Este año, mi familia y yo, pasaremos nuestras vacaciones de Navidad en Cancún, México. Mis padres y mi hermano pequeño ya están allá desde hace una semana. Yo aún sigo en Nueva York.
Hace unas horas, tuve el último concierto del año de nuestra sinfónica, por lo que no pude viajar junto con ellos.
Así que, el plan sería el siguiente... Me quedaría hasta después del concierto. A la salida, iría directo al aeropuerto. Volaría durante la noche. Y en la mañana, ya estaría con mi familia.
Se suponía que en estos momentos estuviera volando a su encuentro. Sin embargo, aquí en Nueva York se ha desatado una tormenta de nieve, sin previo aviso. Han cancelado todos los vuelos.
¡TODOS!
Hasta nuevo aviso...
Esto no debería estar sucediendo. La meteoróloga de NBC, dijo esta mañana que el clima de hoy sería estupendo. Sí, ¡estupenda mentira! Jamás volveré a ver su sección en las noticias. ¡Es todo una burla!
Ahora estaré atascada en este aeropuerto hasta quién sabe cuándo. Espero que no sea por mucho tiempo. Me niego a pasar la Noche Buena en este lugar. Mucho menos, la Navidad.
Debo estar mañana mismo en Cancún. Con mis padres. Con mi hermano. Celebrando el día de Navidad.
Me siento en el único lugar que encuentro disponible, en medio de una espantosa cantidad de gente; la mayoría de ellos son niños. Nunca había visto a tantos niños juntos fuera de la escuela primaria.
De hecho, nunca había visto un aeropuerto tan lleno. ¿Será que toda la gente se puso de acuerdo para viajar el mismo día?
Saco mi libro de mi bolso e intento leer algunos capítulos de Muy Profundo. Por supuesto, Liam Russell debía acompañarme en mi viaje. No sé qué pensaba su escritora cuando inventó este personaje, pero cada vez que leo una nueva oración, deseo que este hombre salga del libro y me haga suya una y otra vez.
Me pregunto qué diría Zac Efron si supiera que le soy infiel con un personaje literario.
Espera... ¿en qué diablos estoy pensando? Creo que estoy empezando a tener síntomas de claustrofobia y la desesperación de estar aquí encerrada, con toda esta gente extraña, me está volviendo loca.
Sacudo mi cabeza para alejar esos pensamientos e intento nuevamente concentrarme en la lectura, pero me es imposible. Esta gente está siendo muy ruidosa. En especial, los niños. Unos gritan, otros lloran y otros hacen berrinches y se revuelcan por el suelo. ¡Esto es una locura!
Después de varios intentos fallidos, guardo mi libro y saco mi celular y mis auriculares, en su lugar. Mi primera opción para opacar todo este alboroto es Spotify. De seguro, escuchar algo de música me hará relajar un poco.
Apenas escucho dos canciones y la mitad de otra, cuando siento cómo alguien da unos golpecitos en mi hombro izquierdo. Volteo y veo a una pequeña, con rasgos asiáticos, sentada a mi lado. Sus labios se mueven y sé que me está hablando, pero no puedo escucharla. Aparto mis auriculares.
—Disculpa, ¿qué has dicho?—pregunto.
—Señora, ¿me podría contar un cuento? ¿Por favor?
¿Acaso esta niña acaba de llamarme señora? Por Dios, apenas tengo dieciocho años y aún no me han dado mi primer beso como para ser una señora. Además, tampoco me veo tan mayor.
¡Todavía soy virgen!, quiero gritarle. En su lugar, ruedo los ojos, ignorando el hecho de que me haya llamado señora. ¡Ugh!
—No—respondo tajantemente y me dispongo a ponerme de nuevo mis auriculares.
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Navidad en el aeropuerto
RomanceHa caído una nevada en Nueva York y todos los vuelos han sido cancelados. ¿La única opción? Quedarse encerrados en el aeropuerto. (***) • Todos los derechos reservados © 2016 • Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra. Tampoco se acep...
