Capitulo uno

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- Tienes que tranquilizarte –se dijo con los nervios a flor de piel. Sus manos estaban sudadas y su rostro esta encendido por el rubor del mismo nerviosismo.

- Lo siento, ¿me dijo algo?

Ella miro al profesor encargado de su área que la conducía a su clase, se detuvo un momento para admirarla con desconfianza. Estaba claro que el hombre no creía en ella en lo absoluto por eso mismo puso un gesto duro en su rostro para desafiarlo con la mirada.

- No dije nada, solo quiero llegar a mi clase.

- Tiene que saber que los alumnos de hoy en día no son como los que usted conoce. Ya ni siquiera nos respetan, profesora Dirs.

Ella bufó para sus adentros, eso ya lo sabía, pero no le iba a llevar la contraria a su nuevo jefe.

- Una cosa más –dijo el hombre regordete, parándose frente a una puerta-, esta es una de las clases más difíciles. Tenga cuidado con Zale O 'Brian.

- ¿Zale O 'Brian?

Pero antes de que el hombre le explicara, ya había abierto la puerta mostrando a una gran grupo de varones formando un circulo en una de las esquinas del salón. Las chicas por otra parte estaban dispersas por todo el lugar admirando sus uñas, celulares y cabello.

- Bien, pongan todos atención –dijo su jefe con una voz grave-. Le presento a su nueva profesora, la señorita Dirs.

Todos en la clase habían cerrado la boca, las miradas no faltaron hacia ella, la mayoría era desinteresada.

Por acto de inercia los grupos se separaron y cada alumno se sentó en su respectivo lugar.

Ella supo que los varones y las chicas sentados en la última fila eran los que mayormente causarían problemas así que trato de aprender sus rostros desde el primer día. Repuso en una mirada oscura, tan oscura como la noche y con un deje de diversión en ellos, el chico estaba sentado en la esquina del fondo con la camisa a medio cerrar, aunque dio gracias de que llevara una playera blanca debajo, de su cuello colgaba un collar militar, en su muñeca derecha llevaba una pulsera de varias vueltas echa de cuero color café y negro. Sus labios, sus labios formaban una leve sonrisa de lado.

- Sean obedientes, y por el amor de dios, Zale, no hagas nada que pueda resultar atrevido. Estas advertido.

Como supuso, el chico de la mirada divertida le sonrió al profesor de una manera muy diferente a como lo hacía con ella.

- No se preocupe, maestro. Haré que el primer día de nuestra profesora sea como el paraíso.

La voz ronca e hipnotizadora le puso los pelos de punta. Se aferro a su carpeta en donde traía el contenido de aquella clase.

- Bueno, profesora Dirs, lo dejo todo en sus manos.

Ella solo pudo asentir.

Cuando el profesor ya se había ido, el silencio aún reinaba en la clase. Sin poder aguantar más y con la continua mirada de aquel joven, tomo su carpeta y saco varias hojas.

- Quiero saber en qué nivel de lectura se encuentra cada uno, así que haremos un ensayo sobre una lectura de sus libros de lengua.

Pudo escuchar el típico quejido que causo la risa de ella. Sin esperar más le repartió varias hojas a los primeros de cada fila para que pasaran el contenido hacia atrás.

- Eh, profesora, no alcanzo para mí.

La misma voz, esta vez más ronca le puso los pelos de punta por segunda vez en unos pocos minutos. Esto no era nada bueno.

Camino directo a él, esta vez pudo notar una perfecta piel a pesar de ser un adolescente, no había rastro de espinillas o granitos.

- Aquí tienes –le entrego una hoja en blanco.

Al recibirla él toco sus nudillos intencionalmente al tiempo que le regalaba una amplia sonrisa.

- Gracias, profesora.

Cuando se alejo pudo sentir su fuerte mirada sobre ella, cuando se volteó disimuladamente pudo notar que le estaba mirando el trasero y que además no se molestaba en esconderlo porque cuando ambos juntaron miradas Zale solo se mordió el labio inferior.

Sentándose en su mesa, comenzó a organizar todo sus papeles, no quería levantar la mirada porque sabía de antemano que él la estaría observando.

Se sentía estúpida e insegura, cuando estaba en la universidad no había sido de las mejores en lo que respecta a las notas, pero siempre creyó tomar el control de los adolescentes por eso había estudiado para dar clases. Ahora se sentía una completa ingenua, Zale le había demostrado que estaba equivocada y que más encima seguía siendo una chiquilla por haberse excitado con un alumno.

Al término de la clase todos entregaron sus ensayos, incluyendo el de Zale. Las miradas y la instigación habían parado para la sorpresa de ella.

Para su suerte las siguientes clases del día eran más normales que la primera que tuvo, eran en general tranquilos y trabajadores, no por nada era uno de los mejores colegios de la ciudad.

Cuando se estaba yendo recordó dejar olvidadounos papeles en una de las aulas, disculpándose con el portero por volver aentrar fue directo a la clase en donde se encontraban dichos papeles, pero loque hallo no fue nada bueno para su estómago.     

VALIANTHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora