Estamos los dos escondidos en el vagón del tren, los últimos tres días este vagón ha sido nuestro refugio, después de lo tan repentino que ocurrió ni Saulo ni yo pudimos pensar de manera coherente. Nos conocimos cuando empezó esta "masacre" si es que la podemos llamar así, se empezaron a escuchar tiros de bala, ventanas rompiéndose, personas gritando a más no poder. Todos estábamos preocupados pero más que nada asustados y cuando nada podía estar peor, el cielo se apagó. Quedamos en penumbra, fue como si hubieran presionado un interruptor de luz y así apagarlo completamente.
Las personas comenzaron a robar entre ellos, hubo más golpes, más sangre y sobre todo más muerte. Fue como si después de ese apagón algo se hubiera metido en sus cabezas, las personas ya no tenían sentimientos su único objetivo era matar.
Yo corrí como pude a una bodega abandonada de la fábrica de comida enlatada, cuando llegué me aseguré de cerrar la puerta que en un principio estaba abierta, intenté prender el interruptor del cuarto, pero no tuve suerte, no había luz, en ninguna parte de la ciudad había un solo destello. Empecé a explorar, en la bodega había agua, comida enlatada (vaya) y varias montañas de cajas vacías acumuladas por el resto del lugar. Todo esto lo tuve que deducir por el tacto, el sonido y el olor del ambiente. Tuve que agudizar mis cuatro sentidos lo suficientemente rápido para intentar sobrevivir. Tenía un paquete de cerillos, pero no quería gastarlos tan rápido intentando deducir lo obvio. Mientras continuaba registrando el lugar escuché un crujido. Me volteé rápidamente y agarré un palo que sentí cerca de mío al voltearme. Otro crujido.
Fácilmente pudo haber sido una rata, pero esa pisada que provocaba el sonido era demasiado fuerte. Escucho un gruñido, como si se hubiera golpeado ese alguien con algo, yo sin pensarlo, lancé lo más fuerte que pude el palo hacia dónde provenía el sonido, no fue un movimiento muy inteligente, ya que rápidamente me quedé sin protección y no pude haber acertado. Un segundo después oigo un quejido.
"¡Auch! ¿Eso por qué fue?" dice una voz masculina.
"¿Quién eres?" pregunto temblando de miedo, no sé defenderme, nunca creí que una chica como yo ocuparía la defensa cómo arma de la vida cotidiana, y por lo que escucho este hombre tiene probabilidad de ganar en un duelo.
"Un simple humano que está intentando esconderse de la masacre que hay afuera. ¿Tú?" pregunta igualmente con un tono de miedo y preocupación.
"Pues, supongo que igual. No lo entiendo, es cómo si los estuvieran controlando, actúan de manera muy monótona, pero no tienen control de sí mismos". Sale de su escondite y al mismo tiempo enciende una lámpara. Es un hombre con el cabello ondulado, parece tener 20 años, pero no estoy muy segura.
"En mi trabajo supe que el gobierno estaba creando un arma que terminaría con la raza humana. Al principio creí que sería una bomba nuclear, pero nunca creí que el arma sería los mismos humanos, aparentemente se meten precisamente en tu cerebro, y te controlan. Oye ¿estás bien? Estas sangrando" Apunta mi oreja.
Llevo mi mano a mi oreja y siento como mi dedo empieza a llenarse de sangre lentamente con la sangre.
"Tú también" Él de igual manera se lleva la mano a la oreja mientras la sangre escurre hacia su cuello.
Las caras de preocupación y confusión de ambos son inconfundibles. La tensión se corta al escuchar un estruendo desde la puerta.
"¡Abran la puerta!" gritan desde afuera. Como dije, es como si no tuvieran emociones. Es como si fueran máquinas.
"Rápido, hay una mochila atrás de ti lo bastante grande para poder guardar suficiente comida" le digo susurrando "Yo tengo otra, intentaré cargar con la mayor cantidad de agua posible". Antes de que empiece a guardar le digo "Será mejor que apagues esa lámpara si quieres que duré".
Y así emprendimos el viaje, son ya 4 meses y hace 3 días llegamos al vagón. La nieve cae a más no poder. Ya no nos queda mucha comida, y sabemos que estamos siendo vigilados. En el camino encontramos una lámpara de gas, y con el tiempo logramos hacerla funcionar, pero no siempre la utilizamos. En cualquier momento nos apagarán, la primera vez su arma no funcionó en todos, pero sabemos que no se rendirán, fuera lo que fuera que metieron en nuestro cerebro hará efecto, y terminara con nosotros.
"Tengo frío" le digo acomodándome en su hombro. La única ropa que tengo es la que llevaba el día del apagón, no es muy abrigadora, y con las lavadas de agua fría supongo que ha encogido. "¿Cuándo terminará esto?".
"No lo sé" Me dice rodeándome con su brazo "Espero que pron..."deja de hablar.
"¿Cómo? ¿Saulo que ibas a decir?" no se inmuta siquiera.
"Saulo" no contesta "No, no por favor no" mis ojos se empiezan a llenar de lágrimas. El arma no siempre te transforma, hay veces que simplemente te apagan, y vuelven tu vida una penumbra o en otros casos el de tu compañera. "No ¿por qué? ¿Por qué él primero? No" empiezo a llorar.
Me acorruco junto a él, y lo abrazo, lo abrazo con toda la fuerza que me queda.
Y en ese momento mi visión vuelve a apagarse. Me siento con mi cabeza agachada. Parpadeo y alguien me habla, no lo puedo ver, es una voz robótica. Un señor de traje aparece en mi visión, más no está físicamente en el cuarto. Está en mi mente.
"A partir de este momento lo único que deberás hacer es: matar" dice el del traje. Levanto mi cabeza y mi visión se vuelve roja.
"Si señor".
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Penumbra
Science Fiction¿Qué pasa cuándo el mundo se vuelve obscuro y tienes que simplemente sobrevivir de tus sentidos restantes? ¿Confiarás lo suficiente en el desconocido amigable?
