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Hey girl, open the walls, play with your dolls
We'll be a perfect family

Cierro mis cuencas tratando de pensar en otra cosa, en sacar aquellas imágenes de mi mente. Yo te amaba ¿Porque esa forma de rechazarme? Con un simple no bastaba. No hacia falta la humillación pública delante de todos.

Cada paso que daba se sentía más pesado, como si todo el peso del mundo estuviera sobre mis hombros en este momento. No quería hablar con nadie, no quería escuchar las burlas de los demás, ni quería algún consejo de mis "queridos" hermanos.

Un sollozo escapó de mi boca sin que pudiera contenerlo. Y allí en el mismo lugar que nos conocimos yo caí desecho. Mis falanges se clavaron con fuerza en mis brazos empezando a rasguñarme, era un hábito con el cual debía parar y lo sabía, pero mi alivio mental era más que las tontas normas impuestas por esta sociedad.

¿Me lastimo a mi mismo para llamar la atención? Claro que no. Lo hago porque así puedo encontrar un consuelo temporal, cambiar el dolor mental por uno físico. Asique me seguiré rasguñando, aunque aquel líquido rojizo se deslice por mis brazos hasta acabar en el suelo.

No se cuanto tiempo estuve así, liberando mi dolor en mí para no hacerlo en los demás. Pero cuando levante la mirada, el sol ya se había ocultado.

Asustado emprendí viaje, tras vendar torpemente mis muñecas. Miedo. Pánico. Se estaba haciendo tarde. Era tarde. Era tan mal hijo, igual a su madre.

Tomando torpemente las llaves entre mis manos abrí la puerta con cuidado de no hacer ruido, por dentro rogaba que mi padre no estuviera presente.

Después de unos minutos de haber entrado a la casa ya tuve la confianza de subir al piso superior, tras revisar todos los cuartos por fin soltó un suspiro de alivio. Parecía que su padre nuevamente se había "olvidado" de ir a visitarles.

Quizás para otros esto pueda sonar raro, pero el prefería que su padre jamás volviera a casa tras su "trabajo". Lo prefería afuera, lo más lejos de ellos tres que pudiera. Se lo había prometido a su madre después de todo.

El protegería a sus hermanos aún a costa de su vida.

Ese fue el juramento que pronunció en aquella noche fatal, donde los iris de su madre perdieron por completo su brillo. Y con sus últimas fuerzas se aferró a ellos.

El sería el hermano mayor, el soporte, el padre y la madre para sus hermanos, para su dulce hermana y su querido hermanito.

Sonriendo levemente al pensar en sus dos tesoros abrió con cuidado la puerta de la habitación compartida. Allí acurrucados en la misma cama, se encontraban sus pequeños.

A paso lento y silencioso se paró al lado de la cama para arrodillarse con cuidado de que la madera del piso no hiciera ruido.

Una caricia y un beso de buenas noches se les fue entregado a los dos bellos durmientes, para así finalmente sucumbir ante el cansancio de tan horrible día con la cabeza apoyada en las sábanas de la cama.

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⏰ Last updated: Nov 09, 2017 ⏰

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