Atrapada entre las paredes de mi corazón, una parte de mi desistió al intento de seguir caminando, se perdió en algún lugar de mi subconsciente, como si eso, realmente fuera una escapatoria. Ahogada en días de lluvias torrenciales, con mis ojos entristecidos puestos en un futuro, tan negro como mi propio alma. He vagado durante días, días que no recuerdo en lo absoluto, pequeños destellos de luz incandescente rodeaban mi cuerpo, mi alma, se arrastraba, ante una tortuosa realidad, que hundía mi vida en un abismo, que solo se hacía más profundo con el pesar del tiempo sobre el mismo. Cuando miraba, con libertad y deseo, un cielo azul, que ahora luce desteñido, cuando anhelaba la apagada luz grisácea, sombrías ráfagas de aire helado, alas blancas alzándose ante mi.
He luchado, juro que he intentado no rendirme, luche y luche, durante años, me esforce, escape de las garras de la muerte, de un final prematuro que yo misma me quise imponer cientos de veces, intente recuperar los filamentos de mi ser, volver a ser lo que algún día fui, salir de aquel oscuro lugar para abrazar a la vida y decirle entre lágrimas de felicidad, cuento la he echado de menos, pero los días han pasado y siempre que rozaba el borde, a punto de salir, cuando sentía la felicidad deslizarse por mis dedos, cuando pensé que podría aferrarme a ella, me empujó, me hundió de nuevo en aquel horrible lugar y sigo atrapada aquí.
El pasar del tiempo ha dejado agujero y vacíos irreparables, roces en el alma, grietas en el corazón, horribles lagunas de decepciones en mis ojos, ha sido una vida corta, pero tan devastadora que a ratos me pregunto, si realmente ha sido un castigo o una bendición, quizás, el menosprecio de mis problemas podría haber sido una ruta de escape, quizás el huir, quizas el escapar, quizás el esconderme, pero ¿Qué podría haber hecho yo? Si jamás hubo nadie a quien pudiera darle una parte de mi sin que lo destrozara dolorosamente al pasar por encima de mi como si no valiera nada, ¿cuanta desdicha puede haber en el corazón de una persona? Los moratones emocionales se quedan, persisten, no sé marchan nunca, las heridas pueden volver a sangrar incluso despues de años de haber cido cerradas, cicatrizadas.
Duele, existir, respirar, vivir, duele, arranca las partes de mi que se esfuerzan por no romperse más, pero es tan difícil, he perdido la esperanza en un futuro Mejor, en un amanecer claro y soleado, sin aquellas tormentosas nubes devastadoras que arrasan cada rastro de plenitud al echo de estar respirando, porque mi corazón está vacío, mi mundo está roto, se destruye, se cae, se agrieta, se corrompe, estoy asustada, desorientada, las sacudidas de esta vida han sido tan mezquinas, egoístas e injustas que no estoy preparada para ponerme en pie otra vez, deja que el dolor pase, deja que el tiempo cumpla su promesa de repararlo todo, deja de las horas consuman tus miedos y te hagan volar, pero por favor, te suplico entre llantos y gritos, que me dejes morir primero, deja que el tiempo haga mella en mi cuando ya no tenga la necesidad de seguir sufriendo, déjame estar entera y no destrozada.
Jamás había quemado mis retinas de una forma tan dolorosa, lágrimas de sangre y ácido se están apoderado de mi, con el vaivén de las abrumadoras olas, siento que mi pulso se relaja y finalmente, he dejado de respirar, finalmente he encontrado una salvación, Dios, jamás volveré a creer en tus ángeles disfrazados, las ruinas de mi subconsciente son suficientes para descomponer la cordura de cualquier persona que no haya visto, que no haya mirado jamás, los ojos de la tristeza.
Después de danzar entre los escabrosos intentos de hacer latir mi corazón, he descubierto que llevo muerta desde el día en que nací, y que jamás estaré mínimamente cerca de estar viva, puede que confuendiera eras sensaciones pasajeras con algún tipo de esperanza, pero el tiempo ha dejado en claro que frente a las adversidades de un corazón frágil, lo único que puede hacer, es romperse, y esperar a que lo reconstruyan. He querido escupir a la cara tantas veces a mi suerte, reirme de forma irónica frente a ella, y maldecir su nombre hasta que el mundo confunda mis latidos con el apocalipsis. Y ahora ¿será suficiente? Una vida desgastada, desperdiciada, en llantos inútiles, es una persona inútil, en un corazón inútil, ha sido siempre así ¿alguna vez supe lo que era la felicidad o simplemente eran sueños frustrados que intentaba materializar como realidades?
Ojala alguien hubiera estado allí la primera vez que mi mundo colapsó, quizás ahora entendería la crueldad que puede haber las pupilas de una persona que te jura amor toda la vida, era divertido, la sátira con la que el destino se reía de mi, y aunque intente devolverle la sonrisa, sólo conseguía seguir llorando, era divertido, la cruel carcajadas que soltaba el universo cuando veía que volvía a caer, cuando veían que me aferraba a mi propia autodestrucción, cuando confundía aquellas drogas baratas con la felicidad, juro, que era tan divertido escuchar sus penetrantes risas retumbar en mi cabeza, después de todas las peleas que tuve, cuando me desangraba en el ring y lo único que escuchaba eran abucheos, nadie aplaudía si volvía a levantarme.
Y después de todas las heridas que nunca terminaron de sanarce, he decidió acabar con el combate, no será una campeona, no saldré victoriosa de esta pelea, igual que de las otras y por supuesto, tampoco saldré viva, me he cansado de buscar razones para seguir.
Ha llegado el momento de que mi alma sucumba, ha llegado el momento de dejar de ser la marioneta pisoteada de la suerte, ha llegado el momento de levantar la cabeza y reír por última vez, con amargura, dolor y tristeza, me ahogaré en lágrimas, en llantos agrios, convertiré mi ser en un último suspiro, seré el final de todas las heridas.
Me despediré de este mundo, convirtiéndome en un último aliento, y entre gritos silenciosos y penas dolorosas, podré dejar que el tiempo, lleve mi corazón en su último latido, rumbo a la felicidad.
-Maki-
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The Writings Of Souls
PoetryPoemas escritos por un alma tan frágil como el cristal.
