Mi alegre y pequeño pianista

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Recomiendo escuchar este video de youtube mientras lees. Yo las escuché al escribir y la historia esta "basada" en ellas. Disfruta de la lectura~

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      ¿Nunca habéis oído el sonido de un piano en la distancia y habéis cerrado los ojos? Yo no puedo evitar hacerlo cada vez que sus dedos se mueven de un lado a otro en esa alfombra negra y blanca. Él no toca las teclas, las acaricia con amor a la música que hacen juntos. Es por eso que cada nota me llena de una mezcla de sentimientos alegres y amargos. Cada cambio de ritmo hace que mi corazón dé un vuelco y que las lágrimas que estaban a punto de caer se transformen en una sonrisa sincera. Porque yo sé su historia y todo lo que ha vivido hasta llegar a donde está. Y no, señores, no me refiero a ese escenario o a ese piano particularmente donde está tocando esa bella melodía. No. Él ha llegado donde nadie más supo llegar. Pero mejor empecemos la historia por el principio.
      Él fue el único hijo de una pareja joven. Habían sufrido mucho por conseguir aquel bebé que dormía plácidamente en su cuna. Fue criado rodeado de amor que, irónicamente, después le fue rechazado. Pero no quiero adelantar acontecimientos. Vayamos paso a paso.
Fue creciendo y sus padres lo fueron mimando y cuidando hasta que se convirtió en un curioso niño que con 4 años ya estaba buscando algo con lo que jugar que lo divirtiera plenamente. Y él, lleno de inocencia y curiosidad, se subió al taburete donde se sentaba su padre por horas y comenzó a tocar aquellos rectángulos que tocaba el adulto. El ruido fue estridente y ensordecedor pero a él se le iluminó la cara. "¿Eso lo he hecho yo?", se preguntó ilusionado. Cuando su padre entró a la sala dispuesto a regañarle y vio esa sonrisa, no pudo hacer otra cosa más que sentarse a su lado y comenzar a tocar.
      No tardaron en descubrir que aquel pequeño que acababa de tocar sus primeras notas en el salón de su casa era un genio. Con tan solo 6 años ya había ganado un premio que solo habían conseguido niños de 10 años. Su carrera comenzó a despegar justo en ese momento. Lo compararon con los más grandes pero a la vez se dieron cuenta que tenía algo especial. Podía tocar una partitura decenas, cientos o miles de veces pero nunca tocaría la misma canción en ninguna de ellas. Ese pequeño podía transmitir tantas emociones pulsando solo un par de teclas... Es por eso que comenzó a enamorar a la gente.
      Los años fueron pasando y cada melodía suya hacía sonreír a la gente. Era capaz de transportar a la gente a sus recuerdos más alegres y los llenaba de una cálida sensación en el pecho. Ya incluso era más conocido que algunos cantantes famosos de talla mundial. Era conocido como "el alegre y pequeño pianista". Pero el tiempo hizo que esos adjetivos se fueran cayendo con las hojas anaranjadas de los árboles en otoño.
      Entró en su segundo año de instituto y decidió seguir avanzando con su música. Y, aunque algunas personas pensaban que él podría clases al profesor y no al revés, entró en un conservatorio. Esa fue la etapa más feliz de su vida. Aprendió tanto, rodeado por fin de chicos de su edad a los que no les importaba demasiado quién era. Solo querían que les enseñara cómo tocar y le pedían consejos. Y el profesor... Bueno, el profesor era una de las razones para ir a las clases sin falta. Era "el mejor profesor del mundo".
      Quizá él podría ser más expresivo tocando y tenía más talento pero el profesor iba un paso por delante que solo te concede la edad. No era muy mayor pero sí lo suficiente como para que le enseñara a actuar. Así dejó de tocar sus canciones con tu típica alegría y comenzó a darle el toque de tristeza a las tristes o viveza y fuerza a las más rápidas. Ahora tocaba lo que le pedía la canción, lo que conmovía al público.
      Y a la gente le encantó. Cada actuación completa suya era una mezcla de sonrisas, llantos y emociones. Cada canción era un mundo y él te llevaba hasta él con cada nota. Todo el mundo abrió su corazón a aquel chico de 14 años. Pero, con su edad, era normal que él también comenzara a abrir su corazón a alguien más. Y el amor fue su perdición.
      Entre notas, conciertos y clases, consiguió un rato libre con el que poder salir a conocer mundo. El verdadero mundo. Corrió por las calles de la ciudad hasta llegar a una cafetería donde no dudó en pedir un helado cuando quedaban días para que llegara el invierno. Consiguió cazar una libélula y pudo escalar un árbol. Y allí, en una casite en un árbol que parecía abandonada, fue donde lo encontró a él. Sí, a él. Un chico un año menor, risueño y divertido que tan solo verlo se lanzó a sus brazos. Era "su pequeño gran fan".
      Él le propuso enseñarle a tocar a cambio de que le enseñara algo que nunca había visto. Emocionado, le llevó a tomar helado en pleno invierno, le llevó a cazar insectos y le enseñó a escalar con cuidado el árbol para llegar a la casita. Cuando llegaron a ella, la nieve estaba comenzando a caer y el alegre y pequeño pianista le confesó que él ya había hecho todo eso. Entonces su pequeño gran fan se inclinó hasta él y le dio un beso tierno e inocente. Los dos se miraron a los ojos con una sonrisa emocionada y feliz mientras se tomaban las manos pensando que su felicidad seria eterna. Eran tan inocentes...
      Después de eso, nuestro pianista se fue corriendo y se encerró en la sala del piano. Y noche tras noche estuvo componiendo todo lo que sentía en su corazón. Cuando la pieza estuvo terminada, no dudó en ir a enseñársela a sus padres. En cuanto la última nota se perdió en el silencio, ellos le sonrieron como siempre sabiendo que su pequeño se había enamorado. Después de todo, su primera composición completa se tituló "Aishiteru".
      Sus padres, al igual que el resto del mundo, se preguntaron a qué jovencita se dirigía la melodía que nuestro pianista había escrito con su corazón. Y preguntaron una y mil veces por dicho amor pero nuestro pianista seguía siendo un adolescente así que no reveló su mayor secreto tan fácilmente.
      Todo siguió rodando y girando y su música solo iba dirigida a su pequeño gran fan. Salían a escondidas y se divertían como los adolescentes que eran. Rieron y corrieron y cayeron y se besaron completamente felices. Cada cosa que hacía con él se convertía en una parte de alguna pieza que enamoraba al público. Pero nuestro pianista quería tocar especialmente para su novio, así que lo invitó a uno de sus espectáculos.
      Esa noche tocó como nunca pensando en todo momento en su pequeño gran novio. Cuando la última ovación terminó, fue corriendo a buscarlo. Lo cogió de la mano y fue con sus padres para decir con una enorme sonrisa:

Mi alegre y pequeño pianistaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora