Eve Davis.
- Otro día que no hay sitio en nuestra biblioteca. - bufé mientras tiraba mi mochila al suelo y me sentaba con la espalda apoyada en la pared. - ¿Por qué la gente estudia tanto, Pau? ¿Por qué?
- Será por lo mismo que nosotras venimos aquí. - dijo mi amiga mirando su móvil. Levantó su mirada y la posó en mi. - Tengo una idea. Vamos, levántate amargada.
- ¿Qué idea? - pregunté levantándome del suelo. Cogí mi mochila del suelo y me la colgúe mientras esperaba su respuesta.
- Tengo un amigo que estudia literatura, dice que su biblioteca nunca se llena que podríamos ir. - comentó Pau guardando su móvil.
- Mmm, ¿no sería incómodo ir a un sitio en el que no pertenecemos?
- Puede ser, pero, ¿qué quieres? Sabes que en tu casa nunca puedes concentrarte y me llevas diciendo bastante tiempo que llevas fatal este examen y necesitas estudiar más. - cierto, Pau tenía razón, últimamente mi cabeza no estaba en su sitio y este examen era muy complicada, necesitaba una biblioteca.
- ¿Está muy lejos?
- A unos 10 minutos. Marc me ha enviado la ubicación. - dijo mi amiga medio sonriendo.
- Así que... Marc, ¿eh? ¿No será que quieres ir a verle y coquetear con él? - mi amiga estaba loca por ese chico desde hace un año y justo hace un mes empezaron a hablar, que oportuno, justo en época de exámenes. Menos mal que yo no soy de esas personas que creen en el amor.
- ¿Qué? ¿Pero qué dices? Claro que no, vamos para estudiar. - contestó ofendida Pau. Le puse la mano en el hombro y la miré fijamente.
- Pues me siento yo a su lado entonces. - dije sonriendo mientras le pasaba el brazo por los hombros para apoyarme en ella.
- Menos mal que eres lesbiana, porque sino te mataría en este mismo instante.
- Bueno bueno, vale. Siéntate tú a tu lado, sabes que lo estás deseando. - dije levantando una ceja sugestivamente. Pau se sonrojó y yo me empecé a reír. - Venga, vamos. Pero primero pasemos por una cafetería. Necesito una buena dosis de café.
- A la orden mi capitán.
Había una cafetería a la vuelta de la esquina, una de mis favoritas, hacían un café excelente. Al abrir la puerta me entró de repente el olor a café y ese día ya era un buen día. Lo malo. Había bastante gente. Odio la época de exámenes.
Estaba hablando con Pau sobre el examen del martes y una chica me empujó por detrás, se quería colar.
- Perdona, pero nosotras íbamos antes. - le dije con total calma.
- Si, bueno, deberías dejar primero a las personas que estudian de verdad. - dijo mirándome de arriba abajo. ¿Pero que se creía esta chica?
- ¿Perdona?
- Eso, que con tus pintas no parece que seas de las típicas empollonas. Nosotras sí y necesitamos ese café cuánto antes. - dijo la rubia.
- Vaya, parece ser que el dicho era cierto. Las rubias son bastante cortas de mente. - dije riéndome. Me miró bastante ofendida y yo no paraba de reírme.
- A ver si nos entiendes, estudiamos derecho y tenemos mucho que estudiar. ¿Tú acaso estudias? - la tercera chica me miró con tal superioridad que ya me estaba molestando. Vale. No era la típica empollona. Llevaba el pelo corto, blanco, unos vaqueros bastante sueltos, unas botas militares y una camisa sin mangas bastante larga. Pero aún así no tenían derecho a juzgarme por mi aspecto.
- Puede que tú seas una gran abogada en el futuro, pero cuando tengas un tumor cerebral o tus hijos o alguien de tu familia, ¿sabes a quien acudirás? A los neurocientíficos, si. Es decir, a lo que yo seré en algún futuro. Así que por favor, si quieres salvar la vida de tus futuros hijos déjame en paz. - dije con toda la seriedad del mundo. Me miraron alucinadas, las dejé por los suelos. Me pidieron perdón y se pusieron a la cola. Menos mal que nos tocaba ya pedir.
- Así se hace Eve. - dijo mi amiga chocando los cinco conmigo.
