A ella...

120 2 3
                                        


A ella la conocí a principios del año cuando empezó a laborar en el mismo edificio que yo, según mis compañeros la trasladaron desde otra ciudad por algún motivo familiar. No quise seguir indagando, no me importó el motivo, sólo sabía que sus verdes ojos y su radiante rostro habían despertado algo dentro de mí, algo que desde hace muchos años no había sentido.

Desde ese entonces la he mirado desde mi cubículo el cual me da una vista perfecta al cubículo de ella. Creo que ella ya sabía de mi acto bandido, pero al parecer no le dio importancia o tal vez le gustaba que lo hiciera, a pesar de eso hasta el día de hoy no he dejado de pensar en ella, en su belleza, en la intensidad de su mirada.

Anoche, después de una fiesta con todos los compañeros de la oficina, íbamos, ella y yo, camino a mi casa, estábamos tan bien abrigados que el frío no penetró hasta nuestra piel, estábamos algo cansados.

- ¿Qué hora es?, - le pregunté.

- 02:30, - respondió con una hermosa sonrisa.

Estábamos un poco bebidos, pero no lo suficiente para darnos cuenta de que la química que teníamos era real. Sabía que iba a suceder cuando llegáramos a mi casa, lo que ignoraba es que iba a pasar cuando amaneciera, que rumbos tomaríamos. La noche trascurrió y no erré en mi predicción.

- Buenos días, - le dije mientras ella despertaba, - te traje el desayuno.

- ¡Oh! No debiste molestarte, – respondió un poco sonrojada.

Desayunamos los dos, no cruzamos muchas palabras, al mediodía la despedí en la estación del tren, y desde aquel momento sigo pensando en cómo decirle lo que siento por ella, no sé si lo de anoche importó para ella o si cada fin de semana lo hace.

Mañana la veré otra vez en la oficina, quiero decirle, pero no me atrevo, le he dado vueltas al asunto y no llego a ninguna conclusión. Le voy a decir, no... mejor no, esperaré la próxima fiesta, es mejor, así será.    

Amor de oficinaStories to obsess over. Discover now