¿Es posible olvidarse de respirar? Porque la manera en que lo intento no está resultando. Mi mamá me da un ramo de rosas blancas y casi me empuja dentro de la iglesia. Todos giran la cabeza a sincronización, observándome.
Por favor, no te tropieces.
Mi padrastro me besa la mejilla y me toma del brazo para comenzar. Y... lo veo. Luce nervioso, aunque no más que yo. Envuelto en un traje negro con corbatín que me hace sonrojar con fuerza; desvío la mirada al suelo y aprieto el brazo que me encamina. Los pétalos rojos quedan atrás y hago oídos sordos a los tonos del piano. Siento las miradas de todos en mí... en él, en ambos.
Mis amigas permanecen de lado izquierdo con sus bellos vestidos de damas de honor, del lado derecho, su único padrino, con el que prefiero no intercambiar miradas. Los pasos se me hacen eternos, los flashes de las cámaras y las reacciones de los invitados me inquieta. Justo cuando mi pie toca el escalón del altar, ofrece su mano temblorosa que tomo sin verlo. Papá me deja ir.
Creo escuchar un elogio de su parte, sonrío. Siento sus dedos presionar mi barbilla para levantar mi mirada, toda inseguridad desaparece. Es feliz, aún su mano está entrelazada con la mía, le doy un apretón.
― Sí que estás preciosa. ―dice pretendiendo hablar bajo... no lo hace.
El padre carraspea a lo que los invitados ríen.
―No puede negarlo... ―mi pronto esposo se encoge de hombros.
El padre le da la razón, me siento así: preciosa. Con el vestido de novia, blanco y liso, de tela de encaje por los hombros y pequeñas piedras violetas que rodean mi cintura. Inicia la ceremonia y no sé qué hacer ni dónde mirar. Vuelve a apretar mi mano llamando mi atención; ya no está nervioso, mientras que yo... al borde de un desmayo.
―Estamos aquí reunidos para unir en santo matrimonio a Mason y Camila...
No sudes. Por favor. ¿O es su sudor? ¡Dios! Ahgr, acabo de tomar el nombre de Dios en vano... ¡En una iglesia!
―...Sí quiero. ―responde Mason con firmeza.
¿Qué?
―Camila ―continúa el padre― ¿recibe usted a este hombre para ser su esposo, para vivir juntos en matrimonio, para amarlo, honrarlo, consolarlo y cuidarlo, en salud y la enfermedad, guardándole fidelidad, durante el tiempo en que duren sus vidas?
―Ya eso lo hago ―digo y todos ríen.
―Eso es cierto ―dice Mason lanzando una risa nerviosa.
―Si quiero. ―respondo y su pecho desciende de alivio.
―Si hubiera alguna persona aquí que pueda mostrar una causa justa por la cual ellos no deberían ser unidos en este sagrado matrimonio, hable ahora por favor o calle...
Las puertas de la iglesia se abren abruptamente, el estruendo interrumpe al padre, acompañado de una voz angustiada...
― ¡No voy a callarme, un coño qué para siempre! ―los jadeos le siguen.
Frunzo el ceño y miro a mis familiares y damas que no entienden nada. Yo menos. Mason se encuentra igual, nuestras manos rompen su unión y le pregunto si la conoce, lo niega. Sus ojos contienen el pánico y la chica comienza a avanzar dentro de la iglesia.
―Ese hombre allí en el altar, no se casará con esa idiota. ―Inmediatamente doy un paso hacia atrás.
¿Qué está sucediendo?
―No cuando tendrá un hijo conmigo.
¿Qué?
Comienza a luchar con el bolso que trae y saca un folder dónde asegura que están las pruebas. Mason tiene sus ojos abiertos y agita su cabeza negándolo todo, las palabras no me salen de la boca, los invitados mantienen sus ojos esperando mi reacción. Mi padre se levanta y del lado de Mason, su padre igual.
Siento los dedos de Erika sujetar mi brazo, halándome para atrás, mientras que Isabela se adelanta y golpea a Mason en la mejilla.
―NO GOLPEES A MI HOMBRE PERRA ―le dice la chica a mi dama de honor.
¿Su hombre?
Erika e Isabela comienzan a encaminarme a las habitaciones detrás de la iglesia; Mason grita mi nombre. No puedo. Las hago soltarme y lo enfrento.
― ¿Cómo pudiste? ―mi vista se nubla.
―Te juro que no es cierto Cami...
― Lo es, Cami ―grita la chica que mi padre y el padre de Mason sacan de la iglesia.
―Eres un imbécil
Dejo a las chicas llevarme atrás, Isabela gritando maldiciones y a Erika intentado consolarme, escondo mi rostro confiando en que no harán que tropiece con este vestido. Cierran la puerta.
―No puedo creerlo ―dice Erika al entrar.
― Yo tampoco ―le digo.
Nos miramos una a la otra e Isabela ríe.
―No puedo creer que funcionó.
KAMU SEDANG MEMBACA
¿Cómo llegué aquí?
HumorCamila no estaba pensando correctamente. No. Se dejó llevar. Atenta a que podría besar a Jay, de quien ha estado enamorada, no recuerda que el juego de la botella es un juego de probabilidades. Y más con su suerte, pero las cosas no resultan como qu...
