Capítulo 1

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Gruñó al oír cómo el tarro de helado, que había permanecido toda la madrugada amenazante en la orilla de la cama, terminaba por caer, estrellándose estrepitosamente contra el suelo. El trepidar de su celular sonando una vez más se volvía irritante. ¿Cuántas veces lo debía escuchar sonar? Ocultó su cabeza bajo las numerosas mantas que la calentaban y, antes de perder la paciencia, estiró su mano, buscando a tientas sobre su mesa de noche. En cuanto lo encontró, sin siquiera ver de quién se trataba, contestó:

—Si está ofreciendo una promoción telefónica, está perdiendo su tiempo —los evidenciables rastros de trasnoche en su voz eran inevitables.

Un suspiro flotó del otro lado, extendiendo su densidad. Era muy fácil reconocer a la persona aun sin escuchar nada más, por lo que aguardó en silencio.

—Y está bastante claro que lo último que has estado haciendo es escribir, ¿me equivoco? —dijo una femenina voz con cierto pesar—. Sayen, ¿cuándo piensas enviarme el manuscrito? Estamos a solo semanas del plazo de entrega y todavía no hemos podido revisar el material.

Poco a poco fue descubriendo su cabeza castaña como si aquella mujer se encontrara en la misma habitación. Necesitaba que algo de sangre fluyera. A pesar de su clara pregunta, procesarlo era dificultoso. Se sentó de golpe y observó, horrorizada, el suelo manchado con restos del helado de frutilla derretido.

—¿Por qué tan desconfiada? Justo estoy trabajando en eso — mintió. Lo único presente ahora era arreglar ese desastre, no obstante, su arruinada coordinación hizo que terminara mojándose el pie—. Mierda.

—¿Qué pasó? ¿qué hiciste? —aquella voz comenzaba a alterarse—. ¿De verdad estás escribiendo?, porque supuse que estarías durmiendo.

—¿Yo? Por favor, tú sabes bien que soy madrugadora. Es más, qué bueno que llames tan temprano.

Hubo un pausado silencio.

—Sayen, ya es la una de la tarde.

¿Qué? ¿cómo podía ser tan tarde? Alejó un segundo su celular para confirmar lo que ella decía, y era cierto. Su día estaba más pronto de finalizar que de empezar. Sintió todo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros y una clara decepción recorriéndola, aunque ese ya era un sentimiento que se encontraba arraigado en ella. Y que la obligaba a rendirse antes de intentarlo.

—¿Estás ahí? ¿Sayen? ¿me escuchas?

—S-sí... Sí, te escucho.

—¿Enserio? Me tienes preocupada. ¿Sabes lo que puede pasar si no volvemos a cumplir con el plazo de la editorial?

Claro que lo sabía. Su carrera, que había sido relativamente olvidada por ella misma, terminaría por irse al carajo. Todo lo que construyó con sueños e insomnios desaparecería y solo ella tendría la culpa.

—Solo quiero que te des cuenta y te esfuerces. ¿Necesitas que me pase a tu apartamento luego del trabajo?

—¡No!... No, no es necesario.

A medida que avanzaba hacia la cocina, podía observar el gran desastre que era todo. Costras de polvo se adherían sobre los muebles de la sala y el piso estaba tan opaco que dudaba ya que fuera madera. Se apoyó en el borde del lavaplatos, donde permanecían varias tazas sucias.

—Tranquila, te enviaré algo en la noche, de verdad he estado escribiendo.

—¿Podrías decirme cuánto has escrito? Antes de acabar otra vez con un pre-infarto.

—Natalie, yo...

—La verdad, Sayen.

Sus labios se fruncieron por los nervios, realmente no había hecho nada nuevo desde hacía días, incluso eso tampoco era gran cosa. Pero no podía mentirle más, se daría cuenta. Su voz alcanzó varios tonos bajo lo normal.

Enséñame a vivirHikayelerin yaşadığı yer. Şimdi keşfedin