"Cuando las luces empiezan a subir y el sol comienza a bajar, el día comenzara y la noche terminara, aunque la palabra suene diferente, no siempre quieren decirlo mismo. Aunque la vida no sea como a veces queremos tenemos que vivirla, porque la vida no se detendrá a preguntarte que es lo que quieres, nadie lo ara, tu dolor es tu dolor y nadie lo sentirá con la fuerza que tú lo sientes"
Pronto nos volveremos a ver. Te amo hija.
Cada noche antes de dormir Meridith, leía las únicas palabras escritas por su madre días antes de que muriera. Cada noche lloraba pensando en cómo sería su vida, si aún ella viviera. Era muy pequeña cuando ella murió, recordaba casi nada de aquella vida. Cada noche recostada en el viejo catre miraba el cielo desde la ventana, imaginando que algún día volvería a mirar a su mama. Ya habían pasado 9 años desde entonces, pero aun sentía como si fuera ayer, sus abuelos hace apenas unos años también fallecieron y cada día desde entonces vivía con su tía. Una vida que le recordaba que el tiempo seguía, tal y como lo decía aquel pedazo de papel, ahora tenía 16 y su vida era la misma. Se preguntaba si así terminaría su vida, siempre ayudando a tía Arabela, ¿Cómo podría cambiar todo esto? Era verdad que la vida no se detendría a preguntarle lo que ella quería, a decir verdad, nadie lo aria. Con todo esto en mente se quedó dormida pero no tardo mucho, pues tía Arabela había despertado y gritaba su nombre para que se levantara, tía Arabela siempre le recordaba que, si ella no la hubiera aceptado en su casa, seguro que estaría en la calle o en algún orfanato, no había un lugar más seguro que estando con ella. La chica a esas alturas de su vida creía que debería haber sido así. Tenía 16 años de edad, ¿cómo es que una chica de su edad querría ser ama de casa por siempre? pero tenía que aceptar las reglas, si es que así puede llamarse a las órdenes que realmente eran, ella era como la sirvienta. Al comenzar el día aun antes de que el sol saliera, debía de estar cocinando el desayuno para Robert, el esposo de tía Arabela, un tipo cuarentón, alto de cabello lacio y largo, usaba lentes y vestía traje. Robert, no era una persona mala con ella, era lo contrario a tía Arabela y a su odiosa hija Esther. Solo Roberto era con el que se llevaban mejor con Meridith. Debía de ser todo al revés tía Arabela era hermana de su madre, ella quizá debería de ser diferente.
El día avanzo, como cualquier otro, debía ir al mercado por lo que faltaba en la cocina, tía Arabela le había preparado la lista de lo que necesitaba y tras advertencias de traer lo que ella específicamente quería, Meridith se propuso a partir, era preferible salir de casa de tía Arabela, que seguir escuchándola. "Cristóbal" era el pueblo vecino de la gran ciudad de Tex, y era el más poblado a comparaciones de las otras comunidades vecinas. Rodeado por grandes llanuras de sembradíos, bajo la majestuosa montaña de "Groz" la otra ciudad un poco más alejada que "Tex". La ciudad de "Groz" estaba de otro lado de la montaña y para llegar, había que rodearla pasando por "Tex", un viaje muy largo. Meridith había vivido en "Groz" cuando aún vivían sus abuelos maternos, desde entonces jamás había vuelto. La mayoría de personas preferían ir a "Tex" es por ello que la ciudad crecía más y más, pero aun así está un tanto alejada para ir de compras.
En el camino, Meridith trataba de trenzar su cabello rubio, pero este era muy rebelde y se volvía a desordenar, era tan largo que solo rogaba a dios que no le creciera como a rapuncel, la chica del cuento. Con una sonrisa tras este pensamiento, cruzo la avenida, la combinación de las voces de las personas, el claxon de los autos y el frio de la mañana, le hacía sentir que se asfixiaba. El camino al mercado lo debía de hacer casi diario porque su tía estaba obsesionada en comer verdura y fruta fresca del día, aunque a decir verdad ella dudaba que en el mercado siempre la hubiera. Había un pequeño parque antes de llegar al mercado donde Meridith le gustaba escuchar cantar a las hermosas aves, que revoloteaban entre los árboles. La chica suspiro tranquilamente sentándose en los columpios del parque. Lo hacía diario, los cinco minutos de descanso que siempre tomaba al ir de compras al mercado. – cinco minutos de su vida, ¿qué más podía hacer? había ocasiones que solo deambulaba por el mercado, mirando las cosas nuevas que los vendedores trataban a toda costa de vender sus productos, muchos de ellos tomaban de la mano a la gente que pasaba, poniéndole sus productos en su bolso, asegurando que era un muy bueno y que no se arrepentirían. otros simplemente balbuceaban cosas, y hacían demostraciones con personas que fingían estar asombradas y satisfechas del producto, Meridith se había percatado que eran los mismos cada día, y que lo hacían para atraer clientes. tía Arabela le había encargado miel, eso era cada semana, la miel según tía Arabela, la hacía rejuvenecer, y no podía faltar en la cocina ni en su tocador. en una ocasión compro un frasco de miel a un vendedor de aspecto curioso, alrededor de él volaban algunas abejas y debes en cuando estas hacían malabares y tragaban miel del frasco, -llegven la miel de agbeja reigna- gritaba el hombre con acento extraño, acariciando su mostacho, haciendo reverencias son un tarro de miel en la mano donde las abejas revoloteaban. - hey jogvencita, lleva la miegl de la vigda, tu hergmosura, será porsiegmpre. Vagmos prueba- Meridith, tomo la muestra que el hombre le ofrecía, a tía Arabela le encantaba esa miel, que usaba para mascarilla, pero ella estaba segura que no era miel, pues tenía un aspecto azucarado y granulado, en esa ocasión temía que tía Arabela notara que no era miel y que la hiciera buscar el vendedor para que le regresara el dinero, pero sucedió lo contrario y desde ese momento se volvió su compradora fiel, tía Arabela, en muchas cosas era muy extraña y en esas cosas resultaban ser las peores, Meridith al principio decidía comprar lo que ella consideraba lo mejor, pero últimamente compraba lo peor, para complacerla, de este modo ella no gruñía, aunque fuera extraño.
Con un suspiro se levantó y se dispuso a seguir su trayecto, miro a su alrededor, todo parecía silencioso y sombrío, pero no le dio mucha importancia, los meces de mitad de año siempre eran sombríos y lluviosos, quizá se aproximaba una tormenta, estas se formaban tan rápido que muchas veces mirabas un cielo azul soleado y en cuestiones de minutos se tornaba oscuro. La enorme montaña del pueblo era la que provocaba este clima, en la cima siempre se miraban nubes y en algunas ocasiones estas llovían, aunque hubiera sol. Por lo que para Meridith era muy normal este aspecto que tenía la mañana, ni tan mañana, hoy se le había hecho tarde, por la planicie se miraba el ascendiente sol que se ocultaba tras unos grandes nubarrones que poco a poco se disolvían por el calor. Tomo el bolso de compras, muy ligero por ahora, pero de regreso será muy pesado. Camino unos cuantos pasos cuando miro algo que revoloteo por los árboles del parque, este dejo escapar un chillido y callos en pico al suelo pastoso, la pobre ave seguía revoloteando y chillando débilmente. Meridith corrió a mirar que le había sucedido, amaba las aves y mucho más a las pequeñas que canturreaban en los arboles de su ventana cada mañana. Se acercó asustada, tratando de mirar donde estaba, pero no encontró nada, se arrodillo para mirar en los arbustos cercanos, pero siguió sin encontrar nada. Desconcertada se puso de pie y dio media vuelta para partir, pero un extraño hombre la miraba con malicia, estaba ebrio y tenía una botella en la mano de un líquido viscoso, vestía harapos. Meridith trato de rodearlo y seguir su camino, pero el hombre volvía a taparle el paso, su corazón comenzó a latirle fuertemente avisándole del peligro que se avecinaba.
- Dónde está mi ave jovencita- dijo con una voz ronca y casi inaudible. –Es mi comida. Dijo haciendo énfasis en las ultimas letras, la miraba como si la tuviera oculta entre la ropa mientras se acercaba.
Robert le había enseñado como defenderse si algo así sucedía, la chica había tomado la postura defensiva lista para golpear y correr a pedir ayuda, pero el miedo seguía aumentando y probablemente no podría ni correr.
-No he mirado nada señor, no lo tengo- Le aseguro al hombre que sonreía mostrando los dos únicos dientes que le quedaban.
- ¡Ladrona! -Grito el hombre, acercándose aún más – Sé que lo tienes, donde esta- el hombre metió las manos en su bolso de mandado el cual estaba vacío, se lo arrebato de las manos...
-Le digo que no tengo nada-Meridith le jaloneo el bolso y se dispuso a correr, pero el hombre la tomo por los brazos, ella grito y al mismo tiempo se mezcló con otra voz...
-¡Déjala! Un joven quizá de la misma edad que ella, apareció tras él, lo tomo de los hombros y lo aventó a los arbustos, mientras el hombre dejaba escapar un alarido cuando caía. El también extraño joven le tomo de la mano y salieron corriendo.
Meridith, le seguía latiendo tan fuerte el corazón que sentía que se le saldría del pecho, siguieron corriendo hasta llegar la entrada del mercado. El joven jadeaba sujetándose el brazo izquierdo. Ella lomito detenidamente.
- Gracias – le dijo aun asustada y cansada – ¿estas herido? – le tomo el brazo para examinarlo, pero el muchacho lo aparto de inmediato, la camisa de mangas largas, del lado del brazo que sujetaba, estaba rasgada y manchada de sangre.
- No es nada, solo un rasguño - Dijo jadeando el muchacho, mirándola detenidamente, ella se percató de que sus ojos eran de color verde claro y su cabello quebrado oculto bajo un gorro negro y sucio. – ¿tu estas bien?
- Si – contesto la chica apartando la mirada que por unos segundos se quedó embobada. –Me tengo que ir, tengo que comprar lo que, me tengo que ir... lo siento- balbució, intentando tranquilizarse, estaba nerviosa por lo ocurrido. – Déjame ayudarte, se puede infectar tu brazo.
- Estoy bien, mira, no es nada. – el muchacho retiro su mano del brazo, la camisa estaba rasgada y manchada pero su piel blanca estaba intacta. Meridith no recordaba que el hombre llevara algo más que una botella y que no había forma de que lo hiriera, pero su mano del muchacho estaba manchada de sangre seca. - Creo que no sería buena idea dejarte, te acompañare a tu casa. –Se ofreció, tomando el bolso.
CONTINUARA
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Meridith - Amor Mágico
Adventure"COMO PODER ENTENDER TODO ESTO. COMO SER PARTDE DE ESTA VIDA, SI LA VIDA CADA VEZ QUE ME HACERCO SE ALEJA. NO COMPRENDO EL PROPOCITO DEL AMOR, SI LA SOLEDAD ES TAN OBVIA" 1 Como empezar a contar esta historia, quizá desde el final "y vivieron felic...
