Peeta sabía que estaba en un enorme aprieto.
Vio a la mujer sentada frente a él, su piel aceitunada brillaba con los últimos rayos de la tarde, sus ojos color tormenta le taladraban el alma, su cabello que parecía indomable hace unos momentos cae suelto sobre sus hombros, no era una mujer grande, comparada con él, era de complexión ejercitada, llevaba unos vaqueros azules algo gastados y una camiseta blanca que le hacía justicia a sus generosas curvas, era sumamente atractiva a la vista. —Es bueno saber que despertaste—dijo, llevando la taza humeante de líquido marrón a sus labios— ¿Café?—
Pregunto estirando su taza hacia él, Peeta dudo un momento pero acepto inmediatamente al sentir su garganta seca y adolorida, sabia que no habían drogas en el líquido, ya que ella tomó de el, el agarre de sus manos era inestable, ya sea por el cansancio o el miedo que le daba la situación, la mujer puso sus manos sobre las suyas para darle un agarre más estable, era extrañamente cálida , comparada a los vientos que los azotaban en invierno—Gracias— susurro débilmente algo sonrojado por la acción, devolviéndole la taza.
Katniss pudo oler el pánico en el humano frente a ella, su dulce olor se hacía más fuerte, joder de verdad que olía bien—¿Y bien?—insistio amable.
Sus ojos azules la miraron con miedo, decidiendo si estaba bien contarle o no, nada de lo que había pasado podía ser real, debieron darle algún narcótico alucinógeno, parpadeó un par de veces con la esperanza de que hoy solo era un mal sueño, pero ella seguía ahí, ambos en esa cabaña a mitad del bosque, la cabeza aún le dolía del golpe, la castaña no tenía pruebas en su cuerpo de alguna lucha de carnes y dientes, ni siquiera un rasguño, suspiro pesado, ella le había salvado la vida, no le haría daño— Está mañana....—
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Su auto rasguño con las llantas el pavimento viejo y gris de la pequeña gasolinera, era un modelo pequeño, en el que apenas cabía un hombre divorciado como él, aún a su corta edad de veintiocho años, ya había padecido de un mal matrimonio; se bajó del móvil para llenar su tanque de gasolina, la estación estaba vacía y desolada, había una máquina que recibía los pagos y soltaba las grandes mangueras de color negro, Peeta deslizó su tarjeta de crédito, para luego tomar su ración de vida para el motor, en su distracción, aprecio el frío viento de las afueras de la ciudad mientras su auto se alimentaba de la gasolina, hoy era la boda de su hermano Thom, que era tres años mayor que él, al fin había dejado de huir de las responsabilidades y encontró a su alma gemela, la cual esperaba un hijo. El rubio se permitió sonreír ante el pensamiento, deseaba lo mejor para ambos, un auto se estacionó tras el suyo esperando su turno, Peeta lo miro sin mucha curiosidad, la camioneta roja estaba muy desgastada, por el exceso de uso, sus años de utilidad habían pasado hace mucho tiempo, dos mujeres estaban dentro mirándolo fijamente, el muchacho termino e hizo una señal al conductor para amablemente concederle su turno.
Colocó la tapa al tanque cuando unos brazos lo alzaron con sorprendente fuerza lejos del piso, sus brazos eran encarcelados por otros que lo amarraban desde su espalda, luchó contra su atacante, él no era alguien que secuestraban con facilidad, era alto, metro ochenta, hombros anchos y complexión musculosa de la cual a veces se sentía orgulloso. Pero su atacante no dio tregua, y no logro moverlo ni un poco, fue arrastrado hasta la camioneta roja de hace unos momentos en la cual lo esperaba una gran jaula para animales, fue arrojado dentro con la misma fuerza con la que fue capturado, adentro todo era oscuro, la situación no prometía nada más que dolor y muerte, la claustrofobia lo cejo, golpeó fuertemente la jaula pero esta no sonaba ni cedía, trato de recordar el rostro de su captor , detalles que lo ayudarían a identificarlo con la policía¡Demonios ni siquiera lo había visto!, Aunque su auto había quedado en la gasolinera, alguien lo encontraria y empezarían a buscar desde ahí, pensó con experanza renovada.
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Criaturas Sobrenaturales| PK +18
RomanceADAPTACIÓN -AU Los gatos nunca habían asustado a Peeta hasta que se topó con sus verdugos.
