Prólogo•

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El comienzo

Julieta estaba sentada en su cama llorando la muerte de su esposo, hacía apenas un mes que había fallecido y todavía no aceptaba su muerte, lo único que la consolada era el amor de sus hijas y nietos. Si aún no se dejaba morir era por ellos. Su familia.

Hoy cumplía setenta y ocho años de vida y no deseaba causar revuelo o molestar a sus hijas, apreciaba que la cuidaran, pero ella sabía bien que ya tenían sus vidas hechas y no deseaba invadir el espacio de sus "niñas".

-Mamá, nos iremos, pero vendremos otra vez el sábado, ¿Estarás bien? -cuestionó Hilary, la mayor de sus retoños, y la causante de que terminara casada con él.

Tan rápido como pudo se levantó de su cama y caminó hacia su hija.

-Tranquila, mi niña. Ustedes vayan en paz que a esta vieja todavía vas a tener que soportarla unos años más -bromeó Julieta intentando borrar las lágrimas que bajaban por sus arrugadas mejillas.

Hilary se acercó hacia su madre y la abrazó con fuerza.

-Sabes que nosotras encantadas de tenerte mil años más -se soltó suavemente del abrazo y besando la frente de su madre salió del cuarto, ella tampoco aceptaba la muerte del hombre que le dio la vida.

Julieta la siguió hacia la salida, una vez afuera de la casa se despidió de todos sus nietos y sus yernos.

-Hasta pronto, má -dijo Luisa, ella era la menor y estaba embarazada de gemelas.

-Hasta pronto, Lu -Le dio la bendición y con una sonrisa vió como el auto se puso en marcha al igual que minutos atrás lo hizo el de Hilary.

En eso la voz de dos adolescentes peleando llamó su atención.

-Yo iré detrás de papá, Julio, soy mayor que tú -reclamó Joshua hacia su hermano que intentaba subirse antes que él.

-Llegue antes -respondió sacadole la lengua.

-Interna en el ejército a ese par de diablillos, Cande -pidió en broma hacia Candela, la del medio, algunos decían que ella era la viva imagen de su madre, pero Julieta aseguraba que su hija era más bella.

-Algún día te cumpliré tus deseos, madre -manifestó subiéndose al auto con sus hijos.

Julio sonreía victorioso hacia un enojado Joshua.

-Vuelvan pronto -acarició suavemente la mejilla de su nieto mayor y luego retiró su mano para dejarlos ir.

-¡Te amamos, mamá!, vendremos el sábado -avisó en medio de un grito Candela cuando estuvieron algo lejos. Julieta asintió haciéndole saber que entendió y a paso lento volvió a la vieja casa.

Entró y se sentó en el sillón favorito de él, y sin darse cuenta en medio de su llanto calló dormida.

Al día siguiente se levantó algo desorientada, pero al recordar lo acontecido su humor volvió a decaer, se ducho y alistó para ir al jardín como todas las mañanas, estaba bebiendo su café mañanero cuando de la nada sonó el timbre anunciando que había llegado su correo.

Sin prisa fue y abrió la puerta esperando ver a Killian, el joven que se encargaba de entregarlo, pero se encontró con la calle desolada sin ningún auto a la vista, al mirar abajo vió un puño de cartas amarradas por una cuerda fina con un lazito diminuto junto a una suelta que parecía ser escrita con otro propósito, sin comprender levantó las cartas y volvió a entrar a su casa.

Una vez sentada en su sofá puso el puño de cartas sobre la mesita a su derecha como con todas las cosas desde que su esposo se la regaló, abrió la carta que venía separada de las otras. Y empezó a leer.

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Londres, Inglaterra, 2065.

22 de diciembre.


Raúl Henrik.

Hola, mi amor.

Sé que en este momento estarás confundida y sin entender, tal vez quieras golpearme por hacerte llorar, amor, es malo profanar tumbas, recuérdalo. ¿Por qué ruedas los ojos?, de una vez te digo que quites ese gesto, sí, exacto, sonríe muñeca, así te ves mucho más hermosa.

Últimamente me he sentido muy cansado y cada vez que veo el cielo recuerdo que no soy eterno, antes de morir quiero dejar todo hecho, estas cartas te las enviaré con alguien anonimo porque quiero que las leas tu sola y sé que el encargado de entregártelas te las dará cuando haya pasado un tiempo de mi muerte.

Bueno, eso que tienes sobre la mesita de café son un montón de recuerdos de éste viejo, momentos especiales que viví contigo y quiero que sepas que sentí y pensé, no te burles, no pensaba escribir en un diario, macho que se respeta no hace esas cursilerias, y yo no hago eso.

¿Qué?, una carta es más romántico, ¿no?.

Además, escribí poquito, bien sabés que tampoco soy un poeta. Hice lo que pude, mi reina. Bueno, son 20 momentos inolvidables, leelos con calma, y que sepas que esto no es una despedida, es un hasta que Dios nos vuelva a juntar.

Cuídate, te tengo vigilada.

Te amo, mi Julieta.

Y apesar de que me llamo Raúl me despido como:

Tú amado,

Romeo.

Las cartas de Romeo © #Wattys2018Cerita yang bikin terobses. Temukan sekarang