¿Que ibas a imaginar que en minutos cambia radicalmente tu vida?
Tan vulnerable de la situación y tanta admiración por aventurar la vida.
Afrontando nos al mundo a nuestra manera, buscando el amor en las calles, imaginando un ambiente que solo Mich...
Era un día común y corriente, un día cualquiera pero bonito, un lugar donde no sabíamos a qué rumbo ir, un ambiente al que nunca había experimentado jamás. Algo que en minutos podía cambiar. Y sin en cambio, fue la admiración y el amor hacia una persona especial, que estaba por comenzar.
Todo empezó con ese día que menos se lo espera, algo que literal le iba cambiar la vida y que no se imaginaria que pasaría.
-¿Oye pero y si no sucede? ¿Qué va pasar después? No quiero correr el riesgo-dijo la pequeña prima que tanto quería.
-Eso es lo de menos, el punto es correr el riesgo ¿no?- comento al final con una gran sonrisa.
Al día siguiente comenzaron con sus labores de día, terminaban y venían de un lado a otro, pero siempre terminaban trabajando en ese restaurante que al final les convenía. Michelle y Ariadna, explorando el mundo, comunicándose con el exterior y aventurar que es lo que el destino les venía encima. Dos chicas normales, pero a veces muy locas. Dos amigas que se apoyaban de cualquier cosa y que a pesar de todo, son primas de su propia sangre. Hermanas, nacidas de otra madre. Terminaban agotadas, pero felices del resultado. Estaban desesperada del lugar indicado para permanecer ahí por una larga temporada, agobiadas buscaban una pequeña ciudad al cual pertenecer ahí. Quizás, solo estaban decididas de que descubrieron lo suficiente para al mundo, que este era su lugar. O tal vez no.
Años anteriores escaparon de su lugar natal, su pueblo en donde nacieron y vivieron la mayor parte de su infancia y adolescencia, necesitaban salir de ahí. De que su vocación es aventurar, algo que su familia no comprendía y que defendían de cada una de su familia. Se fueron con la mejor decisión de vida a pesar de las consecuencias que vendrían. Pero no les importaba. Esa ciudad el cual se enamoraron es un cálido lugar, tranquilo, sin escrúpulos al que enfrentar, demasiados edificios y tráfico de gente al que observar. Cada una de ellas pensaba distinto, a lo que formaba o se fusionaban y se convertían en un gran Dúo.
-¿Que necesitas para que esto funcione realmente? Ósea no entiendo, piensas en lo que sea y te avientas mujer.
-Bueno, esa es mi estrategia para vivir la vida loca- dijo en voz alta en el momento cuando entraban a su departamento.
-Estás loca, que te adoro.- Un pequeño apretón entre sus cuerpos, llenas de felicidad.
La noche les había caído sin permiso, pero satisfechas con el resultado. Trabajando casi a la media noche, no era algo seguro que les convenía a ellas, pero el reto los llevaba hacerlo. Sin importa lo que pasará y si así fuera
En el trascurso de la semana continuaban con sus labores de las chicas, asechándose a lo que se aproximaba. Lo que sea, que fuera no se lo esperaban, tal vez, solo tal vez eso les afectaría a su manera. Ese misma atardecer como normalmente cada noche acostumbran, no se presentó Michelle a lo hora que quedaron. Pasaron mediados de las 10:30 y le estaba empezando a preocupar que algo malo le pudo a ver sucedido. Sola en aquel callejón, pudo mantenerse en peligro en cualquier instante. No sabía qué hacer, impaciente caminaba de un lado a otro y observaba hacia el cielo, con esa expresión que ponía a su prima, que va su hermana que era todo lo que tenía. No sabía que pensar, solo le pedía a Dios que la protegiera que esa loca que tanto quiere no le haya sucedido nada, así trascurría el tiempo y no sabía como reaccionar, pensando que en el cualquier momento llegaría corriendo pidiéndole perdón.
Estaba así de echarse a llorar en el suelo, desesperada intentando pensar con la mente fría pero le invadían los recuerdos y se ponía angustiada. Siguió así hasta que no pudo seguir con la angustia y decidió ir a buscarla, que por muy estúpida que es, no pensó en hacerlo antes.
Necesitaba encontrar respuestas, algo lógico a que le pudo a ver sucedido. No tenía muchas amistades, solo contaba con ella y sus compañeras de apartamento pero no les hablaba mucho como Ariadna, siguió caminando en las oscuras calles de Phoenix. De pronto vio una silueta al final de la calle principal, susurro en su mente que se trataba de ella, corrió hasta ese punto de la calle. De momento se detuvo. Parálisis de emociones se encontró y se quedó tan sorprendida lo que estaba viendo. No reaccionaba a sí misma, estaba en schook. Era imposible, era el, por supuesto que era el, tan real que se podía desmallar en plena calle, pero su cuerpo no respondía. Procedió a caminar a pasos lentos hacia ellos.
-Ari, ¿Qué sucedió?-dijo en susuró-.No-no, es imposible. ¡Shit, está pasando esto! Realmente lo estoy viendo. ¡Oh! -por dios- tocando su mano en la frente- Pendeja, que gracioso si no me lo estuviera imaginado.
Una pequeña risa sonó de aquel caballero que se encontraba a su lado de Ariadna, ese sonido que le hacía temblar, añorando cada momento que le suplicaba a la vida que pasara. Si, efectivamente, era ese artista que admiraba desde adolescente. Literal, estaba muerta de emociones.
-Tranquila Mich, sabía que te pondrías así y te pido perdón por no avisarte, pero ya sabes por qué-dijo con una gran sonrisa-.
Era real, realmente no era un sueño que estaba asimilando. Tenía que tocarlo para sentirlo y creer que estaba parado hacia el hombre de su vida,al que siempre quiso que fuera su chico ideal, pero aceptaba que no lo iba suceder jamás.
-Sisi, sabes qué. N-no importa, que m-me preocupe y bueno. ¡Dios, está pasando esto!
-Mucho gusto soy Niall Horan-. Le extendió la mano mientras la observaba como lo acercaba hacia ella. Le dio el apretón y sonrió como jamás había sonreído en la vida.
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