Cinco años antes...
Aplico el labial rojo carmesí en mis labios no tan gruesos, al terminar de aplicarlo automáticamente estoy lista para salir de mi habitación.
Al bajar ya las escaleras, observo el gran cuadro que cuelga de la pared con la más reciente foto familiar tomada. Mi padre, mi madre mostrando una pequeña, pero notoria barriga de embarazo, eso fue una noticia muy inesperada, mis dos hermanos y yo, la del medio. Hasta el momento la única hija mujer, sigo observando las fotos que están alrededor del gran cuadro, donde hay fotos mías con mi hermano mayor y el menor, otras donde solo mi hermano mayor de bebé que sale con mis padres, mis ojos caen en el reloj dorado que tengo en mi muñeca, faltan diez minutos para la llegada de mi novio.
Camino a la sala de estar, donde supuse que mi madre estaría, al entrar en la sala, estaba en lo correcto. Mi madre estaba sentada en uno de los sofás frente al televisor, este permanecía apagado. Con sus cabellos dorados acompañado de un vestido azul celeste, ajustado en su busto, caía como lluvia hasta sus rodillas, con unas zapatillas de color blanco que jugaba bien con su atuendo de madre embarazada, con una sonrisa bastante amplía, observa a mi hermano, que muy alegremente le explica un tema que habrá dado hoy en el instituto.
Entro colocándome frente mi madre y hermano menor.
—Madre, pequeño Mar —me siento al lado de mi madre tocando su barriga de ocho meses ya, apoyó mi cabeza en su hombro.
—¡Mamá!
Se queja mi hermano. Sus cabellos son rubios oscuro a comparación de mi madre y de mi, sus ojos azules como el mar y rostro con fracciones demasiadas agradable a la visita humana diría yo. Él es un niño amado por todas las chicas, pero él solo se preocupa por sus tareas y ser parte algún día del equipo de fútbol de alguna institución.
—Dile que no me diga Mar, eso suena a niña y a una extensión de cualquier océano.
—Sam... No le digas Mar a tu hermano- regaña mi madre con una sonrisa en su rostro.
La miro con admiración, mamá es el ser que más admiro en la tierra, siempre ha estado para sus hijos, con su amor, ternura, compresión y dándoles la mejor educación que se les puede brindar en casa. Si yo la perdiera alguna vez en mi vida, no sabría cómo llevarla, ¿a quién le pediría consejos? ¿Quién me ayudaría a elegir bien las prendas para ocasiones especiales? ¿Quién me va ayudar el día de mi boda? Aparto todo esos pensamientos de mi cabeza, porque sé que yo no la voy a perder por ahora, para ese momento falta mucho.
Le doy un beso en la panza, donde un nuevo integrante está por llegar. Me pongo de pie mirando mi reflejo en el televisor pantalla plana que está en la pared, acomodo un poco las ondas que me hice en mi cabello no hace mucho, el no es largo, es corto, muy corto, quedando arriba de mis hombros.
Escucho el sonido del claxon del auto de la persona que viene por mí.
—¿Cuándo conoceremos a ese novio tuyo? —pregunta mi hermano con el entre ceño fruncido.
—Mañana —me acerco a él poniendo mis manos en su rostro y me inclino un poco para dejar un beso bastante sonoro en su mejilla, me alejo un poco, miro la marca del labial ahí dejada.-Prepararé una cena para que conozcas a Zaith.
—Yo lo conozco —se burla mi madre de mi hermano, me aproximo a ella y le doy un abrazo y estaba vez me dio ella un beso en la mejilla—. Te cuidas hija.
—Eso es lo que voy hacer mamá- le doy un abrazo más fuerte, ella me lo corresponde—. Te quiero.
—Yo mucho más, mi princesa.
Al despedirme de mi madre y hermano, llegue a salir de la casa donde me encuentro a Martha con unas compras no muy pesadas, ella era nuestra ama de llaves y nana.
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Simples Secretos
Random¿Una muerte? O ¿varias muertes? No sé sabe cuál fue el detonante para una venganza tan bien elaborada que ha surgido a raíz del odio sembrado por el pasado tormentoso. La venganza los está dejando sin salida y sumergidos en un hueco lleno de tristez...
