El reloj marcó exactamente las 21:30 de la noche. Media hora tarde. Media hora que Florencia Estrella se encontraba sentada en aquella silla esperando. Sintió un hormigueo en su mano que la llevo a cerrarla y apretarla con fuerza tres veces seguidas. No era una persona paciente, no porque no quisiera sino porque era algo fuera de su control como otras tantas cosas en su vida. Tomó la copa frente a ella y la corrió un poco hacia la derecha. Luego la regreso a su lugar. Y volvió a moverla hacia la derecha. Tal vez no era que no tuviese paciencia, sino que era demasiado inquieta. Sacó su teléfono celular de su cartera y escribió rápidamente un mensaje. Otro más que se sumaba a los previos enviados. Había tratado de contenerse y no parecer pesada preguntándole a su novio si estaba en camino, si le faltaba mucho para llegar, donde estaba... mensajes desde antes de las nueve de la noche que no obtuvieron respuesta alguna.
Su hombro izquierdo se elevó de golpe fuera de su control, la mano contraria chasqueó los dedos casi al mismo tiempo. Poco a poco la ansiedad y nervios le estaban ganando y ella lo sabía. Levanto la vista para ver a su alrededor, rogando que nadie en las mesas contiguas hubiese notado los movimientos. Florencia cerró sus ojos y respiro hondo tratando de calmarse, podía manejar la situación, había planeado esta cena desde hace mucho como para que su Tourette la arruine solo porque Daniel se demora un poco en llegar. Abrió sus ojos y trato de concentrarse en cualquier cosa menos en el tiempo que llevaba sentada sola en una mesa para dos en uno de los mejores restaurantes de la ciudad donde todos estarían pensando que la dejaron plantada. Solo que tenía un problema más. Y era que ya no tenía nada mas en que fijarse.
Desde que llegó trato de mantener su mente ocupada para no pensar en la espera. Se conocía, sabía que su cabeza no le daría un descanso y unos minutos podrían parecerle horas si no la enfocaba en algo. Pero ya no encontraba nada mas con que entretenerse. Había contado el total de mesas del restaurante, veinticinco, de las cuales seis eran para cuatro personas, tres para seis personas y el resto para parejas. Claro que no todas estaban ocupadas, había cinco vacías. Lo que le pareció extraño porque era un lugar muy solicitado, ella tuvo que hacer la reservación con un mes de anticipación para conseguir un lugar. Luego de contar las mesas le siguieron los cuadros. Las banquetas en la barra de tragos. Los mozos que atendían. La gente que entro al lugar para consultar algo con el mozo en el recibidor junto a la puerta. Las parejas y familias que habían subido al segundo piso, el sector privado del restaurante, el vip por así llamarlo. Los tics físicos que tuvo, veintiocho, siete en los últimos minutos. Los tics fónicos que tuvo, solo uno afortunadamente, del que quería convencerse nadie había escuchado. Los mensajes enviados a Daniel. Los minutos que pasaron desde que se sentó en la cómoda silla. Las veces que el mozo se acerco a preguntarle si necesitaba algo más o si deseaba ordenar.
Desbloqueó su teléfono para ver la hora una vez más. 21:50. Ningún mensaje de Daniel. Y ocurrió. Un carraspeo, un aplauso y golpe en su pecho. Tres tics seguidos y casi simultáneos. No necesito ver demasiado a su alrededor para notar que algunas personas de las mesas contiguas habían volteado a verla. Parpadeo rápidamente mientras su brazo se elevaba y luego bajaba igual de rápido. Tampoco pudo controlar los demás sonidos que salieron de su boca.
No quería tener un ataque ahora, no podía tener un ataque ahora. Eso era en todo lo que pensaba Florencia mientras trataba de retener los sonidos aunque sabía que eso solo era para peor. Giró su cabeza hacia un lado y lanzó una puteada por lo bajo. Volvió a carraspear y golpearse el pecho. Ya todos en el restaurante estaban con sus ojos enfocados en ella, viéndola de reojo por supuesto para disimular así como murmuraban entre ellos pero sin dirigirle la palabra a Florencia. Algunos molestos por el escándalo, otros avergonzados, ella ya conocía todas esas reacciones. No era nada nuevo en su vida. Y era uno de los tantos motivos por los que no solía ir a lugares públicos. Pero hoy era un día especial, iba a ser una noche especial... o ese había sido su plan. La vida, como siempre, le mostraba una vez más a Florencia que se equivocaba y que los momentos felices le duraban poco.
Sentía sus mejillas arder de la vergüenza, su cuerpo tenso de tratar de contener los tics, sus vista borrosa de tratar de contener las lagrimas. ¿Por qué siempre le pasaban estas cosas a ella? Vio como los mozos hablaban entre ellos, mirando ocasionalmente en su dirección sin mucho disimulo. Ya había visto algunos clientes acercarse a hablar con ellos. Sabía lo que pasaría a continuación, tampoco era algo nuevo en su vida.
Y ocurrió tal y como había predicho. Una persona del restaurante se paro del otro lado de su mesa, le dirigió la palabra pero Florencia estaba demasiado hundida en sí misma para realmente procesar lo que le decía. De todos modos ya sabía de que trataba. Se puso de pie tomando su cartera y abrigo y luego de soltar otra puteada por lo bajo siguió a la otra persona como esta le había indicado.
No se suponía que así terminaría este día, se suponía que sería una noche para recordar, que celebraría su primer año de novios con una cena romántica en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. No que sería plantada por su novio en su aniversario, que sería echada del restaurante que hace tanto deseaba poder ir. Todo gracias a su Tourette. Y al tonto de su novio, obviamente, que esperaba tuviese una buena razón.
Una lágrima silenciosa cayó por su mejilla al no poder ser contenida más cuando vio la puerta del local a tan solo unos pasos de ella. Así era la vida de Florencia Estrella. Ya estaba acostumbrada sí, pero no por eso dolía menos.
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This Is Me
RomanceSeamos honestos, no sabría que poner de descripción. Una historia Flozmin, no necesitan mucho mas ni hay mucho más que decir. Tendrá algunas cosas de la novela, como el hotel, las cinco hermanas, personalidades, la amistad de Cacho y Grace, pero alg...
