En un cementerio de ilusiones rotas, allí cerca de las luces de neón que ya no encienden más me vas a encontrar.
Recuerdo la forma en la que te rompí el corazón como rompí mis promesas de cristal, los pedazos los recogiste y huiste con justa razón.
Algunos quedaron adheridos a mi mano, haciéndola sangrar de vez en cuando.
No he tomado la mano de nadie más de la forma en lo que lo he hecho contigo, en algo tienes razón.
El amor, es lo que sentía yo por ti, porque el amor no se escoge, no lo supe nunca, viví en mi negación.
En el miedo de qué pasaría con mis padres si supieran lo mucho que quise a un chica un día.
Mis papás siempre se han cuestionado porque defiendo los derechos de los homosexuales si no soy una.
Claro, ellos no lo saben, no saben que un día tomé entre mis brazos a una chica bonita para dormir.
No saben que yo misma le inculqué malos hábitos.
No saben que le escribía cartas antes de irme a dormir con mil canciones.
Nunca supieron para quién eran las flores de abril, unas rosas rojas preciosas.
Nunca supieron que planeaba una boda falsa con ella.
No sabían lo mucho que le quería, ni lo saben, tampoco se explican porque aquella chica de facciones bonitas no se aparece más por la casa.
Quería muchas cosas, cada vez que me tomaba la mano, sabía que quería hacerlo todos los días.
Cada vez que me besaba, porque yo nunca tuve iniciativa, sabía que quería más.
Pero que no era capaz de saciar mi sed que la terminaría dañando.
Lo supe el día de su cumpleaños cuando sostenía su mano debajo de la mesa.
Sabía que era la primera persona a la que quise y me quiso de vuelta.
Aveces cuando camino sola por la calle y alguna canción suya suena en mi teléfono me pregunto dónde estaría, qué estaría pensando.
Aveces pienso que sí las fotografías no existieran, no hubiera podido olvidar su rostro.
Y allí donde descansan las luces de las Vegas que jamás vuelven a encenderse. Me pregunto si algún día me encontraran.
