La mesa del laboratorio había explotado y no había sido culpa mía; pero ¿quién había sido la persona que, de forma intrépida, le pegó un empujón a su compañero para que no la palmara? Exacto, yo. ¿Y quién estaba en frente del despacho del director para "hablar de lo ocurrido"? Por alguna razón, también yo.
¿Moraleja? Esto es lo que pasa cuando eres buena persona.
Me acomodé en el asiento de piel azul que se encontraba en una de las zonas de secretaría y saqué mi móvil. La nueva temporada de The walking dead acababa de salir, y twitter me pedía a gritos que lo abriera para que pudiera hacerme spoilers a gusto. Pero yo era más fuerte que eso... ¿Verdad? Justo cuando estaba a punto de abrir la aplicación y como si se tratase de una señal divina, el ficus salió del despacho y me dijo que entrara.
La profesora de biología, más conocida por todos como ficus o señora ficus, era una mujer que aparentaba unos 90 años y que parecía ser la hija ilegítima de Izma y el mismísimo demonio. Algunas veces, estaba justo detrás de ti cuando la criticabas o hablabas de forma "inapropiada para un chico de nuestra edad". Ya llevaba una carrera de 7 expulsados este año. Por suerte, a veces se quedaba dormida en las clases, por lo que no teníamos que preocuparnos demasiado de escuchar su voz chirriante y aguda cada vez que alguien se levantaba a sacarle punta al lápiz sin su permiso. Era prácticamente una tirana; tenía hasta el bigote.
- Señorita Rosario, haga el favor de pasar- Señorita Rosario. Como si me hubieran pegado una patada en el estómago, me acerqué a la puerta y me apoyé en el marco de esta, mirando con recelo el interior de la sala. - Es para hoy, niña- Dijo, con un tono para nada agradable. Os juro que esta mujer es insoportable. ¿cómo no la había palmado todavía? Algunos estábamos empezando a pensar que era inmortal o que había vendido su alma a cambio de poder torturar a los pobres chicos que les tocara como alumnos con tal de desahogarse de su amargura personal.
- Rosario, esto no es ningún castigo, solo queremos charlar acerca de lo que pasó en biología- Intervino el director. Vale, ya lo pillo. Vamos a jugar al poli bueno/poli malo, ¿no? Que divertido. Tirando mi mochila al lado de la silla, me dejé caer sobre ella mientras el ficus cerraba la puerta de un portazo.
- Y bien Rosario, ¿puedes explicarnos que ha pasado ?- Cuando esta mujer intentaba actuar de forma amable daba aún más miedo. Era algo antinatural y ella misma lo sabía. Con un carraspeo, se sentó sobre la mesa del director, como si aún se considerase una jovenzuela y me miro por encima del hombro. Le devolví la mirada, tenía que salir de ahí cuanto antes; esta charlita de mierda podía esperar, el nuevo episodio de the walking dead no.
- A ver, es muy sencillo. - Comencé a decir- Yo estaba con mi compañero de mesa...- De repente, me detuve. ¿Cómo se llamaba este chico? Mierda, había estado medio año con él en clase, ¿En serio no me acordaba? - En fin, da igual, usted debe saber de quién hablo. – Le dije al ficus, que asintió. Seguro que no tenía ni idea. No la culpo, con casi 150 alumnos como para acordarse de algún nombre. - En fin, por alguna razón, tenía un par de tubos con algún tipo de líquido dentro y me dijo "¿A que molaría un huevo mezclar estas dos cosas para ver que pasa?" y claro, yo, por pura curiosidad científica le conteste que sí, cuando-
- Espera, espera- Me interrumpió el director. – ¿En serio le dijiste que sí?
- Los chicos de ahora son cada vez más estúpidos- Añadió el ficus. La miré con asco; quizás el hecho de que no nos comunicáramos mediante alaridos y tirándonos piedras no le resultaba familiar. Justo cuando estaba a punto de seguir con la historia, un chico entró por la puerta del director, jadeando y claramente alarmado.
- Don José María, ¡un chico de 2 de bachillerato le está pegando a uno de 4 de la ESO en frente del pabellón! He intentado separarles, pero al mayor se le ha ido la cabeza por completo y no hay manera de hacerle entrar en razón. – Ambos profesores se levantaron casi al unísono y de manera inmediata se dirigieron a detener el conflicto.
- Rosario, puedes marcharte, ya hablaremos de este incidente en otro momento. – Aliviada, suspiré y miré al chico, que comenzó a colocarse la camiseta mientras se limpiaba el sudor. Al notar mi mirada, me guiñó un ojo.
- ¿Llego tarde?
¡Y así comienzan las aventuras de nuestra queridísima Rosario Fulgencia! Si este capítulo os ha sabido a poco, intentaré subir uno nuevo cada lunes, no os preocupeis 😉. Ah, e intentaré no morir con mis finales, que por ahora tengo muchos planes y cosas pensadas para la borde de Rosa.
¡Hasta pronto!
YOU ARE READING
(A)típico
RomanceRosario Fulgencia Guadalupe López Rodriguez (y no, sus padres no la odian) detesta su nombre. ¿Que por qué? Porque le recuerda a la protagonista de una telenovela de las malas que ve su madre todas las tardes. Por alguna razón, su nombre atrae más d...
