Tu, mi perversión

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Una vez que entramos en mi habitación nos convertimos en cuerpos adultos que solo deseaban comerse el uno al otro.

Me cogió en brazos y le arropé con las piernas por encima de la cadera mientras disfrutaba como nunca de su boca. Una vez me tumbó encima de la cama nos separamos los dos jadeantes para mirarnos a los ojos un instante, viendo que todo era real y continuó besándome por el cuello de forma que nunca antes había hecho, sabiendo él lo mucho que me gustaba. Mientras modificaba la forma en la que me besada haciéndome respirar cada vez más rápido, yo rebuscaba entre sus pantalones con una mano la hebilla del cinturón y con la otra agarraba su pelo entre mis dedos. Su respiración era cada vez era más agitada y verle así también hacía que la mía se acelerase, de forma que cada vez que se cruzaban nuestras miradas, nos regalábamos una pequeña sonrisa de satisfacción. Estábamos locos, pero aquellos eran unos locos que se iban a entregar el uno al otro algo que nadie más tendría. Cogí el borde de su camiseta y se la levanté estudiando cada parte de su cuerpo hasta que él se la quitó de la forma más provocadora que nunca antes le había visto, aunque lo había hecho mil veces, en ese momento me hizo sentir un hormigueo entre las piernas que me obligó a cerrarlas mas fuerte al rededor de su cintura. Mientras, le acercaba aún más a mí, sintiendo como rozaban nuestros pantalones notando un bulto entre ellas que me aceleró el pulso. Me quité la mía quedándome en sujetador, vi que él también me estudiaba y antes de volver a comerle la boca pude escuchar cómo me decía: "Eres preciosa joder".

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