Créanme que al contar esta historia, donde menos quería estar era en este lugar, pero, ¿Qué puedo decir? Se necesita el trabajo, y a veces la única manera es asistir a estas aburridas reuniones del Consejo.
Esperen, antes de continuar tengo que dar algunas explicaciones, nosotros semidioses. Si, como los héroes de la mitología griega, salvo que algunos no somos héroes, solo somos caza recompensas en busca de nuestro beneficio. Y aquel consejo es solo un grupo elitista que se dedican a deliberar sobre cómo resolver los conflictos que afecte al mundo mortal. Y mi hermano, Dimitri, y yo solo presenciamos los casos de interés. Por la pantalla se veía el pseudo coliseo donde los elegidos por los dioses olímpicos (Mayoritariamente sus hijos) tenían su debate.
-Tenemos que resolver el asunto de la desaparición -empezó a decir Aaron Sallow, el representante de Zeus. Para este punto Dimitri estaba escuchando cada palabra, si alguien desapareció había dinero de por medio.
-No podemos ir directamente, puede ser una trampa -continúo la nueva, Scarlett Bernard, una de las cazadoras de Artemisa-. Tenemos que elegir a algún semidiós menor, los representantes somos objetivo fácil.
Es una de las principales razones por la que no nos llevábamos con aquel grupo, salvo por Azael, el hijo de Hades, que más o menos entiende nuestra situación.
La pantalla se apagó, dejando a entender que tenían que debatir en privado el asunto. Mire a Dimitri, que mantenía aquel aspecto de saberlo todo, con un toque de suficiencia. Casi podía saber exactamente lo que pensaba.
Aunque éramos mellizos no nos parecíamos más allá del aspecto físico. De por si era raro que nos pareciéramos tanto siendo que somos hijos de distintos padres, Dimitri era hijo de Deimos, el dios del temor, y yo era hija de Fobos, dios del pánico. Éramos los únicos hijos reclamados de ellos, aunque solo por nuestros abuelos Afrodita y Ares. Nunca conocimos a nuestra madre Irina Romanova, ni siquiera nos parecemos a ella, solo era un vientre en el cual gestar. A penas se suicidó, fuimos criados por el dios de la guerra y la diosa del amor, de los cuales heredamos nuestra personalidad. Sin embargo, funcionamos mejor juntos que separados, al menos compensamos así la falta del otro.
Estábamos a en la tribuna junto a Azael, esperando un veredicto. A pesar de que este fuera hijo de Hades, no era bienvenido del todo en el Consejo Divino, solo en situaciones de alerta roja. Pero como nosotros, pasaba casi siempre su jornada solo, ninguno de los tres genera una buena sensación, todos expulsamos un aura de miedo que a los demás incomoda.
* * *
-Ya se han tardado -había pasado más de una hora sin saber nada de los otros-. ¿De qué tratara?
-Ares ha desaparecido -comenzó Dimitri con semblante serio-. No he recibido sus respuestas en, por lo menos, una semana.
Dimitri mantenía contacto con Ares desde siempre, él fue quien lo entreno en el combate cuerpo a cuerpo, Dimitri siente un aprecio sobrehumano por él.
-Me canse de esperar -con eso se levantó, y entro repentinamente a la sala, teniendo más de mil espectadores mirando fijamente la puerta, me levante y lo seguí, esperando que no matara a nadie.
Pude ver la reacción de sorpresa de los más nuevos, mientras que los antiguos, como la hija directa de Poseidón, mostraban un desprecio hacia mi hermano y sus malos modales.
-Vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí? ¿Dejando en suspenso a su público? Ya sabemos que Ares no está, no tienen que preocuparse -Dimitri mostraba esa sonrisa de suficiencia que daban ganas de darle un puñetazo, aunque nadie jamás se ha atrevido a hacerlo-. Iremos por él.
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Descendientes del Amor y la Guerra
FantasyLos mellizos Romanova no son como tú, no son como yo, en realidad no son como nadie que puedas conocer o quizá sí y el loco soy yo. Pero si tu amigo es un infeliz, es violento y por supuesto, le coquetea a toda mujer que se le cruce en su camino, pu...
