Aquella noche de invierno el sonido de las balas dejo de retumbar en el campo. El color escarlata de la sangre adornaba los antiguos frentes de batalla y los cuerpos caídos sobre pilas de paz y quietud se reunían nuevamente con la tierra. Las armas, inventos triviales pero útiles, descansaban en el dorso de cientos de hombres, con las manos destrozadas o agujeros en el estómago. Las vísceras estaban desperdigadas en diferentes zonas, desde trincheras hasta refugios de madera ardiendo con violencia, calcinando los huesos de sus huéspedes, creando una nieve grisácea y oscura que decoraba los árboles.
Bestias. Todos ellos luchando tanto por la vida que recurren a terminar con otra. Sus manos no dudaron ni un momento, ni uno solo, el arrebatar la vida fue tan sencillo para cada uno como ondear con fuerza sus espadas, como el presionar los gatillos de esas fauces de pólvora. Yo he sido testigo de esta y más atrocidades, de los actos más crueles que me hacen dudar sobre lo que vigilo.
Yo soy aquello que ronda en momentos de desesperación, en momentos críticos donde la moral y lo correcto no existe. ¿Habría cambiado un poco el no asesinarlo? ¿Habría sido diferente el luchar por lo mismo? ¿Quiénes son aquellos que decimos victoriosos en este mundo? Mi labor fue otorgada hace mucho tiempo... Y cumplirla nunca fue tan sencillo.
Antes esperaba eternos momentos, aquellos donde disfrutaba su agonía. Me alimentaba de su dolor, de su miedo, de aquella fobia a lo desconocido llamada "otra vida". Los veía a los ojos cuando reposaba su cuerpo sobre su sangre. Tomaba sus manos en cada momento y los cargaba entre los brazos hasta aquel bello, placido y calmado lugar que llamo hogar. Cada rostro, cada herida, cada historia, todos y cada uno de ellos llegaron a mi reino para decorar esos lechos sin dueño.
Déjalos reposar sobre los ríos del destino y entonces florecerán cientos de voces. Era aquella filosofía que mantenía mi labor como un arte. Traerlos enteros era complaciente, su cuerpo, su anatomía, la obra de la naturaleza frente a alguien que existe en un mundo tan injusto. Regalos que llegan al mundo, que puedo arrebatar en cuanto estos empiezan a existir, pero que no puedo llevarme hasta que el momento llega. Sin embargo, cuando sucedía, el dolor, ese bello y deleitable sufrimiento adoraba saborearlo. Cosechas de alimento que mantenía en reserva para momentos especiales.
Luego llegaron aquellas variables que hacían de mi trabajo todavía más... Disfrutable.
Enfermedades, muertes provocadas por disputas, accidentes, el orden natural. Mi colección era más y más grande, mi hogar estaba repleto de una galería completa dedicada a estas criaturas... Pero perdían su belleza conforme el tiempo pasaba. Ahora solo eran viles sacos de sangre con cortes ligeros, con agujeros tan grandes en su cuerpo llenos de metralla y pólvora que no se podía distinguir el bello rojizo de la sangre. Sin embargo, en esta época, empezaba a apreciar los regalos que me dejaban.
Cientos y cientos de ellos reposaban en esos lechos blanquecinos que se tornaban espesos. Ahora tenía una galería tan grotesca que me apetecía salir más y más, rondar entre ellos, escucharlos, olerlos, sentirlos tan cercas de mis manos... Pero no debía violar mi tratado. Su destino llegaba eventualmente. Pero estaba harto. Estaba harto de mantener mi palabra a los muertos, a los olvidados, a seres cuyo tiempo había llegado y finalmente era yo lo único que quedaba en estas tierras miserables y sin salvación.
Los escuchaba, pidiendo clemencia, rogando salvación, todos con el afán de ir al lugar más sagrado que tenían en sus mentes y plegarias, todas llegando a oídos inexistentes, temiendo a sitios fantasiosos e inauditos, a sabiendas de que lo único real que existe soy yo y mi hogar.
Esa noche, entre festejos, bebida y canticos, decidí escapar un momento solo para saber que era aquello por lo que arriesgaban sus propias existencias. Solamente escuchaba charlas absurdas. "Volveré a ver a mi familia en navidad", "Esa sirvienta inútil. La despediré cuando regrese...", "Solo espero que el general nos recompense con aquello que habíamos pedido para conmemorar esta batalla..."; todos vestidos en trajes que reflejaban el estatus impuesto por estos dichosos "ejecitos".
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The Black Veil of Love
FantasíaNo comprendía el significado de la vida antes de ella. Creí toda mi existencia, que mi trabajo solo constaba en traer a las creaciones de mi ser contrario. Vida y Muerte, solo eso... Pero, ¿Había algo más que solo eso? Lo comprobé. Ella me hizo darm...
