Siempre me han gustado los cuentos de hadas, las cosas místicas, la magia, todo lo que tenga que ver con la fantasía y algunas personas dicen que no debería ser así porque ya no tengo edad para pensar en esas cosas, pero solo tengo dieciséis años. Vivo con mi abuela Aida, mi tía Stela y mis dos perros, Choco y Late, muy original ¿no? Tenemos una casa muy grande con un enorme jardín y un vivero donde mi abuela se la pasa todo el día, gracias a mi tía es que podemos darnos una buena vida ya que ella gana mucho dinero con sus excelentes novelas, es escritora desde que la conozco. No recuerdo a mis padres, ellos murieron en un accidente cuando tenía un año de edad pero mi abuela dice que eran unas personas muy buenas y cariñosas. Mis vacaciones ya empezaron y solo tengo un mes antes que entre a la universidad es por eso que nos iremos de viaje todo este tiempo para tener otra aventura como cada año.
En la ciudad de Fieldtown las personas son muy amigables y no son muchos los habitantes pero es un lugar muy acogedor y es el que más me gusta de todos los lugares que he conocido. Antes de hacer mi maleta, decidí ir a comprar unas cuerdas para mi guitarra y unos abrigos porque nuestro destino sería un lugar frio o algo así dijo mi abuela. Salí y comencé a pasear por las calles alumbradas de la ciudad, las casas se ven muy hermosas en la noche, pasé por una de mis tiendas favoritas para comprar un abrigo nuevo; luego de comprar uno de color turquesa fui por unas botas nuevas y termine comprando dos porque estaban de oferta, por ultimo fui por un café a una de las cafeterías más concurridas de la ciudad. Entré a Coffitos y pedí lo que siempre pido, un café con mucha crema y me senté en el lugar de siempre al lado de una enorme ventana que da a la calle con la iluminación perfecta para pasar desapercibida. Saqué uno de mis libros favoritos, Cumbres Borrascosas y empecé a leer mientras bebía mi café, al cabo de unos minutos mi celular comenzó a vibrar así que lo saqué de mi bolso y pude ver que era mi tía quien me llamaba. Respondí.
- Lenna, hija ¿Dónde estás?
- Tía estoy tomando un café, estaré en casa en poco tiempo – dije mientras daba un sorbo a mi taza
- De acuerdo, pero quisiera que vayas a comprar algunas cosas para el viaje
- Claro, dime que deseas
Mi tía me dio una pequeña lista de las cosas que necesitaba para el viaje, eran solo tres cosas que debía comprar antes de regresar a casa. Reanudé mi lectura por un rato más hasta que mi café se terminó, ya era hora de irme, guardé el libro en mi bolso y tomé el celular para buscar el lugar que mi tía me indicó en Google Maps pero cuando me paré del asiento algo chocó conmigo he hizo que botara el celular.
- Lo siento – dije como acto reflejo
Me agaché para recoger el celular y pude ver que alguien cogía mi celular, levanté la mirada y me encontré con unos ojos grises acompañado de unas cejas pobladas y hermosas, eran los ojos más grises que haya visto en mi vida, era un gris como la niebla, un gris venenoso, un gris inimaginable, un gris que no traería nada bueno, un gris que inspiraba peligro y algo más, podía ver mi reflejo en ellos, podía ver todo en esos ojos. Tomé mi celular y me paré.
- Siento haberte hecho tirar tu celular – su voz me erizó la piel
- No te preocupes – puse mi mejor sonrisa de lado, demasiado patético
Nos miramos por unos segundos más, pude ver que tenía el cabello negro, era una cabeza más alto que yo y tenía un pequeño arete en la oreja izquierda, en ese momento rompí el contacto de nuestros ojos y volteé a tomar mis cosas, le dediqué una sonrisa más inclinando mi cabeza y caminé a la salida. Cuando ya estaba afuera solté todo el aire que no sabía que estaba aguantando, ¿Qué había pasado ahí? ¿Quién era ese chico? Esta ciudad no es tan grande, debe ser un extranjero porque nunca lo había visto. Traté de apartar esos ojos de mi mente y concentrarme en buscar las cosas que mi tía me había pedido.
Después de una hora llegué a casa con varias bolsas y con unas inmensas ganas de comer.
