Capitulo único

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Sus dientes crecieron, al igual que sus uñas y sus orejas

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Sus dientes crecieron, al igual que sus uñas y sus orejas. Sus facciones fueron cambiando lentamente; sus ojos, marrón oscuro, se comenzaron a hacer de un verde amarillento.

Sonidos extraños salían de su garganta y su vista se tornaba extraña. Sus huesos se rompían y el dolor laceraba todo a su paso.

Gritaba, gemía y lloraba.

Pidiendo una ayuda que jamás llegaría. Rogando por una clemencia que era posible que no se concediera.

Él no soportaba más el dolor. Y ella no podía mirarlo más. Ahí, atrapados, era la presa más indefensa. Él acabaría con ella tarde o temprano.

La rubia comenzó a gritar, a suplicar para que la sacaran de ahí. Pero, si alguien oía, se hacía de oídos sordos.

Su novio agonizaba y, con un grito, cayó al suelo. Rasguñaba el cemento y soltaba gruñidos al aire.

A la chica no le quedaba mucho tiempo. Máximo tendría unos minutos para escapar. Ella no tenía ninguna oportunidad contra él.

El castaño, entre sollozos, susurraba palabras de amor para su amada. Y entre «te amo» y «nunca te olvidaré» le susurraba que lo sentía, que luchara contra lo que estaba a punto de pasar. ¡Le pedía que lo matara si era necesario!

Pero Karen no tenía corazón para matarlo, lo amaba. Pasara lo que pasara, siempre lo amaría. Prefería morir ella.

Él miró por los barrotes que se alzaban en el muro del fondo, la luna estaba rebosante sobre las montañas, brillante y peligrosa. Era luna llena.

Sentía una sed de sangre enorme, tan grande que ansiaba asesinar a la mujer que decía amar. Sentía su corazón palpitar frenéticamente contra su pecho; oía el de ella acelerado de terror. Escuchaba la respiración agitada del amor de su vida, seguido de súplicas para que no la hiriera.

Y ahí, tendido sobre el suelo de cemento de aquél mísero lugar, recordó aquel juramento que prometió honrar. Hizo un trato con la luna, y una persona le advirtió que terminaría arrepentido.

La luna era una gran embustera, a la cual no debía faltarle al respeto. Le juró devoción a cambio de la vida de una mujer. Y también prometió que la amaría para toda la vida.

¡Eso le pasaba por jugar con el destino! El amor por aquella mujer se acabó, aunque la devoción por la luna continuó. Una parte del trato se había roto, y tomando represalias, la luna condenó al muchacho.

Con colmillos, garras y ojos bestiales lo dotó, dándole así un secreto que no podría contarle ni a la mujer que amara.

También lo hizo inmortal, para que su sufrimiento durara eternamente. Tenía un sentido del olfato increíble, aunque eso tuviera sus desventajas también. Tenía un oído superdotado, pero siempre oía lo que no quería. También tenía súper reflejos y una habilidad vehemente de sanar, pero presentaba un gran inconveniente ¿cómo explicaba cada vez que esquivaba un golpe que no debería o sanaba grandes heridas?

AullidosWhere stories live. Discover now