liberar a su amada de una de las habitaciones e intentar devolverle la memoria. Me inculpó, y como castigo, fui encarcelado en uno de esos cuartos por el resto de la eternidad."

Un guardia entró, con los dedos ansiosos por presionar el gatillo del arma que portaba, pero entonces, vio una cara familiar y Marcos lo reconoció: era Cristian. Arrepentido, este los ayudó a escapar "no va a gustarles lo que verán al salir de aquí", les había advertido. Aún así, se las ingeniaron para llegar a las entradas principales.
Pero no iba a ser tan fácil; no tenían como forzar la entrada, por suerte, Cristian recordó que tenían un misil para tirar abajo la gran entrada de hierro y grafeno en caso de emergencia .

Funcionó, el misil destrozó la compuerta, habían matado a Cristian intentando escapar, y los guardias se aproximaban hacia ellos; si los encontraban, los asesinarían por descubrir la verdad. Esta era su única oportunidad.

Lo habían conseguido; escaparon de esa locura de la que habían formado parte por tanto tiempo.

Pero no fue lo que esperaban: al salir se encontraron con un mundo desolador, vacío, apocalíptico. 

No valía la pena. No podían sobrevivir. 

Encontraron a la muerte como su mejor opción. 

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