- Ya estoy en casa – dije mientras dejaba las bolsas en el sillón de la sala
- Mi niña, ya estás aquí – dijo mi abuela mientras bajaba las escaleras
- Si, ya traje lo que mi tía pidió – dije mientras sacaba las compras y en ese momento mi tía apareció
- Lenna, ya estás aquí, muéstrame las cosas por favor
Las tres nos sentamos en el sillón para ver las compras, primero le mostré el abrigo que me pidió para la abuela y ella se lo puso con una enorme sonrisa en el rostro, era uno azul noche que le llega hasta las rodillas y combinaba perfectamente con sus ojos azul oscuro, mi abuela era hermosa y no lo digo porque sea mi abuela sino porque realmente lo era, el cabello blanco le sentaba muy bien y mostraba una perfecta armonía entre sus ojos y su piel blanca. Luego saqué la chalina que mi tía pidió para ella, era color marrón claro con algunas rayas verdes y celestes que combinaban perfecto son su cabello castaña y sus ojos cafés, Stela era una mujer alta y esbelta para su edad, piel blanca, manos suaves y sonrisa hermosa, creo que la sonrisa hermosa es de familia. Después saqué un abrigo más, de color verde oscuro, al comienzo no sabía por qué mi tía pidió que comprara esto pero cuando llamó a Yolanda, nuestra ama de llaves, cocinera, amiga y para mi una tía más, supe que era para ella. Yolanda tiene unos treinta años, es soltera y no se queja de eso, trabaja para nosotras hace ya diez años y es parte de la familia. Yolanda entró a la sala y mi tía le entregó el abrigo para que se lo pusiera, al comienzo se negó pero en sus ojos podía ver la emoción y el agradecimiento enorme.
- Muchísimas gracias señora, me encanta el abrigo – dijo Yola – pero ¿Cuál es la ocasión?
- Bueno, ya sabes que nos vamos de viaje y como todos los años debes ir con nosotras, pero nuestro destino será un lugar frio - dijo mi abuela
- ¿Qué has comprado para ti, Lenna? – preguntó mi tía
- Cierto, no se los he mostrado. Compré un abrigo y unas botas nuevas
- Oh Lenna, ese abrigo es hermoso, además es del mismo color que tus ojos, te queda hermoso – dijo mi abuela, si, mis ojos son turquesa, un turquesa raro pero hermoso
- Nos espera unas vacaciones fenomenales
- Claro que sí – todas sonreímos
Después de cenar, fui directo a mi habitación para colocarle las nuevas cuerdas a mi guitarra. La guitarra era de mi papá según me contó mi abuela, él ama la música así que decidí que aprendería a tocarla. Después de afinar mi guitarra la puse en su estuche y fui a mi balcón y me eché en el sillón para ver las estrellas, al poco rato me dio ganas de tocar así que entré nuevamente y tomé la guitarra, me dirigí al balcón y al momento de sentarme encontré un papel en el sillón. Era un papel doblado a la mitad pero no un papel cualquiera, era de color oscuro, como antiguo; lo tomé y lo abrí.
"Tienes unos ojos maravillosos, espero verlos de nuevo"
Ok, ¿Qué es esto?
Miré a ambos lado pero no había nadie, solo me había ido unos segundos y este papel apareció en mi balcón. Todas las ganas de tocar y estar allí sentada desaparecieron por completo, entré y cerré las puertas del balcón, dejé la guitarra y me eché en la cama.
¿Ojos maravillosos? ¿Verlos de nuevo? Estaba pensando cuando unos ojos grises aparecieron en mi cabeza.
No, no es posible. No puede ser ese chico. Me senté en la cama y miré el balcón, había dejado la hoja en el sillón. Me paré y fui por la hoja, ¿podría ser ese chico el que me haya dejado esta nota? No es posible, solo nos vimos una vez por unos segundos.
Esa noche me quedé en el sillón, con la nota en mis manos, con una gran incertidumbre y la luna llena encima de mí.
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Yo, ¿Un hada?
FantasyLenna, un chica como cualquiera descubre que no es una simple humana y que el pasado no es como se lo habían contado. Su vida dará un giro mágico de aventuras para salvar un mundo que ni en sus más locos sueños se había imaginado y averiguar quien e...
