Capítulo 1: El pueblo que no respira

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Así crecí en este pueblo estúpido, lleno de gente estúpida.

Mi nombre es Billy. Tengo diecisiete años... y mi único sueño es escapar.

San Joaquín es un lugar condenado al olvido. Nadie entra. Nadie sale. Y si lo hacen... nadie vuelve a hablar de ellos.

Cuando las luces se encienden, la gente sale de sus casas como si alguien les diera una orden invisible. Caminan en silencio. No se miran. No se saludan.

Como si no fueran humanos.

Ya me acostumbré.

Aquí todos viven para trabajar, estudiar... o simplemente existir.
Pero yo no.

Yo observo.

Las noches son eternas. Frías. Perfectas. El cielo está lleno de estrellas... demasiado hermoso para un lugar tan muerto.

Y aun así... algo no encaja.

Siento que he vivido demasiado. Como si el tiempo no funcionara igual para mí.

Lo supe desde niño.

Nunca crecí como los demás.

Mi madre me medía cada mes, sin falta. Marcaba la pared con una línea nueva... que nunca cambiaba. El médico decía que era normal.

Pero su voz temblaba.

Mi abuelo... él sí sabía la verdad.

Era el hombre más viejo del pueblo. O al menos, eso decían.
Para mí, era algo más.

Nunca usaba zapatos. Decía que necesitaba sentir la tierra viva bajo sus pies.

Siempre vestía igual. Siempre hablaba igual.

Pero lo que decía... no era normal.

—Nuestra naturaleza pertenece a la luz... pero nos obligaron a vivir en la oscuridad.

Cuando era niño, pensé que estaba loco.

Ahora... ya no estoy tan seguro.

Mi padre, el alcalde Bander, era un hombre que gritaba más de lo que pensaba.
Vivía convencido de que mi madre lo engañaba.

Y mi madre... Lucía... estaba obsesionada con la limpieza.

Nada podía estar sucio. Nada podía estar fuera de lugar.

Ni siquiera yo.

—Quítate eso —decía cada vez que llegaba de la escuela.

No importaba si había gente. No importaba nada.
Arrancaba mi ropa como si estuviera contaminado.

Luego la quemaba.

Siempre la quemaba.

Mi único amigo era un hámster.

Robert.

Ridículo, lo sé.

Pero en este pueblo... uno se aferra a lo que puede.

Una noche soñé con él.

Y en ese sueño... me habló.

—Prepárate —me dijo—. La muerte viene.

Desperté sudando.

Desde ese día... no volvió a mirarme igual.

La escuela era una tortura.

No porque fuera difícil... sino porque era inútil.

¿Para qué aprender la historia de un lugar que parece no existir?

EL PEQUEÑO MUNDO DE BILLYStories to obsess over. Discover now