Nora Stone es una chica normal, o eso creía ella.
Tras salir con su madre y su hermana, Nora se ve envuelta en un mundo en el que parece no encajar, pero resulta ser una pieza imprescindible en la lucha que está por comenzar.
Tendrá que adaptarse a...
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Todo estaba a oscuras y no podía ver nada. Entonces la música comenzó. Podía sentir las notas con cada nervio de mi cuerpo. Empecé a moverme al ritmo de la música cuando unos grandes focos me iluminaron la cara. La adrenalina fluía por todo mi cuerpo. En ese momento la música contemporanea fue sustituida por una dulce melodía lírica al tiempo que un apuesto bailarín salía al escenario. Me tomó la mano y comenzamos a bailar. La magia era palpable sobre el escenario mientras él me levantaba como si fuera una delicada pluma. Al terminar la canción estábamos muy cerca, apenas a unos milímetros. Iba a pasar. Con lo que tanto había soñado por fin se haría realidad. Y entonces... Y entonces me desperté. Solo había sido otro estúpido sueño. Después de haberme despertado a las 4 de la mañana tras ese increíble sueño no he podido volver a pegar ojo en toda la noche. La verdad es que no debió sorprenderme que solo hubiera sido un sueño. Ese tipo de cosas solo pasan en las películas y en los libros; y si pasaran en la vida real, nunca sería a una chica como yo.
- ¡Nora, cariño, ¿estás despierta?! - me pregunta mi madre a gritos desde la cocina cuando llega la hora de despertar.
- ¡Sí mamá! - le grito -. Enseguida me visto y voy.
Me asomo a mi armario y cojo lo primero que veo, como casi todas las mañanas de mi aburrida y monótona vida. El conjunto de esta mañana se basa en unos vaqueros anchos y un jersey negro fino y algo andrajoso, a lo que le añado mis inseparables converse negras.
- ¡Qué ropa tan original Nora!- dice Alexis, mi hermana pequeña, que, como siempre, va perfectamente vestida y peinada.
- Lo sé, Álex, lo sé.
- Chicas, ¿qué os parece si vamos a por un café y nos la tomamos mientras vamos a la reunión de "vuelta al cole" y después vamos a comer a nuestro italiano preferido? - nos pregunta mi madre.
La verdad es que no me apetece nada ir a esa reunión que solo sirve para recordarte que en un par de días tendremos que volver al instituto, donde nos tienen esclavizados, pero debo ir, no puedo dejar que mi madre y mi hermana pasen por eso solas. Las vacaciones de Semana Santa se me han hecho demasiado cortas, pero por lo menos estoy en mi último año, así que solo voy a tener que soportar ir al instituto un trimestre más.
- Claro mamá, pero solo si me dejas comprar un bollo también - digo en un fingido tono animado para no preocuparla, ya que sabe lo mucho que odio estas reuniones y todo lo que tiene que ver con las clases en general.
No me malinterpretéis, no es que sea una mala estudiante ni mucho menos. Mi media suele estar en un 8 o 9, pero siento que no encajo allí. Tampoco soy una antisocial, solo que mis compañeros son inaguantables, y eso hace que todo sea mucho más horrible.
Tras esa pequeña charla salimos de casa y nos dirigimos a la cafetería más cercana. Apenas tenemos que caminar 5 minutos hasta llegar. Es una cafetería muy poco conocida porque está medio escondida (está dentro de un callejón al que deben entrar unas 5 personas al día).