Mi primer caso

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Ajusto mi corbata, nervioso. Estoy sudando. Justo en frente de nosotros esta el Juez. Tiene sus manos apoyadas en sus labios mientras analiza todo lo que ha informado el bando opuesto. Solo tengo un propósito aquí. Proteger la inocencia de mi cliente, Peter Anderson. Este es mi primer caso. Mi primera experiencia en una corte como abogado... Me sudan las manos y me veo obligado a secármelas en mi traje mientras el Juez voltea, lentamente, su vista hacia mí.

    –¿Qué tiene que decir la defensa? –pregunta el Juez al tiempo en que sus ojos penetran mi compostura.
    –¡Culpable! –Grito, sin pensar. Peter Anderson me mira al instante sobresaltado. El Juez esta tan confundido como la audiencia, la cual no deja de murmurar. Los susurros se tornan en gritos de euforia. Todos están consternados... Mierda...
    –¡Silencio! –Grita el Juez mientras no despega sus ojos de mí. Me mira como diciendo: "¿Qué carajos acabas de decir"?

    Luego de que todos se callen por el repentino grito del Juez, él vuelve a dirigirse a mí:
    –¿Qué fue lo que dijo, Señor Jensen?

    Mis manos tiemblan. ¡Rayos! Se suponía que protegería a Peter Anderson, no que lo acusaría. "Piensa Steven, Piensa", me dije a mí mismo. ¿Qué debía hacer? Rápido recordé las palabras de mi instructora.

    Él último día de mis clases para ser abogado, la instructora se acercó a mí.
    –Es normal que te pongas nervioso la primera vez. Pero escucha... Mi secreto es... –Miró en ambas direcciones para asegurarse de que nadie nos pudiera escuchar. –Mantenerte firme en todo momento. Nunca te contradigas. Eso es lo más importante. Y segundo, inventa cosas que se vean creíbles. Fusiona eso con la seguridad y ganarás cualquier caso. –Concluyó mientras me guiñaba un ojo.

    –¿Steven Jensen, podría repetir lo que dijo? –Insiste el Juez de forma tan desesperada que me despierta del recuerdo.

    Ya sé lo que debo hacer... Trago saliva, ajusto nuevamente mi corbata, pero esta vez con seguridad.
    –Su señoría, –comienzo a hablar de forma fluida –como bien ya mencioné, mi cliente, Peter Anderson, es totalmente culpable.
    –¿Qué te pasa, chaval? –Se incorpora mi cliente agitado. –¡Vaya defensa que eres!

    El Juez le hace un gesto para que vuelva a sentarse, sin dejar de clavar sus sorprendidos ojos en mí. Peter Anderson se disculpa y se sienta.

    Primer paso, nunca contradecirse. Perfecto. Soy un genio.

    –¿Con qué certeza lo afirma? –pregunta el Juez, aún trastornado de que yo inculpe a mi propio cliente.

    –El 25 de abril del año corriente, fecha en la que se encontró el cadáver del marido de la Señora Steele, quien acusa a mi cliente, Peter Anderson fue el individuo que utilizó esa arma –señalé la pistola encerrada en una bolsa de plástico, de evidencia, que estaba en la mesa del bando opuesto. –Para asesinar al marido de la Señora Steele. Exactamente a las 10:59 de la noche, en el estacionamiento de la residencia se la Señora Steele.

    –Ese día yo estaba en el bar bebiendo. –Se incorpora Peter Anderson a defenderse.
    –¿Como está tan...
    –¿Cómo está tan seguro? –grito, interrumpiendo al abogado de la Señorita Steele. –¿En qué bar se encontraba con exactitud? –le pregunto mientras me acerco a su rostro.
    –Pues... –titubea. –En el Drunk to Live.
    –Pero...
    –¡Ajá! –vuelvo a interrumpir al abogado de la Señorita Steele. –Primer error, caballero. ¿Me está hablando de ese bar que fue cerrado el 22 de abril del año corriente a las horas mil seiscientas, exactamente tres días antes de la fecha del asesinato?

    Que bien se me da inventar datos. ¡Segundo paso conseguido al nivel máximo!
¡Seré el mejor abogado del mundo!
    –¿Lo cerraron? –pregunta mi cliente mientras cambia de color.

