—Vamos, anda. Te quiero enseñar un juego —le dijo Adrián a Fer al momento de sacudirlo para que de una vez se despertara.
—No tengo ganas de jugar... Déjame dormir... —respondió Fer cubriéndose con las cobijas.
Adrián se rió como si planeara alguna travesura.
—Si supieras... ¡Anda, te va a fascinar!
—Ya, ya. Está bien... —Fer se levantó sin ganas—. ¿De qué se trata?
Adrián no le respondió. Lo tomó de la mano y lo llevó al jardín que daba a la calle.
—¡Qué bonito día hace! Las flores sí que son hermosas, ¿no? ¡Estoy tan contento! —cantó Adrián.
Fer bostezó aborrecido.
—Sabes, ayer vi a una ardilla llevando a su ardilla bebé por el lomo —continuó Adrián—. Se veían muy bonitas...
La boca de Fer se torció. En ese momento podría seguir durmiendo, pero en lugar de eso Adrián le contaba cosas sin sentido.
—Ajá... ¿Y el juego?
—A mi mamá le subieron el salario, ¡y mi padre se encuentra muy energético a pesar de su enfermedad! ¡De hecho, se ve más saludable que nunca!
Fer dio media vuelta para irse, pero en eso unas hermosas flores crecieron mágicamente enfrente de él.
—¡Wow! ¡Adrián, ¿viste eso?!
Adrián sonrió.
—Mi perro y mi gato ya se llevan bien.
La mamá de Fer se asomó por la ventana para avisarle que para comer habría lasaña: su comida favorita.
Fer abrió los ojos impactado y sonrió muy contento.
—¡Asombroso! ¡Vaya! ¡Mi madre está contenta!
—No. Tu madre nunca está contenta, es patética —respondió Adrián con una actitud tan diferente que asustó a Fer—. Mis vecinos me dan asco, la escuela me da asco. Todos son unos idiotas. Los odio a todos.
Unos carros que pasaban por la calle se desviaron violentamente y chocaron, causando así un pleito entre sus conductores.
—¡Ay, no manches! —exclamó Fer. El que cosas positivas sucedieran cuando Adrián era positivo y el que cosas negativas sucedieran cuando era negativo lo confundió mucho. «Esto... Seguro es una coincidencia» pensó.
—Deja de decir incoherencias, Adrián —dijo Fer, temeroso.
—Cállate, imbécil. —contestó Adrián. Y un frisbee con el que jugaban los vecinos le dio con fuerza en la cabeza.
Fer se le acercó para ver si estaba bien y le sorprendió darse cuenta de que Adrián se reía en lugar de quejarse del dolor.
—¿Qué tal el juego, eh?
—¿Qué? ¿Juego? Esto... Eso que hiciste —Fer negó con la cabeza—. Eso que pasó, ¿eso es el juego?
—Sí.
Debido al golpe, la frente de Adrián comenzó a sangrar.
—¡Tu frente! —exclamó Fer, preocupado.
—¿Mi frente? ¿Qué tiene? —Adrián sonrió despreocupado.
—¡Está sangrando! ¡Está herida!
YOU ARE READING
Cuentos Espirituales
SpiritualCuentos relacionados con el amor verdadero, el despertar espiritual, la consciencia y las virtudes.
