—¡Qué voz!... me pone triste —sentenció la mujer mientras se tallaba el ojo para librarse de una pestaña que se le había colado en el párpado.
Su interlocutor la miró sin decir nada. No encontraba ni un ápice de singularidad en aquella voz rasposa que sonaba de vez en vez por el altoparlante; y en cuanto a la tristeza, él más bien la calificaría como miedo, no quería ser nombrado por aquel hombre jamás en su vida.
—¿Por qué no comentas nada? —clamó la mujer con disgusto ante la falta de participación de 004.
—Porque lo que dices no tiene sentido.
—Eso piensas tú, pero yo creo que esa voz grave no se forjó sola.
—Es una voz hecha por computadora, siempre ha sido así, sólo es un programa que dice aquello que los doctores le ordenan.
—Pero yo no hablo de esa voz, sino de quien realmente está detrás del micrófono, ese ser que ha tenido que enumerar por tres meses una amplia lista de personas muertas, ese que vive en el anonimato tras una cabina pero aun así nos observa a diario por las cámaras y cuida de nosotros, satisface las necesidades que nos surgen y se asegura de que nuestra estancia aquí sea la mejor, sólo para que al final nuestra existencia, sentimientos, pasado y aspiraciones a futuro se concreten en un simple nombre más sobre una hoja de papel repleta de difuntos. ¿Te imaginas por cuántos de nosotros ha llorado? Su voz ha de estar desgastada y afónica por tantas pérdidas.
—No creo que llore por nuestras pérdidas, su trabajo es complacernos y tratarnos como reyes; a cambio de eso, nosotros atenderemos al llamado, sin chistar, cuando sea nuestro turno. Él sabía perfectamente a lo que se atenía al aceptar el empleo.
—¿Él?, ¿cómo puedes asegurar que es un hombre? Nunca lo has visto y es justo por ello que nunca podrás empatizar. Para ti sólo representa un ser más sin nombre que llena el planeta. Pero, por el contrario, aquella persona sí te ha visto crecer a ti a lo largo de los cuatro años que llevas aquí, sabe cuál es tu comida favorita y a qué temperatura te gusta el agua de la ducha; él o ella ha adoptado un papel paterno o materno contigo, y definitivamente te quiere y te llorará al pronunciar tu nombre por el altoparlante, cada sílaba forzará el nudo que se haga en su garganta para poder cumplir el momento final de la tarea que se le ha asignado.
—Creo que estás loca —sentenció el chico mientras volteaba a su alrededor y contemplaba todos los lujos personalizados que le habían brindado. ¿De verdad habría sido obra de una persona? Y en caso de que así lo fuera: ¿se los brindaba por obligación o era algo más? Sea cual sea la respuesta, él nunca la sabría, pero en definitiva no volvería a ver las cosas de la misma manera, o al menos no por un buen rato.
La chica se quedó mirando al hombre, que seguía viendo la habitación con cierta aprehensión, y luego, con una sonrisa sincera, formuló su pregunta.
—004, ¿tú me amas? —la aseveración tomó por sorpresa al chico y no pudo hacer más que sonrojarse.
—¡Pero qué preguntas son esas, 023! Tan sólo somos amigos.
—No te exaltes, el amor es algo más sencillo de lo que te imaginas —hizo una pausa y enseguida prosiguió—, sólo responde esto: si en este momento me llamaran al servicio, ¿te causaría sufrimiento?
—Pues sí, no soy una piedra sin sentimientos, claro que sufriría.
—Entonces sí me amas, y eso es porque has convivido conmigo por un tiempo considerable, durante el cual, inevitablemente, he dejado una huella en ti y tú en mí, así que cuando me encuentres escuchando las canciones que me recomendaste, o diciendo alguno de tus modismos, verás un fragmento de tu ser tal como si yo pudiera reflejarte por un segundo. Y ahora que lo sabes, te sentirás aún mejor en esos momentos, pues serás consciente de la razón por la cual me amas y procurarás que ese sentimiento siga creciendo. ¿Sabes por qué nos prohíben decir nuestro nombre real? Es porque no quieren que nos encariñemos, pretenden que veamos a las otras personas tal como tú ves a la que nos atiende, de esa forma todo es más fácil para ellos. Nos hacen olvidar que somos seres vivos, nos deshumanizan al grado de que tomamos con normalidad hechos catastróficos como la muerte, y nos escudamos en nuestra burbuja de lujos, que nos hacen olvidar la realidad que azota al mundo día a día. Nos hacen incapaces de empatizar con los que sufren.
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Que voz...
Science FictionEn un lugar donde todo está diseñado para tu comodidad, el precio a pagar no siempre es evidente. 004 y 023 viven en la "sala de espera", un espacio perfecto donde cada necesidad es atendida y nadie pregunta demasiado. Pero mientras los días pasan y...
