La noche se cernió sobre Nueva Orleans, gélida y opresiva. En su minúsculo estudio, Elise se acurrucó junto a una taza de café humeante, su mirada clavada en la pantalla que parpadeaba. Esta semana, había una demanda de mil artículos en la editorial. Mil. Los números bailaban ante sus ojos, una danza macabra que la mantenía atada a su silla tanto en el trabajo como en casa, día tras día, noche tras noche. La oscuridad que se cernía sobre la ciudad parecía filtrarse en su alma, intensificando la sensación de soledad y desesperanza que la acompañaba desde hacía tiempo.
Un día en la ciudad, Elise se prepara para ir al trabajo. La lluvia azotaba los adoquines, empapando a los transeúntes que se aglomeraban en torno a un nuevo sacrificio de La Roschelle. Otro nombre se sumaba a la macabra lista, esta vez, un niño. Elise, con una frialdad que la sorprendía a sí misma, se abrió paso entre la multitud. Conocía esta escena, la había vivido demasiadas veces, sentía como si la ciudad entera estuviera bajo una maldición, y ella, era la única capaz de romperla. La periodista, con su mente analítica y su corazón cada vez más endurecido por la violencia, se acercó a la escena del crimen.
Su mirada experta recorrió el cuerpo sin vida, buscando pistas que la llevaran más cerca del asesino. La nota, como siempre, estaba ahí, una macabra firma que desafiaba a la policía y a ella misma. Elise Stark era una periodista exitosa, cada noche de largo trabajo fue beneficiado para ella con artículos jugosos y exitosos. Sin embargo, detrás de su fachada de mujer fuerte y decidida, se escondía una profunda angustia. La obsesión por resolver los crímenes de La Roschelle había consumido su vida, transformándola en una sombra de lo que alguna vez fue. Es hermosa tanto en su físico como en sus emociones y sentimientos, se caracterizaba por ser extrovertida y por sus hermosos ojos morados que hacen juego con su cabello castaño claro. Pero detrás de esa belleza, ardía un fuego oscuro, alimentado por el horror y la desesperación.
Elise estaba fascinada por el artículo de La Roschelle, creía conocer todo sobre el caso, pero ahora, sumergida en la investigación, se sentía cada vez más cerca del asesino. Sus asesinatos, tan elaborados y macabros, serían el titular perfecto para la primera plana del día. Como era de esperar, el jefe Stokes le encargó la tarea. La policía había dejado una montaña de pruebas sobre su escritorio: fotos borrosas, fragmentos de evidencia, pero faltaba algo crucial: la nota. ¿Sería una señal de que La Roschelle había cambiado sus métodos? ¿O acaso tenía un cómplice que se encargaba de borrar sus huellas? Las preguntas atormentaban a Elise, pero no la detuvieron. Tras largas horas de trabajo, finalmente logró armar la historia.
El periódico se publicó y en pocas horas se convirtió en un fenómeno viral. Las calles se vaciaron, la gente se encerró en sus casas, y la ciudad se sumió en el terror. Elise regresó a su hogar, un refugio cada vez más precario. En la puerta, un sobre negro la esperaba. Su corazón se aceleró al ver la R. Con cuidado, abrió la puerta y entró, asegurándose de que todas las ventanas estuvieran cerradas. En el sobre encontró un mensaje escrito en papel ensangrentado: 'You are next :)'. Un escalofrío recorrió su espalda. La Roschelle la había encontrado.
La noche se prolongó en una tortura interminable. Elise, incapaz de conciliar el sueño, se sumergió en un mar de paranoia y pensamientos intrusivos. Cada ruido, cada sombra la ponía en alerta. Al amanecer, la pesadilla se hizo realidad. Un objeto contundente destrozó la ventana, esparciendo vidrios por toda la habitación. Un nuevo sobre, más pesado que el anterior, y una caja que contenía una macabra colección de ojos que la obligaron a enfrentar la realidad: La Roschelle estaba más cerca que nunca. El mensaje, una burla cruel a sus hábitos, la dejó paralizada. ¿Cómo sabía tanto sobre ella? ¿La ha estado observando todo este tiempo? El miedo la paralizó, el café, su único refugio, ya no la calmaba, las ojeras se profundizaban, su belleza se desvanecía, reemplazada por un rostro demacrado y asustado. Solo dos días habían pasado, pero para Elise se habían convertido en una eternidad. ¿Sería este el comienzo de su fin?
Dos días más y la pesadilla continuaba. Los sobres negros se acumulaban sobre la mesa como una macabra colección. El tercero contenía mechones de cabello castaño y una nota que la heló la sangre: "¿Se parece a tu color de cabello? Yo creo que es idéntico. Me gustaría oler tu hermoso cabello".
Un cuarto sobre junto a un paquete, mucho más pequeño, encerraba un par de ojos morados, idénticos a los suyos. "Estos sí son iguales a los tuyos, aunque prefiero más los tuyos", decía la nota. Elise estaba al borde del colapso.
Las alucinaciones se apoderaron de ella, veía la figura de La Roschelle en cada sombra, en cada rincón de su hogar. Sus gritos desgarraban el silencio de la noche: "¡Vete! ¿Qué quieres de mí? Déjame, déjame, déjame!" Se retorcía en el suelo, presa del pánico, mientras la realidad y la ficción se mezclaban en su mente perturbada.
Dado a sus constantes faltas, el teléfono no dejaba de sonar, un constante recordatorio de la vida que estaba dejando atrás. Mensajes de su jefe, de sus amigos, todos preocupados por su ausencia. Y entre ellos, una voz distorsionada que la acosaba: "¿Vas a seguir tirada en el suelo? tomar café no te librará de mi, tarde o temprano serás mía". Desesperada, desconectó todo, pero sabía que eso no la protegería de La Roschelle. La policía no le creería, la tacharían de loca. Aislada y aterrorizada, se sumergió en la oscuridad de internet, buscando cualquier información que pudiera ayudarla a comprender a su perseguidor. ¿Qué pasaría con ella si moría? ¿Se olvidaría el mundo de la exitosa periodista Elise Stark? La desesperanza la consumía.
Elise se perdió en las profundidades de internet, tratando de buscar respuestas que nunca encontraría. La obsesión por La Roschelle había comenzado a consumir su vida, su carrera, su cordura. ¿Habría sido mejor no haberse involucrado nunca? ¿Habría podido escapar de esta pesadilla si no hubiera buscado la fama a través de la tragedia ajena? Mientras los días pasaban, la línea entre realidad y ficción se desvanecía cada vez más. ¿Quién era Elise? ¿La periodista exitosa o la víctima de su propia ambición?
Continuará...
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Insomnio de una periodista
TerrorElise Stark, una periodista cuyo nombre resonaba en los círculos más prestigiosos de Suiza, se había atrevido a desafiar lo incuestionable. Su pluma, afilada como una espada, había desentrañado los secretos más oscuros de "La Roschelle", el asesino...
