Hábitos.
Rituales.
Rutinas seguidas al pie de la letra son las que sigue Ignacio a diario, sin saltearse siquiera uno.
Su novia aún duerme a su lado y él se despierta cinco minutos antes de que suene la alarma.
Alarma a las 6 a. m.
Puntual. Precisa.
Ducha con agua caliente al punto de dejar rosada su piel.
Ya son las 6:15 a. m.
Crema humectante en todo su cuerpo. Toalla para el pelo, para el cuerpo, una para las manos. Otra para su cara. Porque la salud de su piel es importante.
Crema hidratante para su rostro.
Seca su cabello con el secador. Porque verse impecable para él es importante.
Traje azul marino. Camisa blanca. Corbata gris. Zapatos italianos. Porque verse elegante en su trabajo es importante.
Clara, su novia, se alista en tiempo récord. Ella es tan eficiente como él e igual de impoluta. Es quien le brinda seguridad, estabilidad y respeta sus rutinas sin chistar. Porque estar con alguien disciplinado es importante.
Café negro en su vaso térmico, preparado para llevar, y maletín en mano.
Apaga las luces. Cierra la perilla del gas, una, dos, tres veces. Listo.
Cierra con llave la casa. Comprueba una, dos, tres veces. Listo.
Ya en el auto, aun cuando Ignacio creyó tener todo bajo control al volante, todo se volvió un caos de repente. Por no querer provocar un accidente, esquivó bruscamente a un perrito que cruzaba distraído la calle, maniobra que hizo que derramara su café sobre su camisa. Él ya presentía que empezaba a perder el control, no del auto, sino más bien de su día.
—Tranquilo, amor. Solo es lunes. Todo mejorará.
—No hay nada que saque esta mancha de mi camisa. Siento que me estoy hiperventilando.
—Ya lo tengo solucionado. Yo misma tengo una de tus camisas en mi oficina. Sé que estas cosas suelen pasar. Solo respira hondo. Inhala, exhala. Inhala, exhala.
Clara sabía cómo manejar las crisis de Ignacio, pero lo que no supo ver es que no sería un lunes más, al menos no para él.
Para tranquilizarlo, Clara decide tomar el volante y conducir en lo que resta del camino al estudio de abogados donde ambos trabajan. Estaciona el vehículo con exacta precisión, con apenas tres maniobras entre dos vehículos ya ubicados en la cochera subterránea del edificio.
—Iré a comprar una botella de agua con gas para la mancha de mi camisa. Adelántate. Subo enseguida.
—Está bien, pero no tardes. En menos de media hora tenemos la reunión con los socios. Hoy podría ser un buen lunes a pesar de todo. Te aseguro que te harán nuevo socio del estudio.
Ignacio ve a su guapa novia alejarse con total indiferencia, sin darse cuenta de que las personas que la ven pasar no dejan de observarla. Metro setenta y cinco, cabello castaño claro, delgada cual modelo de Victoria's Secret.
Para él, ella solo es alguien que ha entendido lo importante que es seguir una vida ordenada.
Pero lo que no tuvo en cuenta fue a la morenita de bellos rizos castaños que pasaba en bicicleta justo cuando él cruzaba la calle para comprar en el kiosco de enfrente, mientras intentaba, en vano, limpiar con un Kleenex la gran mancha en su camisa.
—¡Hágase a un lado! —gritó la jovencita, pero ya era tarde.
La chica clavó los frenos de repente, pero no pudo evitar colisionar con el joven trajeado. Ella pasó por arriba del manubrio de la bicicleta para terminar encima del ya malhumorado Ignacio.
