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Pérdida de la memoria por accidentes.

Contusiones cerebrales.

Lagunas mentales.

Tratamientos para la amnesia.

Pérdidas parciales de la memoria.

Alzheimer a temprana edad.

Tratamientos y terapia para la pérdida de la memoria.

Fueron las palabras exactas que había introducido en el buscador de google hasta que poco a poco mi teléfono fue perdiendo señal por completo.
Irónico, primero la memoria y luego la señal.

¿Qué faltaba? ¿La vista? ¿La audición? ¿El apetito? Bueno, al menos aquello último no sonaba tan malo perderlo. Así quizás adelgazaría el par de kilitos demás que tenía encima.

Desesperadamente buscaba una salida, opciones, alternativas y posibles soluciones a mi "problema". Soluciones algo más... Profesionales, por así decirlo, ya que aquél disparate de llevarme a un lugar tranquilo y sereno para aclarar de manera progresiva mis recuerdos y mi mente, además de, intentar rodearme de personas y cosas de mi infancia para familiarizarme con el entorno y el ambiente para "despertar" mis recuerdos de aquellos años, me parecía una total incoherencia; una estupidez.
Claro, con el debido respeto al doctor Dimitri pero consideraba su tratamiento, terapia, solución o lo que fuese aquello; una total falta de respeto a su campo laboral.

¿Qué no podía recetarme algo, inyectarme o darme otro golpe similar en la cabeza para que todo vuelva en su lugar? Sí, ya me habían explicado que eso no es posible de ninguna manera pero no saber si volvería alguna vez a ser la misma me tenía exasperada.

Por que eso decían mis padres, que ya no tenía la misma mirada, los mismos gestos, la misma forma de hablar o expresarme. Yo, no veía ningún cambio en mí, al mirarme seguía viendo a aquella chica de rizos descontrolados, la piel bronceada y los ojos café ordinarios. Era yo, seguía siendo yo. No me sentía de otra manera, recordaba perfectamente el día en el cuál habíamos llegado por primera vez a Manhattan, mis primeros amigos en el Instituto, mi primer novio, cada día que pasaba junto a mis padres, las celebraciones, todo, lo recordaba todo. Incluso seguía recordando partes de la exposición que había dado grupalmente una semana antes del desafortunado accidente. Normalmente luego de situaciones como la mía quien estuviese en una postura similar no recordaría absolutamente nada de esos momentos o los previos o simplemente no recordaría absolutamente nada. Pero ¿Quién recordaba todo a excepción de su infancia? ¿Quién?

Pero una tendrá diez, veinte o treinta años y seguirá sin ser inmune ante las lágrimas y súplicas sollozando de su madre. Por ella debía ir a ese lugar y recuperar los recuerdos que consideraba sinceramente irrelevantes. No veía en qué me afectaba haberlos perdido ya que de manera normal había retomado las clases en la universidad una semana después del accidente, con un par de muletas por culpa de la pierna fracturada claro está, pero seguía reconociendo a cada uno de los miembros de la comunidad educativa, recordaba a mis pocos amigos más cercanos, las clases particulares de cocina a las cuáles acudía con mamá y las clases de baile en el taller de arte moderno.
Según yo, todo en mi cabeza seguía en orden, no había cambiado mi intelecto ni mi personalidad.

Pero (siempre hay un pero) existía el pequeño detalle de no recordar nada de lo vivido en mis primeros diez años de vida así que estaba allí, observando por los cristales empapados del auto todo el paisaje húmedo de vegetación y las amplias granjas de Tennessee. Oía a mi madre sorber su nariz ya que llevaba todo el viaje llorando desconsoladamente por todo lo que había ocurrido conmigo. A su lado en el asiento del conductor mi padre demostraba fortaleza y trataba de reconfortarla con sus palabras de aliento y pequeños golpecitos en el hombro. Realmente exageraban y detestaba verlos de esa manera. Así que la solución que había propuesto el doctor debía dar buenos resultados para que todo volviera a la normalidad.

Latidos sincronizados #BMoon18Povești de care să fii obsedat. Descoperă acum