Reencarnación

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La oscuridad le daba cierto conforta al lugar donde ella pasaba la mayor parte del día, al principio fue agotador, pero ya se había acostumbrado a todo esto: Una taza de café por la mañana, un sándwich y varios cigarros a medio día en plena tarde, caído el anochecer, y por la madrugada.

―¿Aasia? Ya conseguí las partes que me pediste.

Escuchó la puerta de la entrada cerrarse. Ella brincó de su asiento y recorrió los blanquecinos pasillos de su casa hasta que llegó a una pequeña sala que contrastaba con su habitación, no parecía tan muerta, pero parecía estancada en el tiempo, limpia, pero era como si ella hubiera perdido el interés en renovarla desde había años. Ahí estaba su mejor amigo de facultad, Sacando cajas y más cajas de una enorme caja.

―¿Por qué armarlo? Pudiste haber comprado uno ya ensamblado. ―Preguntó el hombre.

―Tienes la libertad de modificar el rostro de uno por ensamblar. Le da un toque personal.

―Ya veo, entonces, ¿Ya tienes pensado cuál será el rostro del tuyo?

―Sí, hace siglos no tengo uno a mi lado, así que quiero que sea especial.

―¡Con razón u oficina está para llorar! Nah, no es cierto ¡Ya pesas te en un nombre?

Aasia sonrió, ampliamente asintiendo con la cabeza.

―¿Entonces, cuál es?

―Abhiraj.

―Muy al estilo de tu familia.

La mujer se dedicó a programar la apariencia de cada cuerpo del androide mientras su amigo le ayudaba a ensamblarlo.

―Bueno, la parte entretenida, esta es la cabeza. ―el joven le puso una caja entre las manos.

―Gracias ―ella desempabó la cabeza y revisó la nuca, intentando ver con los dedos milímetro a milímetro, algo que era vital para ella. Lo encontró. Un botón oculto bajo la piel, sintética, hacía un pequeño click al ser palpado, la piel se abrió y expulsando un disco duro muy pequeño, parecido a una placa de titanio. Sacó uno idéntico del bolsillo de su bata blanca para ponerlo en lugar del nuevo. Aasia comenzó a recordar a Abhiraj, y se sumergió en aquellos recuerdos mientras conectaba la cabeza de androide a su tableta y configuraba los rasgos faciales:

―Siempre y cuando el otro lado llegue a su destino, nuestro pequeño bebé podrá abrir su boca después de tanto tiempo. ―Comentaba Abhiraj, un viejo amigo de la familia de Aasia.

―¿Bebé?

―Sí, es un bebé. Mario salió corriendo aquella noche porque recibió la noticia de que estabas a punto de nacer, me dejó a cargo y el micro sol estalló exitosamente, justo unos momentos antes de recibir la llamada de parte de él informándome que todo había salido bien.

―Bueno, no es un bebé si ya tiene mi edad.

―Uno nunca sabe cuánto puede vivir uno como él.

―¿Y por qué hablas de esto como si fuera un niño?

El androide se encogí se brazos y sonrió con una sola comisura de su boca.

―¿Tiene nombre? ―la joven preguntó.

―¿Nombre?

―Si, nombre.

―Oh, sí, él es el sujeto 31963-3

―Eso no es un nombre, es como si me llamaran por mi número de matrícula en la universidad. Por qué no le pones algo más fácil, algo más pegajoso y que suene más pro...

ReencarnaciónWhere stories live. Discover now