    El abogado de la Señorita Steele se incorpora de súbito y cuando va a hablar.
    –¡Allí está! –lo interrumpo nuevamente.
    –¡Al comino con esto! –grita mientras se sienta nuevamente y golpea su mesa, ya rendido ante la idea de proteger a la Señorita Steele.

    –Su Señoría, –le hablo al juez al tiempo en que agarro a Peter Anderson por la oreja. –Mi cliente es un busca-problemas. Solo quería follarse a la Señora Steele pero no podía porque ella nunca se despegaba de su marido.

    Peter Anderson me empuja con fuerzas para que deje de agarrarlo de la oreja.
    –¡No se resista! –le grito mientras le doy una bofetada. Le dejo el canto rojo.
    –¡¿Qué demonios te pasa, pendejo?! –me grita mi cliente.

    –¡Silencio! –se incorpora el Juez. –Trescientos dólares de multa al joven Peter Anderson por utilizar un vocabulario inapropiado.
    –¡Su Señoría! –protesta mi cliente.
    –Doscientos dólares más de multa por protestar contra una orden del Jurado –añade el Juez.

    Peter Anderson se encoge en su asiento mientras me clava una mirada de odio. Yo solo sonrío. Soy increíble.

    –Prosiga, Señor Jensen –me ordena el Juez al tiempo que hace un gesto con la mano.
    –Por supuesto, –le sonrío a la audiencia para demostrar mi seguridad y firmeza. –No hay duda de que Peter Anderson fue el que realizó el brutal asesinato para poder ser la segunda persona en penetrar sexualmente a la Señora Steele.

    –Eso es mentira –dice el abogado de la Señora Steele levantando la mano. –Yo fue el segundo.

    De súbito la Señora Steele golpea a su abogado.
    –No me culpen, los abogados están caros hoy día... tenía que arreglármelas. –Se excusa.

    –Ay, virgen... –susurra el Juez sorprendido. Luego, respira hondo y se dirige al acusado. –Peter Anderson, ¿qué tiene que decir a su defensa?

    Mi cliente no contesta. Sino que se queda petrificado en su asiento con la vista agachada. Se le nota irritado. Furioso también.

    –Peter Anderson –Repite el Juez. –Peter. ¡Peter!
    –¡Ya! ¡Yo lo maté! ¡¿Y?! Solo quería follarme a esta mujer que está buenísima. ¿Qué culpa tengo? –grita mientras se levanta de su asiento. Toda la audiencia queda boquiabierta. Nadie puede creer lo que sucede. –Y tú maldito –le dice Peter Anderson al abogado de la Señora Steele. –¡Te voy a clavar una puta bala en el cráneo a ti también! Esta mujer será toda mía.

    Peter Anderson corre hacia la bolsa de plástico que contiene la pistola de la escena del crimen. El abogado comienza a correr por todo el salón. Dos guardias de seguridad saltan sobre el psicópata Peter Anderson antes de que este asesine a alguien más.

    –Joder... Que complicado es ser jurado. –Murmura el Juez mientras se seca el sudor de la frente con una toalla. –No hay duda que el Señor Jensen tiene toda la razón y el culpable es Peter Anderson. Pena de muerte para el acusado.

    –Su señoría –le susurra su secretaria –la pena de muerte es ilegal...
    –Ah, verdad... Que aburrido es este país. –Comenta el Juez. –En fin, doscientos años de cárcel para el individuo Peter Anderson. Doy por concluida esta sesión. He dicho, ¡caso cerrado!

    ¡Sin duda soy el mejor abogado del mundo!

    ¡Seré famosísimo!

    ¡Seré millonario!

    Cuando estoy saliendo de la corte me encuentro con el abogado de la Señora Steele.
    –¡Señor Jensen, usted es el mejor! Gracias a usted me gané un dineral, más pude follarme a la Señora Steele sin tener que hacer nada. ¡Gracias!
    –De nada –le guiño un ojo. –Esfuérzate y tal vez un día logres ser como yo.
    –Pues delo por hecho. Nunca me esforzaré.
    –¿Qué?

Fin

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⏰ Last updated: Apr 14, 2018 ⏰

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