_Dale, decí la verdad hija de puta... ¡Vos la mataste!
_Ya te lo dije... ¡No fui yo!
TRES MESES ANTES.
Melany.
Hola, soy Melanie Wilson, tengo 16 años y vivo en Washington. Soy hija del gran empresario Harry Wilson.
Últimamente, nuestra familia está pasando por una serie de amenazas serias. Mis tíos gemelos no aceptan que mi padre haya obtenido toda la fortuna de mi abuelo, por lo tanto, lo amenazan con mi muerte, la de mi hermanito y la de mi madre. Nunca los conocí ya que mi padre los apartó de su vida hace muchos años pero se hicieron presentes luego del fallecimiento del anciano.
Solo son unos imbéciles, eso siempre dijo mi padre. Por eso mi abuelo no les dejó ni un poco de dinero.
22:30 PM
—Papá, necesito que me cambies a otra escuela privada. No quiero ir más a esta, ya no me gusta —dije mientras llevaba un pedazo de carne a mi boca.
—¿Qué? —preguntó mi padre—. ¿Acaso es por ese muchacho otra vez? —Se quedó callado un momento—. Ese niño no se cansa de cambiar de escuela...
—Oye, Melany, ¿cuándo nos presentarás a tu no-vio? —se metió en la conversación Ciro, mi hermano menor.
—¡Cállate, Ciro! ¡Él no es mi novio! Si fuera asi ya lo hubiera presentado hace mucho tiempo. —dije mientras le arrojaba un pedazo de pan.
—Melany, tranquila...
—¡Pero papá! ¡Que no diga estupideces!
—¡Basta, Melany! —exclamó mi padre, un poco enojado. Le molesta que diga palabrotas en la mesa—. Tenemos que hablar sobre ese muchacho... eh, ¿Copper, cierto?
Asentí mientras mis mejillas se teñían de rojo.
—Cariño, no seas tan duro con ella —intervino la suave voz de mi madre, llenando el ambiente con su presencia—. Solo está enamorada.
—Esto es más una obsesión que amor... —susurró mi padre, aunque lo dijo lo suficientemente alto como para que mi madre lo oyera. Ella frunció el ceño al escucharlo—. Lo hablaremos después. No quiero a cualquier tipo al lado de mi hija.
Yo y mis padres soltamos una pequeña risa, pero el momento fue interrumpido por el timbre del móvil de mi padre. El sonido agudo rompió la tranquilidad, anunciando una llamada.
—¿Quién es, papá? —preguntó con curiosidad mi hermano, siempre tan entrometido.
Mi padre observó su celular con el ceño fruncido. Su expresión cambió por completo; evitó responder y contestó la llamada con cierta rigidez.
—Hola, Harry... —dijo, poniéndose de pie de inmediato. Sus gestos tensos revelaban una mezcla de enojo y miedo.
—¡Dejen de llamar, estúpidos! —exclamó de pronto, furioso.
La voz que salió del teléfono era fría y burlona.
—Ya sabes lo que tienes que hacer, hermano... solo entréganos tu fortuna.
Podía escucharse claramente su risa, maliciosa y grotesca, como si disfrutara cada segundo del miedo que provocaba.
—¿O qué? ¿Acaso quieres ver morir a tu esposa y a tus malditos hijos?
Un silencio mortal se apoderó de la habitación. Mi madre se llevó una mano a la boca, y yo sentí un escalofrío recorrerme la espalda. La amenaza no era una broma. Algo oscuro se avecinaba.