Después de pedir los cafés nos fuimos directas a la biblioteca de Literatura. Era una facultad bastante antigua. Estaba construida entera de piedra por fuera, pero cuando entramos vimos que era bastante moderna. La habrían renovado, pensé. Marc apareció después de unos minutos. He de decir que era bastante guapo, mi amiga si que sabía elegir. Nos llevó por un pasillo y entramos en la biblioteca. Era cierto que apenas había gente. Como mucho habría 20 personas. Nos sentamos en la mesa donde también estaba Marc, y como no, al final Pau se sentó a su lado.
Saqué todos mis apuntes de Microbiología, me puse música y por fin podía ponerme a estudiar.
Karla Moreau.
Estaba súper concentrada en mis apuntes de historia del arte pero me llamó la atención el sonido de la puerta de la biblioteca. Levanté la cabeza y vi a Marc, uno de mis mejores amigos, entrar con dos chicas. Una de ellas era bajita, morena y no paraba de hablar con Marc desde que entraron. La otra chica, me pareció muy curiosa. Estaba mirando la biblioteca, inspeccionandolo todo como si fuera algo nuevo. Y supongo que para ella lo era ya que nunca la había visto por aquí.
Sólo tenía una cosa para decir de ella, era simplemente preciosa. Le seguí los pasos hasta que llego a la mesa de delante, se sentó justo donde podía verla de frente. No sé que me hizo, simplemente me hechizó, no podía dejar de mirarla. Vi como se acomodó su pelo blanco, vi como se mordía el labio mientras sacaba sus apuntes y vi como sus ojos, sus ojos azules, inspeccionaban todo lo que tenía que estudiar. Podría pasarme horas mirándola, pero me acordé que tenía que estudiar muchísimo y me concentré en ello.
A las horas, después de haber estudiado todo lo que quería, levanté la mirada, y la chica del pelo blanco ya no estaba pero si estaban sus cosas. Suspiré quería verla una vez más antes de irme. Recogí mis cosas cuidadosamente y me acerqué a Marc. Le abracé por detrás y le di un beso en la mejilla. Que gracioso, la chica de su lado me miró como si me fuese a matar.
- Yo me voy ya. ¿Vas a venir esta noche, no? - pregunté susurrando.
- Claro que iré, no se me podría olvidar una cosa así. Lo vamos a petar. - me dijo sonriendo. - A las 9, ¿no?
- Sip. Nos vemos en unas horas Marc. Adiós. - me despedí y fui hacia la salida. Justo cuando iba a abrir la puerta alguien más la abrió desde fuera. Adivinad quien apareció. ¡La chica del pelo blanco! Se echó hacia un lado y me dejó salir. Le susurré un gracias y me fui sonrojada. Que desastre.
Estuve pensando durante todo el camino a casa en esa chica. Es que wow, como no. Era de esas típicas chicas que parecen malas y rebeldes pero que en el fondo son un amor. Es lo típico.
Llegué a casa y fui directa a la ducha. Hoy era un día importante, como todos los jueves. Era el día en el que podía ir a mi pub favorito y leer mis poemas en voz alta. Me encantaba ver la reacción de la gente al escuchar mis sentimientos plasmados en letras. Después de unos minutos en la ducha y de fondo Lana del Rey, salí para secarme y vestirme casual, como siempre. Me enrrollé la toalla alrededor del cuerpo y fui hasta mi habitación. Abrí mi armario y busqué que podría ponerme. Al final decidí ponerme unos vaqueros, zapatillas moradas, una camiseta blanca y me até en la cintura una camisa morada para ir a juego con mis zapatillas.
Fui a por mi mochila, saqué todos los apuntes, los dejé en la cama y solo dejé mi libro lleno de poemas. Aunque al final lo saqué para ojearlo un poco para ver que poemas podría recitar hoy. Encontré unos cuantos que eran bastante buenos, así que me quedé con esos. Se acercaba la hora y salí de casa, sin saber que ese mismo día mi vida cambiaría para siempre.
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Free Mind
RomanceEve Davis, aspirante a neurocientífica, es obligada por una de sus amigas a ir a un pub para escuchar a gente abrir sus mentes ante al público.. Si, mediante poemas y escritos. A Eve no le hace mucha gracia ya que nunca pudo entender el mundo de la...
