Capítulo I ~ El mismo sueño~

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 "Abraza a su hijo, se inclina hacía él y le seca las lágrimas mientras ve sus bellos ojos verdes que eran tan iguales a los suyos, como si se viera reflejada en ellos, entonces le sonrío y lo miró de la misma forma cariñosa con la que años después él vería a cierta chica de ojos azules ."

***

5 años atrás...

Adrien tenía nueve años y su madre todavía estaba con él, ella le enseñó muchas cosas bellas acerca de la vida, se había vuelto la mejor maestra que pudiera desear y aprovechaban cada tarde para estar juntos, ya que por las noches nunca podía verla y su padre siempre estaba ausente por su trabajo.

Era bastante ingenuo y no conocía lo que la maldad era capaz de hacerle a las personas. Nunca fue a un colegio desde que tenía edad para aprender debido a que su padre Gabriel no consideraba que fuera bueno para él, privándolo de toda relación con niños de su edad. Su única amiga Chloé iba a visitarlo de vez en cuando pero Adrien jamás entendió su peculiar forma de ser.

- ¿por qué nunca sueltas ese oso de peluche?- pregunta a la pequeña rubia mimada.

-Es muy especial para mí, se llama "abracitos" pero...-dice mientras lo contempla- puedo prestártelo, eres la única persona que dejaría que lo tocara- Extiende sus brazos para ofrecerle a su peluche.

Adrien observa aquel peculiar peluche, los ojos parecían ser diamantes, sin mencionar el color amarillo y el atuendo muy similar al de Chloé. Lo toma amistoso y comienza a jugar con él.

-"Soy abracitos el oso más malo de todos y voy a comerte Chloé"- hace una voz de monstruo y comienza a jugar con ella, la cual empieza a correr  fingiendo temor- ¡No me comas porfavor!, ¡soy tan hermosa para morir joven!

- Adrien- hace una pequeña pausa en el juego y lo toma de la mano- Eres mi mejor amigo.

De repente llega Nathalie- joven Adrien ya llegaron por su amiga.

Chloé se despide de Adrien y comienza a recoger sus juguetes y se lleva a Abracitos con ella- ¡Nos vemos mañana Adrien!

***

Un día su madre lo llevó al jardín de la mansión. Siempre le hablaba de forma cariñosa y conversaban de toda clase de cosas, gracias a la gran curiosidad y  ganas por aprender del pequeño. De repente, su madre decide preguntarle sobre las clases de piano que había estado tomando con su nuevo profesor. Ella se dedicaba a enseñarle todo sobre las bellas artes pero Gabriel se encargó de distanciar la relación entre su madre y él, como siempre, para el pequeño Adrien, éste, sólo lo alejaba de lo que más amaba.

-Mi hermoso hijo ¿Cómo vas con tus clases de piano?, tienes un bello talento para la música- le decía mientras sonreía.

-Madre ya te he dicho que no quiero estar con ese profesor, ¡no me gusta!, ¿por qué no me enseñas tú?, como antes, en verdad lo extraño- dice cabizbajo. 

-Mi querido amor, lamento que no haya podido estar contigo, sé que hubieras querido que siguiera enseñándote, pero tu padre no...

-¡Sí, ya lo sé!- dijo con un tono muy altanero- ¡él no quiere que me enseñes!-frunciendo el ceño.

-Adrien, él sólo quiere a alguien más... profesional para que tú puedas aprender.Sabes que tu padre está buscando lo mejor para ti.

-¿Acaso él piensa en mí?- agacha la cabeza y comienza a llorar.

-Oh- suspira- mi dulce Adrien- abraza a su hijo, se inclina hacía él y le seca las lágrimas mientras ve sus bellos ojos verdes que eran tan iguales a los suyos, como si se viera reflejada en ellos, entonces le sonrío y  lo miró de la misma forma cariñosa con la que años después él vería a cierta chica de ojos azules- Eres su gran amor, él te ama por sobre todo y no hay día en que no piense en ti. Es sólo que... no sabe como expresarlo- mientras agacha la cabeza.

-Mamá, ¿eso es cierto? es que me cuesta trabajo creerlo, casi nunca lo veo y siempre está de mal humor cuando estoy con él y...- ya era tarde y comenzaba a oscurecer, su madre se había preocupado, Adrien pudo notarlo, él sabía lo que sucedería después.

- mi pequeño- dice interrumpiéndolo- tengo que irme, lamento dejarte, no quiero hacerlo, no olvides que tu padre y yo te amamos, nunca lo dudes- lo toma de la mejilla y comienza a apartarse rápidamente de él.

- Pero mamá, por favor no me dejes, ¿por qué siempre tienes que irte?.

Su madre pudo escucharlo y de lejos pronunció estas palabras- Te amo-  con tal de que su hijo no lo olvidara nunca, siempre serían las últimas palabras que diría antes de marcharse cada noche hasta el día en que Adrien ya no la viera jamás.

Adrien despierta... era sólo un sueño. El mismo sueño.

 El mismo sueño

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Dedicada con amor a mi gran amiga Marinette...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora