Único.

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 —¡No lo hagas!

Cuando escuché su voz, mis pies descalzos se afirmaron a la barandilla del puente.

Giré mi cabeza despacio, hacia mi lateral derecho, y lo vi.

Se trataba de joven de ojos oscuros como el ébano y mirada penetrante, que misteriosamente había aparecido en aquel sitio, que segundos atrás estaba vacío.

«¿Me está hablando a mí?» Pensé.

Eso era extraño considerando que yo era algo así como un fantasma, alguien invisible para la mayoría de la gente.

«¡Tal vez ahí tengas tu respuesta!» Me dijo mi subconsciente.

Él definitivamente no era como el resto del mundo.

—No iba a saltar realmente. Solo quería ver el río desde un mejor ángulo.  —mentí.

—Ajá, claro... y yo me transformo en lobo las noches de luna llena. —el extraño alzó su vista hacia el manto estelar, donde el lechoso ojo lunar nos vigilaba orondo desde el centro. Luego volvió a enfocar sus oscuros orbes en mí, mientras se cruzaba de brazos. —Seguro pasará en cualquier momento. —su tono sardónico se alzó sobre la redundante melodía de los grillos y el sonido del viento. El puente estaba desértico a esas horas. Yo simplemente fruncí el ceño— Ahora en serio, no poseo ese tipo de magia, pero sí tengo otros dones.

—¿Cómo hablar con gente invisible?- solté astutamente.

—Todos somos invisibles para algunos pero visibles para otros. Incluso tú y yo. Por ilógico que parezca ambos somos conscientes de la presencia del otro y hasta mantenemos una charla. — sonrió de lado y en ese momento advertí que el joven era muy guapo, además de irritante.

—Ja Ja Ja. Muy gracioso chico lobo que no es lobo. —dije imitando su sarcasmo —Pero aún no me dijiste cuál es exactamente tu don. Aunque ya lo he adivinado...

—Tal vez pudiste atinarle a uno, pero dije "dones"— me guiñó el ojo y comenzó a acercarse hacia mí — Yo puedo detectar cuando alguien me miente y sé que tú ibas a saltar.

El tema de conversación se había tornado interesante por un rato e incluso me había desviado de mi objetivo original, pero quien me había distraído se había encargado de recordármelo.

Mis pies empezaron a cosquillearme de pronto, ansiosos por despegarse de la barandilla para ser acariciados por la brisa, en mi breve vuelo hacia el acuoso lecho.

—¿Y qué hay si salto? De todas formas ya estoy muerta. ¿Cuál sería la diferencia? — inquirí alzando una ceja. Él dio otro paso hacia mí. Sabía lo que intentaba hacer, así que lo detuve con un gesto y él permaneció inmóvil a unos pocos pasos.  — Convénceme y no saltaré. — lo reté.

« Veremos si también eres bueno argumentando. » Reflexioné.

« Veremos si realmente le importas a alguien. » Me corrigió mi conciencia.

Ciertamente mi soledad era una bruja cruel que había dado lengua a mi mordaz conciencia y ahora yo no sabía como callarla.

—Pues... si lo haces ya no podríamos seguir hablando.

—Sabes tan bien como yo que luego de saltar, eventualmente volveré a aparecer aquí y podremos continuar el diálogo. — negué, algo decepcionada, luego enfoqué mis ojos en el extenso Támesis.

El resplandor lunar se proyectaba en las aguas y arrancaba destellos en el suave oleaje. Chispas plateadas brillando sobre su negro manto.

El río me pareció entonces un cielo invertido y aumentaron mis deseos de sumergirme en sus aguas. Sabía que eso sería lo más próximo que estaría del éter, donde hallaría la paz que tanto necesitaba.

Leyenda de un fantasmaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora