Madisson:

Desperté asustada debido a un fuerte trueno que se escuchó por todo el vecindario. Agarré mi teléfono y miré la hora, 4:35 a.m., al carajo.
Me levanté de la cama y fui directo a la cocina para tomar un vaso con agua. Normalmente era lo que me ayudaba a dormir, pero esta vez ese efecto no quería suceder en mí.

Resignada volví a mi habitación y encendí el televisor. No más había pura pornografía y nada que me interesara en general, así que lo desconecté y volví a arroparme con la cobija ya estando en la cama.

Finalmente conseguí quedarme dormida de nuevo, pues en el día tendría una entrevista de trabajo importante y no quería perdérmela.

Amaneció y me sentía del puto asco. Literal. Quería y necesitaba dormir un poquito más, pero no, la entrevista era a las 11:30 y sólo tenía una hora para arreglarme.

—Rayos —Puse una almohada en mi rostro y así me quedé por un minuto —Bueno, tengo que subsistir de alguna forma, supongo...

Recordaba el día en que le dije a mi padre que no sería la niña mimada que todos creían. Así que él nada más aceptó mi sugerencia y me envío a Nueva York para hacer que yo misma me sudara el dinero, sólo me dio lo básico para empezar de cero mientras repetía las palabras "no quiero volverte a ver hasta que seas millonaria". Y bueno, no creo estar muy lejos de serlo.

O tal vez sí.

—Mierda, mierda, mierda, mierda— Repetí varias veces buscando el otro maldito zapato mientras trataba de ponerme el que tenía a la mano. El mundo quería verme arder, definitivamente.

Al final decidí usar unos tenis converse, pues era lo único que tenía aparte de esos hijos de perra de zapatos altos.
No me veía tan mal, o sea, un jean azul claro, una camisa blanca y los tenis... ideal para mi primer entrevista, ¿o no?

Salí de esa pocilga de apartamento y bajé por las escaleras hasta el recibidor. Este hotel o como quiera que se llamara, era tan antiguo y cochino que ni el ascensor funcionaba, si es que alguna vez realmente lo hizo.

—Hola Madisson, recuerde que debe la renta de este mes —Dijo el señor recepcionista cuando me vio.

—Estoy en eso, sólo deme un mes más, por favor. Ahora voy para una entrevista de trabajo y si me contratan le juro que le pago la renta.

—¿Y si no?

—Le consigo el dinero que le debo y me voy...

Él me miró desconfiado pero aceptó mi trato de mala gana. Salí disparada de allí y tomé un taxi hasta llegar a BD&CD Company, la empresa de la cual me habían llamado.
Pagué el taxi y miré el exterior del edificio, ¡maldita sea, era inmenso! ¿Cuántos pisos tenía? ¿40?

Caminé a paso decidido hasta cruzar las puertas de cristal giratorias, en Virginia no habían de estas. Algunas personas me miraron de pies a cabeza pero los ignoré, no sabía que era tan extraño venir a una empresa por trabajo.

—Hola, disculpe, ¿está el jefe? —Le pregunté a la recepcionista, ella me miró confusa —Usted sabe, el jefe, el jefazo, jefe de los jefes, el principal, el presidente. ¿Ya entendió?

—Creo que sí está, ¿pero por qué usted quiere hablar con él? O sea, una niña hablar... ¿de qué? Con el jefe.

—Yo vengo por una entrevista —Respondí relajada —Soy Madisson Cooper, y hace unos días me llamaron para citarme aquí a hablar con el jefe. Pero no recuerdo su nombre.

—Ah —Dice nada más y entonces agarra el teléfono, marcó unos números y luego esperó, ¿qué estaba haciendo? —Hola señor Dawson, hay una niña aquí diciendo que la llamaron para una entrevista... sí señor, quizás 18, negro, blanca... ajá, claro que sí, está bien gracias señor —Terminó la llamada para luego suspirar y mirarme.

Disculpe, jefe.Where stories live. Discover now