Prólogo
En los tiempos que corren del más alto secretismo entre las grandes naciones del mundo, ¿quién podría ni imaginar lo que países como Estados Unidos son capaces de desarrollar?
La tecnología ha avanzado escandalosamente en los últimos tiempos, y aún continúa haciendolo, el problema radica en que el noventa por ciento de la humanidad no conoce hasta donde llega tal avance. Solo los grandes líderes mundiales, los grandes presidentes, ministros, cancilleres, etc... conocen y tienen acceso a los secretos más ocultos jamás desarrollados por el hombre.
Pero una sola nación, con unos pocos de conocedores de estos secretos, no pueden realizar nada por sí solas. Necesitan recursos y ayuda, una ayuda que les puede salir cara. Se ven en la obligación de recurrir a países donde es más difícil ocultar y contener estos secretos debido a su estado no tan avanzado. Pero no les queda otra, y estos países altamente desarrollados se ven obligados a recurrir a terceros, desconociendo por completo las terribles consecuencias de ello...
Y, después de todo, no se le puede hacer conocedor ni portador de estos secretos a un país que puede poner en peligro ese misterio. Por esto mismo, la humanidad finalmente se hizo conocedora de uno de los secretos más antiguos y mayor guardados del gobierno de los Estados Unidos de América, un secreto que aterraría a los que estuvieran en su sano juicio, y que pondría en duda el futuro de la humanidad por su mal uso.
Las mentiras se acaban descubriendo, al igual que los secretos... y este no pudo contenerse mucho más tiempo. La ley marcial debía activarse de inmediato. Decretos de Estado totalmente secretos debían darse a la luz y aplicarse para la seguridad nacional y mundial. El protocolo de contención 26 debía ejecutarse sin demora.
