Era sin duda alguna algo extraño o estúpido si uno se pone a pensarlo.
Su vida se había reducido a nada todo por un simple e insignificante pedazo de madera, el cual, había caído de un alto edificio en construcción e ido a parar por obra del destino al parabrisas del auto de una señora que en medio del susto piso el acelerador y termino subiéndose a la banqueta, banqueta en la cual él iba caminando y llorando por una tontería ahora que lo piensa, si tan solo hubiera escuchado los gritos para que se quitara del camino tal vez estaría vivo, herido gravemente pero vivo.
" Aquí yace Enrique
Patética vida y estúpida muerte"
Ese seria su epitafio, sin duda quienes vayan al cementerio reirán sobre su tumba una y otra vez. Ya se imaginaba a los jóvenes rebeldes cruzando el cementerio en una tarde llevando sus golosinas y cervezas dispuestos a brindar hasta que no puedan pararse y riendo como tontos diciendo "por lo menos no soy el idiota del hoyo".
¡Mierda! Si por lo menos hubiera logrado perder la virginidad con Sonia su demente y nada femenina ex, Enrique podría haber dicho que vivió su vida a mas no poder. Maldita la hora en la cual decidió mejor ser el invisible y bien portado hijo de familia, ese del cual presumen por ser el mejor hijo pero que es ignorado a la menor oportunidad por ellos, como le hubiera gustado tener una mejor vida llena de aventuras, de esas en las que puedes incluso presumir de una borrachera y resaca, de esas en las que tuviste la oportunidad de besar y tener un rollo de una tarde o noche, ahora muerto pensaba en las oportunidades que desperdicio al no intentar conocer nuevos lugares y personas, ir con sus amigos a algún sitio y al final terminar en otro Estado con una simple mochila al hombro y su billetera. ¡Diablos! ¿Por que siempre el arrepentimiento rigió su vida? Esa y muchas preguntas más se carcomían sus pensamientos en medio de su depresión después de ver como sus transparentes e intangibles manos intentaban mover la tela que cubría su cuerpo en la morgue.
Habían pasado solo tres horas de su muerte y el podría decir que aun se sentía vivo, con frió pero vivo. Nadie de su familia había llegado y eso era mas que obvio o por lo menos eso quería pensar. Llegar desde avión de esquina a esquina en este país son dos horas o por lo menos es lo que se imaginaba, desde algún punto de su amargura creada por la situación en la que se encontraba sentía cierto regocijo al saber que arruino las vacaciones de su familia, ese viaje al que no le habían invitado dado que no creían que iba a querer acompañarlos, bueno, si se ponía a pensar tal vez tuvieran razón pero por lo menos por cortesía le hubieran comentado y no huido como ratas.
Las emociones de Enrique eran una locura, del llanto pasaba a la ira, al enojo, a la tristeza, melancolía, resignación y anhelo, cambiaban tan drasticamente que en algún punto pensó que había enloquecido y que lo sucedido solo existía en su mente, seguramente el se encontraba dormido en su cama después de estar viendo esos vídeos porno de Anabella su actriz favorita.
-Adelante por favor-
La voz grave de un hombre logro sacarlo de sus tormentosos pensamientos. Enrique volteo la mirada hacia la única entrada de ese frió y tenebroso lugar. Fue decepcionante percatarse que quien entraba primero no formaba parte de su familia, era Martha la culpable de que estuviera llorando al momento de morir.
-¿Esta segura que usted quiere hacerlo?- pregunto algo dudoso el medico forense a la joven pelirroja de baja estatura que gimoteaba levemente con sus ojos hinchados. Enrique a pesar de todo pensó que ella se veía como una frágil y fría muñeca de porcelana.
-Si- Susurro entre sollozos- No logre contactarme con su familia y aunque lo logre posiblemente llegaran muy tarde, sabe, estaban de vacaciones- sus lagrimas continuaron cayendo, Enrique solo veía con aburrimiento esas gotitas de cristal caer sobre el frió piso, ella ya no era alguien que lograría conmoverlo, en cambio su familia aunque fuera disfuncional aun lograba sacudirlo.
Bueno, tal vez Enrique había esperado mucho de su familia nuevamente. Martha simplemente dio un largo suspiro y se acerco a la fría camilla donde se encontraba el cuerpo sin vida de su difunto novio.
-estoy lista- la pelirroja se acerco por el lado izquierdo de la camilla y apretando su manos en puños espero. Enrique al mismo tiempo se posiciona a su lado para lograr ver mejor la cara de esa mujer que destruyo su corazón unas cuantas horas atrás. El forense se acerco por el lado derecho de la camilla y agarro las esquinas de la blanca tela para después recorrerla dejando ver la pálida cara de un joven hombre de veintidós años con unos pequeños rastros de sangre en la cara y al parecer lagrimas secas, en ese momento Martha no puede evitar prestar mas atención a la sangre seca que esta presente en el cabello castaño de Enrique, siente como la realidad lo golpea y sus manos van rápidamente hacia su boca evitando de esa manera que un grito salga de entre sus labios, su cuerpo se encorva y se agita evitando gritar su dolor, sus lagrimas continúan fluyendo mientras asiente con la cabeza.
-es él, es Enrique- La culpa la invade, si tan solo ella no se hubiera involucrado con Jaime tal vez su novio seguiría vivo.
-entonces empezaremos con los trámites, puede quedarse unos minutos mas si lo desea. En cuanto salga por favor pase a mi oficina-
Enrique observa como el forense sale cerrando la puerta y se sobresalta al escuchar como Martha ya no puede controlar su llanto, observa como ella se abraza al frió cuerpo, escucha sus suplicas, sus disculpas y sus "te amo". Enrique solo puede observarla, tal vez una gran parte de el mismo la culpa por haber muerto.
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Han pasado doce horas desde que dejo el mundo de los vivos y tan solo una hora atrás que en medio de un ataque de ira Enrique logro ver la llegada de sus padres y su hermano a la morgue, no logra evitar odiarlos en ese momento, el verlos solo aumento su mal sentir, les grito, reclamo e incluso intento golpearlos hasta que se resigno al ver que sus esfuerzos eran en vano y termino sentado en el suelo llorando.
-No hay luz al final del túnel, no hay nada para mi- susurro mientras veía a su familia llorando desconsoladamente.
-¿Por que la muerte es tan injusta?- pregunto al aire
-La muerte es una perra- Enrique nunca espero que una pequeña vocesita chillona le contestara, por lo que asustado volteo a ver de quien era la voz, asustándose al ver unos ojos rojos observándole a un palmo de distancia - ¿Qué? ¿Aun lo dudas?¿Esperabas ser la excepción? Ja, Eres un idiota crédulo entonces-
TBC.
Notas de la autora:
Muchas gracias a los que leyeron el inicio de esta historia que había estado guardada por casi un año.
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Astral
ParanormalEnrique nunca espero morir tan joven, sin embargo, esto le abrirá las puertas a algo que nunca imagino, tal vez su vida nunca tuvo un significado para él, pero al parecer su muerte es todo lo contrario, siendo solo un alma recién desprendida que co...
