Era común que el casino rebosara actividad. El sonido de las fichas, el vocerío y aquel Jazz suave pero animado eran la música del día a día para Dice que, con orgullo, paseaba por la estancia. Algunas veces se unía a alguna partida recién empezada, otras se pasaba por el bar o simplemente estaba allí, deleitándose en cierto modo con aquella imagen. A veces recordaba cómo cambió su vida cuando cierto personaje llegó sin previo aviso a Inkwell. Aquel individuo de afilados cuernos y ojos penetrantes que lo habían atrapado desde el principio. Aquel que se había acercado y lo había hipnotizado con su voz grave hasta tal punto que Dice acabó dándole su preciada alma a cambio de trabajar junto a él.
Una vez se dio cuenta de lo que había hecho, Dice se arrepintió. ¿Qué hacía allí si no tenía ni idea de cartas,fichas,apuestas y que la única relación con aquel ambiente era ese dado que tenía por cabeza?
Los primeros días fueron duros para él. Empezó con un puesto en el "minibar" (Muy,muy "mini" no era), danzando y apuntando pedidos hasta que sus pies acababan doliendo y esperando con desesperación aquellos descansos de media hora que estaban repartidos en su horario. Más de una vez cruzaba palabras con su jefe, que al ver su fortaleza parecía haber tomado algo más de interés en él. Un día se acercó mientras Dice apuraba una taza de café poco antes de empezar su turno. "Te espero en mi oficina en tu próximo descanso" Le había dicho poco antes de desaparecer tal y como había llegado
