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–¿Hayashi Umi?

Me giré estupefacta a ver a quien estaba parado en la mitad del umbral de la puerta del salón de música.
Son las 6pm ¿Qué hace Oikawa Tooru aquí?
Ladee la cabeza como preguntándole que quería y para mi sorpresa, entendió.

–Oh... es que estaba caminando por ahí... ¿Qué estabas cantando?

Me sonrojé y bajé la tapa del piano para ponerme de pie.

–Es... una canción en la que estoy trabajando.

Oikawa pareció fascinado y entró del todo al salón para pararse frente a mi.

–No recuerdo haberte oído hablar antes.

Lo miré fijamente, sus ojos brillaban cuál faroles.

–Soy una chica de pocas palabras.
–Eso he podido notar.

Agarré mi mochila y miré a la puerta, dándole a entender que quería irme.

–¿Ya te vas?

Asentí. Él sonrió de oreja a oreja, coqueto. Nada nuevo en él, había visto esa sonrisa unas 1.000 veces en estos ya tres años de preparatoria. Tuve ganas de poner los ojos en blanco, pero me contuve.
No estoy para juegos, Oikawa.

–Al parecer no te gustan los juegos.

Abrí los ojos como platos ¿Lee mentes también?

–No.
–Bien.

Se inclinó y me besó. Ahogué un grito y di un paso atrás para intentar zafarme, pero puso una de sus grandes manos en mi espalda con fuerza, atrayéndome hacia él, mientras que con la otra hizo una maniobra extraña que no pude entender agarrando mis dos muñecas y colocándolas en mi espalda.
Los ojos se me llenaron de lágrimas de la rabia y empecé a sentir el cuerpo caliente.
¿Por qué me está haciendo esto?
Eché la cabeza hacia atrás para tomar el aire que ya empezaba a hacerme falta pero volvió a juntar sus labios con los míos con más profundidad haciendo que su lengua se encontrara con la mía.
Era mi primer beso, pero sabía con seguridad que este chico sabía perfectamente lo que hacía.
Sacudí mi cabeza con violencia y finalmente me soltó y en cuanto lo hizo, le giré la cara con una fuerte cachetada.
Las lágrimas no dejaban de correr por mis mejillas ¿Acaso quien se cree que es?
Él se tocó la mejilla divertido.

–¡N-no vuelvas a siquiera mirarme en la vida!

Me limpié las lágrimas con brusquedad, le di un empujón que logró moverlo dos pasos hacia atrás y salí disparada a paso firme de allí.
Toqué mis labios todavía sin creerlo.
¡Hijo de puta!

A donde tú voz me lleveStories to obsess over. Discover now