PRODIGIA

6 0 0
                                        

Imagina qué hubiera pasado si la antigua civilización griega, al resurgir después de la caída del Imperio Romano, hubiera avanzado durante muchas más generaciones, expandiéndose por todo el mundo, con una forma de verlo similar a las concepciones presocráticas, en conjunto con las visiones de grandes filósofos como Platón y sus discípulos, para así formar un estilo de vida único. Imagina una sociedad ideal que, si bien no ha alcanzado la utópica perfección, sí alcanzó la plenitud. Imagina un mundo tan distinto que no utilizara la ciencia ni la religión como se las conocen, simplemente porque no las necesita. Uno basado en la razón, en el conocimiento filosófico como forma de vida, en la historia y en la economía; que cultiva el saber común gracias a ramas como la Cosmología y la Metafísica.

En un mundo así, en el que las ciudades-estado griegas renacieron para después nutrirse de un movimiento filosófico que cambió toda perspectiva, cada sociedad se diferenció con sus motivos e ideales en cuanto al propósito del hombre en el mundo, formándose adversidades de todo tipo. Algunas, como Atenas, rozaron el desastre, mientras otras, como Prodigia, la perfección.

La Ciudad de Prodigia, ubicada en una pacífica isla en medio de un archipiélago en el mar Jónico, era admirable por sus avances y por su postura, con una historia de casi ochocientos años. La isla se dividía, a simple vista, entre la zona urbana en la llanura al este y las montañas al oeste, acompañadas por grandes escarpados y manantiales. Sus avenidas estaban perfectamente adornadas con adoquines de piedra y estaban acompañadas por una arquitectura de orden jónico, única en el mundo. Sus construcciones no eran ni muy ostentosas ni precarias y suponían la envidia o la adoración de cualquier transeúnte extranjero. Sus tranquilas calles, no tan transitadas, estaban ordenadas en un plano radioconcéntrico; todas las avenidas permitían una fácil circulación desde o hacia la torre del Consejo, una construcción cilíndrica de veinte metros de altura a base de piedra caliza y mármol. Su economía, basada en la pesca y el comercio, era regulada de la mejor forma, por sabios y racionales miembros del Consejo que, junto a otras instituciones, motivaban el avance mediante el cuestionamiento ante todas las cosas.

El ciudadano prodigio, con una expectativa de vida más alta que la media, llegaba a ciento diez años en promedio. Enfermedades degenerativas como el cáncer, relacionadas con la larga edad de muchos habitantes, eran muy comunes. Sin embargo, no había nada en Prodigia que no pudiera ser combatido por los avances de los hipocráticos que seguían las prácticas e ideas del famoso médico griego. Una parte de los prodigios, además, se instruía durante gran parte de su vida para lograr ser parte del Consejo, en el cual cuatrocientos de los trece mil habitantes podían participar libremente.

En toda la extensión de un mundo tan especial como el que residía en Prodigia, la ciudad que buscaba la verdad, no solo había personas que se dedicaban a resolver todo tipo de problemas. En una realidad tan impredecible y única, la existencia de los Centum, personas excepcionales que manifestaban habilidades inhumanas, era conocida por todos por lo que eran incluidos de diferentes formas en las sociedades por sus capacidades.

Un Centum, que podía manifestar habilidades inhumanas en su juventud, era capaz de hacer cosas que dejarían boquiabierto a cualquiera. Sus habilidades, muy fuera de lo común, provenían de algo aún desconocido para los pensadores que teorizaban el funcionamiento de sus mentes con distintas perspectivas. Los dones que brindaba ser uno hacían que el cerebro utilizara todo su potencial concentrado en una sola acción, manifestando así los llamados poderes mentales. Si bien una persona normal utiliza el 100 % de su mente a lo largo del día para múltiples tareas como los movimientos, el uso de la memoria y el lenguaje, un Centum, según expertos en Metafísica, utiliza entre el 90 % y 95 % de su consciencia para orientarlas automáticamente a una sola acción en el momento de usar sus habilidades, originándose así, del total de ese porcentaje, la etimología de esa palabra, el número cien en latín. Mientras una persona normal actuaba y pensaba en diferentes cosas utilizando su mente, un Centum podía orientar todo ese acto y pensamiento a una sola cosa y en un determinado momento, lo que no significaba que este don le otorgara más inteligencia al individuo, sino que le daba, a cambio de una parte de su consciencia en cierto momento, una o más habilidades mentales.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Nov 04, 2017 ⏰

¡Añade esta historia a tu Biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Prodigius: La Batalla Por la Verdad, Capítulo 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora