Capítulo 1 - Vientos del Norte.

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En la mañana del 5 de noviembre, a eso de las 12:30, Helena estaba en la cafetería de su facultad, esperando para entrar a la próxima clase cuando se abrió la puerta de la cafetería y vio pasar a un grupo de 5 personas que, obviamente, no eran de allí. Este grupo se le acercó para preguntarle cómo podían llegar a dirección y Helena se ofreció a ayudarles a llegar. Por el camino hablaron y Helena descubrió que eran un grupo de una facultad de Oviedo que habían bajado gracias a que habían ganado un pase para hacer un año de su carrera ahí en Sevilla.
Rápidamente, Helena hizo buenas migas con Raúl, un chico de unos 23 años, moreno, no muy alto y gracioso, y con Cristina, una chica de 20 años, morena y ojos verdes, un verde tan profundo que te hacía perderte en su mirada. Helena descubrió que Cristina y Raúl eran pareja y que se conocieron en la facultad y llevaban casi 1 año juntos.
Al llegar a dirección Helena le dijo a Cristina y Raúl de quedar una tarde para enseñarles la ciudad y que no se sintieran solos ellos aceptaron y a las 18:00 quedaron en un bar enfrente del piso de Helena.
Al terminar las clases, Helena salía con prisa para llegar a casa cuánto antes y prepararse cuando de repente se choca con un chico y lo tira al suelo, cuando le da la mano para ayudarle a levantarse, este levanta la cabeza y al ver sus ojos azules profundos sabía que nunca podría olvidarse de ellos, eso se quedó ahí y Helena volvió a casa.
Ya en casa, Helena no podía olvidar la mirada del chico, "¿como se llamará?, ¿le habré gustado?" eran preguntas que se repetía en bucle, pasó toda la tarde así, comiéndose la cabeza por unos ojos que le habían hecho perder el sur.
A las 18:00 Helena bajó para el bar donde había quedado con Raúl y Cristina para enseñarles la ciudad. Al entrar por la puerta Helena vio, incluso de lejos, esos ojos azules que le habían hecho derretirse por dentro, el chico se llamaba Mario y también era de Oviedo, era muy amigo de Raúl, incluso mejores amigos.
La química entre Mario y Helena era obvia, ambos se gustaban y entre cruces de miradas deseaban comerse mutuamente. Tras enseñarles la ciudad, Helena se fue a casa cansada y con ganas de dormir pero entrando por su portal alguien la llamo, era Mario que preguntaba si se tomaban la última en su casa a lo que Helena respondió que no, que era tarde y estaba muy cansada. Mario se fue, pero parecía un poco mosqueado. ¿Tal vez porque no había podido saciar sus ansias de machito de tirarse a una tía la primera noche? Pues puede ser, pero eso ya es tema de otro capítulo.

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