Mi Refugio

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Capítulo I

Los ojos desorbitados de Eloisse no daban crédito a lo que acababan de leer, la delicada tarjeta realizada con el más hermoso material de cartulina de hilo y impreso con la hermosa letra cursiva en tonos negro y bronce invitaban a la celebración del compromiso entre los hijos de las familias Oliveri y Sarmiento.

¿Cuántas veces se imaginó que ese momento llegaría?, la cartulina oscilaba por el temblor de sus manos, suspiró consiente de que el momento que tanto temía había llegado y aquella mujer se llevaría de una vez y por todas a su amor platónico.

El dolor que sintió desde lo profundo de su corazón fue tan intenso qué sólo logró leer las primeras líneas, hasta que las letras se desdibujaron tras la cortina de lágrimas no derramadas que se acumulaban en sus ojos <se va a casar> pensaba una y otra vez como si le faltara una aceptación que se negaba a llegar.

Desplazó su dedo por el relieve del delicado arte que unía las iniciales de los apellidos de los futuros esposos, <oh, cuánto daría por ser yo quien se casara con Marcus> se lamentó, soltó la tarjeta como si quemara la piel de sus manos que estaba en contacto sin terminar de leerla y corrió saliendo de la casa.

- Eloisse – gritó su madre cuando la vio huir por la puerta de la cocina como si de una ladrona en fuga se tratara.

- Ya vuelvo - Su escuálida respuesta encerraba la desesperación de la necesidad de estar sola para poder derrumbarse en la autocompadecencia de su mala suerte.

Por primera vez mientras corría no disfrutó del canto de los pájaros que anidaban en los árboles cercanos, tampoco reparó en los exquisitos colores de las flores que tanto le entusiasmaba, blanco pureza, amarillo feliz, rojo delicioso, era curioso pero mientras sus conocidos hablaban del rojo como el color de la pasión, para ella sólo significaba algo de buen sabor y jugoso, como las fresas que tanto le gustaban, pero aun así y cuando la naturaleza parecía ofrecerle algún tipo de consuelo, fue incapaz de apreciarlo.

- Ahh.

Gritó mientras perdía el equilibrio con una rama que la hizo tropezar haciéndola aterrizar sobre las rodillas y manos.

- Lo que me faltaba – se quejó frustrada como si de un plan maléfico se tratara en su contra.

Sacudió sus manos y las revisó observando los rasguños y cortes que le produjo la fricción se su piel con el suelo, luego inspeccionó sus rodillas, le ardían, se encontraban en peor estado que sus manos, el vestido veraniego que tan pulcramente se colocó aquella mañana, estaba sucio, roto en algunas partes y manchado de gotas de sangre en otras, analizó la situación, lo más lógico era devolverse, asearse y atender sus heridas, pero su mente le exigía de soledad y era una demanda mayor, necesitaba cerrar ese capítulo de su vida, las lágrimas empezaron a escaparse de sus ojos, dándole un aspecto más juvenil y desaliñado, continuó su marcha, ahora sin correr, hasta su pequeño refugio, como solía llamar al lugar junto al riachuelo que siempre iba cuando necesitaba desconectarse y pensar, al arribar se sentó a la falda del árbol que le brindaba resguardo de los rayos del sol.

A los catorce años Eloisse descubrió aquel pequeño paraíso que reclamó como propio, a lo largo de los años comenzó a hacerlo más acogedor, sembró algunos arbustos de diferentes flores que brindaban un arcoíris de colores que le encantaba apreciar, también trasplantó grama, para poder sentarse sin temor a dañar su ropa, después de tres faldas rotas tuvo que encargarse de eso, incluso rodó algunas piedras de tamaño considerable alrededor del riachuelo, su obra se convirtió en su santuario, el sitio donde encontraba paz, una sensación que ese día le rehuía, abrazó sus rodillas con los brazos manteniéndolas pegadas a su pecho y lloró, lloró por un amor no correspondido, por una ilusión rota por una esperanza perdida.

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